La ‘guerra’ de los chamos por el rebusque diario

La ‘guerra’ de los chamos por el rebusque diario

Las peleas entre venezolanos y barranquilleros son a diario por la colonización del espacio público.

Venezolanos, jovenes, en rebusque, en Barranquilla

Los buses son los vehículos en los que  inmigrantes venezolanos han buscando la manera de sobrevivir.

Foto:

Vanexa Romero/EL TIEMPO

Por: Leonardo Herrera Delgans
29 de octubre 2018 , 07:49 a.m.

En el Hospital General de Barranquilla permanece bajo observación médica, el venezolano Joaquín Ramón Castillo Obeso, de 29 años, quien fue atacado con un cuchillo por su compatriota Kevin Luis Pérez Delgado, de 33 años, capturado por la Policía.

Castillo recibió puñaladas en el cuello y en una pierna, en desarrollo de una riña con su compatriota registrada en la estación de Transmetro ‘Joaquín Barrios Polo’' del barrio Ciudadela 20 de Julio, sur de Barranquilla.

Ambos se dedican a las ventas ambulantes y se enfrentaron en una feroz pelea, al parecer, por la zona para vender.

Estos hechos se han vuelto recurrentes en las calles de Barranquilla. “Es la misma situación la que los vuelve agresivos; es una pelea por la supervivencia, por la comida de sus familias la que se presentan a diario”, dice José Luis, un venezolano que llegó hace un año a Barranquilla a rebuscarse en las calles.

Muchos chamos están en guerra por la comida, cualquier espacio que logren colonizar es importante para conseguir el sustento de sus familias

Otro venezolano, que trabaja en la calle 72, norte de Barranquilla, en los alrededores del Parque Tomás Suri Salcedo, que pide no ser identificado y asegura tener estudios universitarios pero que por la crisis social, resume esta difícil situación con tristeza y dolor: “Muchos chamos están en guerra por la comida, cualquier espacio que logren colonizar es importante para conseguir el sustento de sus familias y por eso están dispuestos a hacerse matar”, dice.

El hombre aclara que son personas de escasos recursos, bajo nivel de formación académico y que están viviendo una verdadera tragedia, y que no encuentran otra forma de solucionar sus problemas sino es a través de los golpes, como Kevin y a Joaquín.

Otro de sus paisanos, que vende frutas, argumenta que la defensa de territorio es por la supervivencia. “Por eso no puedo dejar que aquí se me ponga otro vendedor de frutas, porque no come él, ni como yo, ni mis hijos y eso no lo voy a permitir”, advierte.

En lo que va corrido de este año, hasta el pasado 23 de octubre, la Policía Metropolitana de Barranquilla había capturado a 371 venezolanos implicados en delitos como hurto, porte ilegal de armas, homicidio, lesiones personales, violaciones a menores de edad, injuria, tráfico de monedas falsificadas, documentos y medicamentos, entre otros.

“A diario son llevados venezolanos, a la UPJ (Unidad de Prevención de Justicia) por diferentes situaciones, que van desde invasión al espacio público hasta riñas callejeras”, dijo un oficial, quien aseguró que hay días en que llevan hasta 100 inmigrantes detenidos por estas perturbaciones.


Peleas con colombianos

Pero las peleas no son solamente entre los venezolanos; a diario también se reportan entre ellos y colombianos. Uno de los oficios más competidos es el de la venta de tinto, en el que colombianos, que tradicionalmente se dedicaban a él, se han sentido desplazados, sobre todo por mujeres de buena presencia física.

“Vea compadre, esta gente llegó y se han apoderado de todo. Al principio le dimos la mano, ahora ellos nos están sacando y dejando sin trabajo”, contó Miguel, un vendedor de tinto nacido en Candelaria (Atlántico), quien asegura que hace un año salía a las 4:00 a.m. con 12 termos y a las 7:00 a.m. ya estaba de regreso. “Ahora son las 10 y si acaso he vendido 5. Por eso solo salgo con 7, esto se puso malo con tanto venezolano”.

Vea compadre, esta gente llegó y se han apoderado de todo. Al principio le dimos la mano, ahora ellos nos están sacando y dejando sin trabajo


En el punto donde se abastece Miguel, una casa en el barrio Las Delicias, trabajaban 65 vendedores de tinto, el 95 por ciento que llegaron de pueblos de la banda oriental del Atlántico, hoy por la gran oferta de café en las calles aquí han quedado 25.

En algunas esquinas de la ciudad, como la de la calle 70 con carrera 43, un punto con mucho movimiento comercial en el norte, ya es claro que los venezolanos tienen el control. Aquí se encuentran vendedores de agua, bebidas energéticas, café, limpiadores de vidrio, y hasta maromeros.

"Somos gente de bien, solo queremos un espacio para trabajar y ganarnos la vida como gente decente. No hemos venido a quitarle el trabajo a nadie”, dijo uno de los jóvenes que trabaja en este punto.

Sin embargo, hay esquinas como de la calle 84 con carrera 51B, donde hay armonía y se ayudan. “Ellos venden mentas, bebidas energizantes y revistas; nosotros frutas, nadie se puede brincar a nadie, o si no hay pelea, y eso es lo que no queremos”, sostiene Javier, un vendedor que lleva más de 15 años en la venta.

Este fue el acuerdo al que no llegaron Kevin Luis y Joaquín Ramón; por ello uno está preso y el otro en el hospital

Leonardo Herrera Delgans
Redactor de EL TIEMPO
Barranquilla

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