La banda de pescadores que hace música con molinos caseros
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La banda de pescadores que hace música con molinos caseros

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Desde hace 22 años interpretan música de papayera y vallenatos. Buscan apoyo para ir al Carnaval. 

Desde que los habitantes de Playas Blancas le encontraron otro uso al tradicional molino de granos, más que para moler el maíz de los bollos o arepas que se sirven en el desayuno, sintieron en la vida les cambió y que algo bueno habían inventado.

El molino salió de las cocinas y patios de este pueblo perdido del Caribe colombiano para convertirse en un instrumento musical, con el que se interpretan alegres porros o vallenatos que le ponen sabor a las fiestas en los pueblos del sur del Magdalena.

Playas Blancas está enclavado a orillas de la ciénaga La Rinconada, en jurisdicción del municipio de Guamal y tiene más de 100 años de fundado. Aquí viven unas 400 personas, tiene dos calles destapadas, unas 200 casas, tres tiendas y un billar.

Recibe su nombre por las arenas blancas que deja en verano la ciénaga La Rinconada y que brillan con el sol, que aquí parece que estuviera más cerca de la tierra. Sus habitantes viven de la pesca y la agricultura. Casi no aparece en el mapa.

Fue en este lugar, donde un grupo de pescadores que mataba el aburrimiento, mientras realizaban sus faenas, con el ritmo que le sacaban a las tapas de ollas, tanques o baldes plásticos. Luego encontraron que al molino le podían sacar el sonido metálico como el de las trompetas, y con creatividad y perseverancia comenzaron a tocar la música de las papayeras, que es muy arraigada en esta zona.

“Descubrieron que el molino podía servir para algo más. Vieron que tiene dos orificios grandes y una boquilla, la cual forraron con un papel y comenzaron a soplar como si fuera una trompeta, hasta que le encontraron el sonido”, cuenta el profesor Gualberto Flórez Mendoza, quien es natural de Playas Blancas y es hijo de uno de los músicos.

Pero fue hasta el año 1997 cuando ya el uso de los molinos, como instrumento musical, era algo natural y común en las reuniones de los pescadores del pueblo, cuando los hombres decidieron armar una verdadera agrupación que recogiera esa tradición de sacarle sonidos alegres a esas cajitas de hierro para animar las fiestas, y fue así como nació La Banda de Los Molineros, orgullo de un pueblo y una región golpeada por la violencia de los paramilitares, la guerrilla y la misma corrupción, pero que sigue cantando para olvidar que permanece sumida en el olvido.

“Nos representan en todas partes y muestran nuestra cultura”, dice Enilce una joven de Playas Blancas, que no oculta la admiración que siente por la banda.

Les Luthiers criollos

Como si se tratara del afamado Les Luthiers, el grupo argentino musical-humorístico que crea música con instrumentos informales, utilizando materiales de la vida cotidiana, La Banda Los Molineros también han creado sus propios instrumentos, solo que sin la publicidad de los medios de comunicación, ni presentaciones en grandes teatros o clubes sociales, sino que son anunciados por perifoneo en los festivales o fiestas patronales de pueblos perdidos del norte de Colombia, y cumpleaños de pescadores o campesinos.

El molino Corona, esa máquina fabricada en hierro 'colao' fundido y pulido a excepción del mango del manubrio que está hecho de madera, y que en Colombia lo produce la firma Landers, fundada en 1953 en Medellín, es la base de esta banda musical.

El actual director de la banda es Elfidio Cuevas Cortés, un hombre de 69 años de edad, explica que solo utilizan el cuerpo del molino, es decir le quitan la base, que es lo que más pesa, la tolva, que es la especie de embudo por donde se echa el grano, además del gusano y disco moledor, tuercas, anillos. El manubrio se le deja para que la gente reconozca que se trata de un molino.

Cuevas explica que en orificio donde se ajusta el manubrio, se convierte en la boquilla por donde se sopla. Esta se forra con un papel sedoso y se ajusta con una liga de caucho. Cuenta que utilizan el papel donde viene el pan o las papitas. “La jugadita está en la garganta, desde aquí es donde se le pueden sacar los sonidos que uno quiera”, señala Elfidio, al asegurar que el sonido es similar al de una trompeta.

La banda está integrada por 13 músicos, que se olvidan de los trasmallos, canoas, azadones y machetes para tocar música. Seis tocan los molinos, mientras que la percusión la conforma un bongo, una conga, un redoblante y unos timbales, y el cantante que es la voz principal.

También está Bolívar Rojas, el hombre que de un calabazo saca el sonido de un bombardino, el cual parece un tubo de metal, porque lo pintó de plateado para pareciera una pieza de hierro como el molino.

Entrenan por las noches, en víspera de cualquier presentación o invitación. Luego de terminar sus faenas, dejan sus herramientas de trabajo, cogen los molinos y se encuentran en cualquier patio de la casa para practicar. Por eso no suena desafinados, ni se ven descoordinados.

El mantenimiento de los molinos es muy básico, solo pintura y algo de lija en la boquilla cuando siente que se abre un poco. “Primero se acaba uno ante que este instrumento”, dice Elfidio.

En todos los pueblos de esta región del sur del Magdalena La Banda Los Molineros es conocida. “Tocamos porros o vallenatos, lo que nos pidan, si nos lo sabemos lo tocamos”, comenta Gualberto Flórez, otro de los músicos.

A los carnavales

Durante dos años consecutivos La Banda de Los Molineros estuvo en Barranquilla con el propósito de presentar la riqueza de su cultura y tradición, es la gran vitrina que tiene el Caribe y el país para exponer las manifestaciones culturales y populares en una misma fiesta.

En el 2015 vinieron con el apoyo de la Alcaldía de Guamal, que les contrató un bus para que los llevara y trajera. El compromiso era que mostraran la cultura y tradición del pueblo de Playas Blancas en el Carnaval.

“Fue un viaje de ocho horas, llegamos al sur de Barranquilla donde unos paisanos que nos arrendaron los cuartos, de allí salíamos a presentarnos donde amigos y conocidos del pueblo que viven en Curramba nos llevaran. Fuimos la sensación, mucha gente nos aplaudió, tomaron fotos, entrevistas, y dimos a conocer nuestro pueblo”, recuerda con alegría y algo de nostalgia Elfidio.

En el 2016 estuvieron en actos oficiales del Carnaval como fue la Noche de Tambó, donde se muestra lo mejor de la cumbia en la fiesta, invitados por el Rey Momo, Lisandro Polo, además lograron presentarse en algunas fiestas y reuniones privadas, y en desfiles populares.

Intentaron regresar en el 2018, ya tenían contratos de presentación en siete lugares, pero se registró el atentado a la estación de Policía del barrio San José por parte del Eln que dejó seis uniformados muertos y por lo menos 41 personas heridas. Suspendieron el vieja por temor, pues en el banda hay hombres que rondan los 60 años, algunos con vidas muy sanas y tranquilas, que lo último que desean es tener problemas en tierra ajena.

Este año las cosas están difíciles, no han conseguido el patrocinio para el viaje, puesto que el actual alcalde de Guamal, Elkin Méndez Posteraro, está preso y sindicado por la Fiscalía de tener vínculos con el Clan del Golfo, banda delincuencial dedicada a la extorsión, tráfico de estupefacientes y homicidios selectivos en el sur del Magdalena, Cesar y Bolívar.

La situación mantiene muy tristes a los miembros de la banda que siente que se pierde una gran oportunidad al no presentarse en los carnavales, ya que saben que va desde el Presidente de la República, ministros e importantes empresarios y personalidades del país, que al verlos podrán saber que Playas Blancas existe.

Elfidio, a quien los achaques de salud ya le comienzan a pasar la cuenta de cobro, confiesa que en un rincón de su closet, entre las camisas y pantalones, reposa en estos momentos un estuche de cuero, en cuyo interior está guardado su molino esperando que aparezca un padrino que ayude a la banda con los viáticos para viajar, “estamos listos solo esperamos el milagrito, porque ganas y fuerza no nos faltan para tocar en el Carnaval de Barranquilla”, sostiene el hombre que vive agradecido de aquel día en que en Playas Blancas un grupo de pescadores le encontró otro uso al molino de granos.

Leonardo Herrera Delgans - Corresponsal de EL TIEMPO - Barranquilla.

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