La sal salvó de morir de hambre a un pueblo de pescadores
Galería
Sal 1
Leonardo Herrera / CEET

Para los habitantes de esta zona la sequía es sinónimo de sal, pero no de mala suerte, sino de lo contrario. Debido a la falta de lluvias y las fuertes brisas, la sal brota del suelo en estas tierras.

Sal 2
Leonardo Herrera / CEET

Puebloviejo, municipio ubicado entre la Ciénaga Grande y el mar, y que es atravesado por la vía que comunica a Santa Marta con Barranquilla, es tierra de pescadores, pero el fuerte viento que sopla desde principio de año en la región no los deja que las pequeñas embarcaciones salgan al mar, por lo que hoy muchos permanecen en sus casas esperando que mejore el clima.

Sal 3
Leonardo Herrera / CEET

Hace años de aquí salían unas 27 toneladas de pescado y mariscos, hoy no llegan a las cinco, lo que está generando una verdadera crisis social.

Sal 4
Leonardo Herrera / CEET

Sin embargo, aunque se les cerró la puerta de la pesca, se les abrió la ventana de la sal. Hay una zona baja que en invierno se inunda y en verano por efecto del sol y la brisa el agua se evapora, dejando una charca, en cuyo fondo brota sal marina.

Sal 5
Leonardo Herrera / CEET

Desde las 5 a.m. se ven las personas como sombras escarbando entre el agua, y sacando las manos llenas de sal que cuelan en vasijas plásticas y van depositando en neumáticos para luego amontonarla en la orilla en montículos de hasta un metro de alto.

Sal 6
Leonardo Herrera / CEET

Aquileo Sandoval, de 77 años, un curtido pescador que dice tener el “cuero duro de tanto sol y sal que ha recibido”, asegura que entendió que ya no son los tiempos en los que él salía y traía peces abundantes para vender y comer. Él, como otros pescadores de la región, decidió salir a rebuscarse unos pesos con la cosecha de sal.

Sal 7
Leonardo Herrera / CEET

“La pesca está jodida, y tengo unos pelaítos que mantener”, dice el hombre quien trabaja entre las 5 a.m. y las 9 a.m. cuando el sol comienza a calentar y hace difícil el trabajo. Por cada saco, cuenta Aquileo, les pagan 2.000 pesos, pero ellos deben darle 200 pesos al dueño del terreno, como una especie de impuesto a la explotación del terreno.

Sal 8
Leonardo Herrera / CEET

Los habitantes de Puebloviejo, a pesar de lo complicada que está la labor que más han desempeñado en su historia, no se rinden ante la adversidad. Se lograron sobreponer a la dura situación y encontraron en la sal su mina de oro blanco.

Barranquilla 15 de marzo de 2019 , 07:50 p.m.

La sal salvó de morir de hambre a un pueblo de pescadores

Durante 5 meses la sal llega como una bendición para estas familias de pescadores en Puebloviejo.

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