El Prado, una joya de 90 años que no se ha dejado vencer

El Prado, una joya de 90 años que no se ha dejado vencer

Esta emblemática edificación de Barranquilla le fue quitada a narcos y estuvo en bancarrota.

El Prado, una joya de 90 años que no se ha dejado vencer

El 12 de marzo de 1982, el Gobierno Nacional erigió al hotel El Prado como monumento del patrimonio arquitectónico y cultural de Colombia.

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Carlos Capella. EL TIEMPO

Por: Leonardo Herrera Delgans
18 de mayo 2020 , 11:56 a.m.

‘Prado es Prado’ es el viejo eslogan que le acuñó un empresario del espectáculo al primer hotel de talla internacional construido en Barranquilla, para hacer alusión a la elegancia y buen gusto del barranquillero y los visitantes, en especial cuando de fiestas de carnaval y eventos sociales se trata.

Pero más allá de esa frase breve de fácil recordación, el hotel El Prado es un nombre que está grabado en la memoria de Barranquilla y su gente porque es una de las evidencias, que aún se mantiene en pie, que tiene esta capital de lo que fue su salto a la modernidad, al buen urbanismo y de los años de prosperidad que vivió.

La historia de este hotel empezó 90 años atrás, en los albores del siglo XX, cuando Barranquilla despuntaba como el polo de desarrollo del país y de todo el Caribe.

La navegación fluvial, la aviación, la radiodifusión y los deportes convirtieron en poco tiempo un caserío de polvorientas calles –de ahí que se le conozca como la Arenosa– en un modelo en Latinoamérica. Empezaba la época de la Puerta de Oro de Colombia.

La idea de construir un moderno hotel para la floreciente Barranquilla del siglo XX fue del estadounidense Karl C. Parrish, el mismo que siete años atrás había iniciado la construcción de la urbanización El Prado, sector en el norte de la ciudad donde se encuentra el hotel y que 100 años después es considerado como una de las joyas arquitectónicas de Barranquilla y el Caribe colombiano.

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Ante el prometedor panorama de la ciudad, que atraía a empresarios y personalidades extranjeras y del interior del país, que querían conocer Barranquilla o venir a hacer negocios, Parrish notó que no había un lugar de clase donde hospedarlos.

Luego de la firma de una sociedad en la que, entre otros, figuraban los Obregón y los De la Rosa, en 1927 se inició la construcción del hotel bajo las órdenes del estadounidense Burdette Higgins.

La obra de corte republicano, neoclásico costó entonces 600.000 pesos. Fue inaugurada el 15 de febrero de 1930 y fue el primer hotel turístico internacional de la ciudad, el cual se convirtió en un sitio de referencia obligatoria.

A la ceremonia de apertura de la lujosa edificación asistieron 124 invitados. Era, decían periódicos de la época, el primer hotel con baño privado y teléfono en cada una de las 40 habitaciones. Además, el primero en tener una piscina semiolímpica. La torre central fue escenario del primer discurso radial transmitido en directo en Colombia (por el presidente Enrique Olaya Herrera).

En su momento, la edificación fue considerada el primer hotel turístico de Latinoamérica y en 1931 apareció en Globe, una de las publicaciones más exclusivas del sector turístico.

Aquí se hospedaron personalidades del mundo de la talla de Greta Garbo, Pelé, Celia Cruz y Carlos Gardel –quien pasó en este hotel la última noche que estuvo con vida–, entre muchos otros.

El 12 de marzo de 1982, el hotel fue erigido como monumento del patrimonio arquitectónico y cultural del país.

Cambió la historia

La historia cambió de rumbo en 1998, cuando entró en proceso de extinción de dominio luego de que sus propietarios lo volvieron centro de operaciones de narcotráfico y lavado de dólares.

El Gobierno ocupó la edificación que pertenecía a la familia Nasser Arana, la cual lo manejaba a través de una firma. El hotel siguió prestando sus servicios.

El inmueble fue entregado en administración a la Corporación Gustavo Matamoros, y de allí pasó a la Dirección Nacional de Estupefacientes (DNE), hasta que llegó al Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, que a través del Fondo Nacional del Turismo (Fontur) inició un largo recorrido para entregarlo en concesión.

Allí comenzó la decadencia de El Prado. De 300 empleados que llegó a tener hace 20 años, en el 2007 se redujo a menos de 100. Fueron los días en que también empezaron los retrasos en el pago de sueldos y prestaciones sociales, servicios y proveedores.

En diciembre del 2011, la DNE lo puso al día con los trabajadores. Sin embargo, las deudas volvieron a asfixiar al hotel. El sindicato denunció que los depositarios anteriores habían dejado deudas en impuestos por 1.000 millones de pesos y eso provocó el embargo de las cuentas.

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A consecuencia de la desidia, la infraestructura comenzó a deteriorarse, se cerraron algunas zonas y habitaciones. Dejó de ser el hotel moderno de tiempos pasados, para convertirse en un cascarón. Como si fuera poco, las grandes empresas e instituciones de la ciudad se fueron con sus eventos a otros sitios.

De regreso a la modernidad

Fontur realizó dos convocatorias para entregarlo en concesión, pero en ambos casos falló el intento. En la tercera, hace cuatro años, se presentó al Consorcio FTP como único proponente y se quedó con la operación del emblemático hotel.

La concesión tiene una vigencia de 30 años y, según Fontur, demanda invertir 21.300 millones
en la restauración, dotación, operación y mantenimiento físico y arquitectónico del hotel.

Los resultados ya están a la vista. La nueva operación ha permitido la reactivación comercial, social y económica del hotel y su recuperación y posicionamiento como ícono de Barranquilla.

“El hotel está hoy ciento por ciento restaurado”, asegura el gerente Alexánder Bayona, quien sostiene que en estos momentos se cuenta con 206 habitaciones disponibles, la piscina, salones sociales, restaurantes y los jardines tropicales.

La edificación tiene habilitada las dos torres, una tradicional de tres pisos, con 86 años de historia, y la ejecutiva, que es un edificio de seis pisos. “Volvió a ser el mismo. Este es el hotel de la ciudad”, enfatiza Bayona, al señalar que la ocupación es permanente.

El hotel El Prado fue designado como la sede de la cumbre del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), evento que se iba a cumplir en febrero y que se aplazó por el coronavirus. “Esperemos que cuando pase esta pandemia podamos reabrir nuestras puertas”, indica el gerente.

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Pero pese a tener sus puertas cerradas en estos momentos, debido al coronavirus, se sigue trabajando en el mantenimiento y cuidado de la infraestructura, puesto que el hotel El Prado será entregado, bajo la modalidad de franquicia, a la cadena hotelera Marriott Internacional Inc. Esta multinacional hotelera, que cuenta con más de 5.500 hoteles y 1,1 millones de habitaciones en todo el mundo, opera y franquicia bajo 19 marcas, y entre esas estará el hotel El Prado, porque como dicen los barranquilleros: ‘Prado es Prado’.

LEONARDO HERRERA DELGANS
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO BARRANQUILLA
Escríbenos a leoher@eltiempo.com
En Twitter:@leoher69

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