El sonido de la flauta de millo que pone a bailar en Carnaval
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El sonido de la flauta de millo que pone a bailar en Carnaval

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Es el instrumento da la línea melódica a la cumbia y de gran parte de la música del Caribe.

Solo en países como Marruecos, Algeria o Egipto, el músico barranquillero Agmeth Torres, mejor conocido como ‘Tato Marenco’, reconoce que ha sentido que el sonido de la flauta de millo ha sido acogido como propio, lo que no le ha ocurrido en ninguna otra parte del mundo, a lo largo de sus múltiples viajes.

Por eso, y por la certeza de que este instrumento hace parte de la familia de los clarinetes, cuyo origen es cercano al norte de África, Torres enfatiza en que para él la flauta de millo no fue creada en Colombia, donde lidera la línea melódica de la cumbia y otros ritmos folclóricos que en cada Carnaval se constituyen en parte vital de la fiesta.

“Ay, al sonar los tambores, esta negra se amaña, al sonar de la caña Van brindando sus amores, es la negra Soledad, la que goza mi cumbia”, entonó el músico para demostrar que es la caña, el millo, el que lleva la batuta en la cumbia instrumental.

“Esa es una canción de los años 40 o 50 y mira que ya da fe del uso de la flauta de millo”, aseveró.

‘Tato’, actual gaitero y millero de La Provincia, la banda que acompaña a Carlos Vives, es el responsable de que en la obra del samario, en canciones como La Bicicleta, se haya escuchado por primera vez el sonido inconfundible de una flauta de millo, cuyo nombre genérico, para los virtuosos, es el pito atravesado.

“Penetrante, así describo el sonido de este clarinete traverso. Tocaba en Marruecos o en Algeria, en Egipto y sentía que el millo era acogido como de ahí. Sigo estudiando su origen y cada vez me convenzo más de que no nació en Colombia y que lo obtuvimos por procesos migratorios distinto a como ocurrió con la gaita, de la que sí se tienen pruebas de que fue creada por los indígenas”, anotó el músico radicado en Miami y que por estos días visita su tierra natal por compromisos en el Carnaval, entre ellos el concierto que Vives ofrecerá tras el acto de coronación de la Reina Carolina Segebre.

De lo que sí está seguro Torres, o ‘Marenco’, es de que la flauta de millo, instrumento que comenzó a hacerse con la caña de millo, luego de carrizo, caña brava y hasta de caña de corozo, con el fin de que fuera más resistente, llegó al Atlántico procedente de Bolívar, en primera medida al municipio de Soledad y a Chorrera, corregimiento de Tubará, también en ese departamento.

Fue en Soledad, tierra de la butifarra, donde la influencia del Carnaval, ahí muy cerca de Barranquilla, incentivó a que aparecieran cada vez más intérpretes de este instrumento, sobre todo aquellos que hicieron parte de la emblemática agrupación la Cumbia Soledeña, una institución musical fundada en 1877 por Desiderio Barceló que recorrió un sinnúmero de países y aún se mantiene viva.

Marenco, de 35 años, insiste en que entre más investiga se encuentra con pistas que le indican que la flauta de millo no es de factura nacional, sin embargo, también más se convence de que su sonido es el sello que siempre distingue a la capital del Atlántico.

“Una amiga antropóloga sostiene que quienes trajeron esa flauta eran nómadas y pudieron irse a un lugar que todavía hoy desconozco. Lo cierto es que en Barranquilla, con el Carnaval y el auge de la Cumbia Soledeña, el instrumento evoluciona en un destino que acoge a un sinnúmero de milleros que se fueron a trabajar en la fiesta encontrando un espacio para plasmar sus obras en grabaciones comerciales que llegaban cada vez a más gente, pero ojo, el folclor no es música solo del Carnaval sino que siempre lo quieren asociar solo a esa fiesta y la verdad es que va más allá de eso”, anotó el músico.

Sensaciones diferentes, a su juicio, no explotadas como se debería, son las que, insiste ‘Tato Marenco’, produce la flauta de millo en aquellos que la escuchan, sin importar la nacionalidad.

Por esa razón, a través de su marca The Millo Player, busca seguir abriéndose paso con el instrumento, como hizo el día que le propuso a Carlos Vives, en un camerino de Los premios Lo Nuestro, en Miami, que era un sonido que sin duda tenía que estar en alguna de sus canciones y, por su puesto, en las voces y estilos universales que más se puedan conquistar.

“Ese instrumento nos hace únicos y el mundo debe escucharlo. En los últimos 20 años he descubierto que cada vez hay más virtuosos, jóvenes que como yo lo hacen mejor y mejor. Creo que la flauta de millo pude convertirse en una carrera para quien se lo proponga”, concluyó ‘Marenco’, quien planea darle forma a un proyecto de comercialización, a gran formato, de ese instrumento.

Lo cierto es que este sábado de Carnaval y hasta el miércoles de ceniza, la flauta de millo les dirá qué hacer al alegre, el llamador, el guache y la tambora. Los irá llevando en cada uno de los grupos folclóricos que se darán cita en el cumbiodromo de la Vía 40 y los demás escenarios dispuestos para la fiesta. El Carnaval, como fiesta que acepta influencias de todo tipo, será una vitrina de muchos ritmos, pero el millo, como siempre, será el gran protagonista.

‘Ramayá, el revolucionario’

El primer contacto que Pedro Agustín Beltrán Castro tuvo con la música fue a la edad de 8 años cuando intentaba construir sus primeras flautas con la hoja que salía en la mata de ahuyama, en su natal Patico, corregimiento de Talaigua Nuevo, en el municipio de Mompox, Bolívar.

Con creatividad, el considerado creador de la cumbia moderna, (así se llamó su agrupación en su era de solista), se las ingeniaba, incluso, para hacerle a ese artesanal instrumento de viento los cuatro huequitos para emular los de la flauta de millo y sacar así melodías de cualquier canción que se escuchara en su pueblo.

“De dónde podía sacar música, sacaba música”, recordó en la comodidad de su casa en el municipio de Malambo, donde reside desde hace algún tiempo.

Transcurría la década de 1930 cuando ‘Ramayá’, como hoy se le conoce, también construía guitarras con tablas y alambres delgados con los que hacía punteos parecidos a los de Los tuertos, una agrupación que visitaba a menudo a Patico, con música de distintas partes. La música le brotaba por los poros a este virtuoso del folclor, a quien mucho no le trasnocha saber de los orígenes del instrumento musical de sus amores. “No, cuando yo me intereso por la música ya la flauta de millo estaba inventada, ya había milleros, pero a mí me apasionó de inmediato”, contó el músico de 89 años.

"Cuando yo me intereso por la música ya la flauta de millo estaba inventada, pero a mí me apasionó de inmediato".

Así comenzó a aprender y a formarse ya con un legado de más de 30 trabajos discográficos, pero lo que a él le llamó la atención de siempre fue el mismo sonido penetrante que describe ‘Marenco’ (quien por edad podría ser su nieto), y a la vez cadencioso y picaresco, que se conseguía con la flauta de millo, ya en tiempos en los que se confeccionaba con carrizo, para preservarla ante la fragilidad de la primera materia prima con la que se conoció.

Recuerda ‘Ramayá’ que de Barro Blanco, una población vecina a Patico, llegaba el ya entonces viejo Gregorio Polo, reconocido millero de la región al que le seguía los pasos. Incluso, cuando ya era un amateur, con las tonadas que sacaba de la flauta que un hermano suyo escondía se robaba los aplausos en la plaza principal.

“Iba creciendo, y aunque no era la gran maravilla, me aplaudían cuando comenzaba a tocar”, rememoró.

Pero fue cuando Pedro Beltrán se internó en Medellín para emprender una carrera militar, por allá cerca de cumplir 30 años, que se consolidó como intérprete de flauta de millo y hacedor de versos que le sirvieron para estrechar relaciones en su paso por el ejército.

“Le sacaba canciones a mis compañeros y superiores, siempre con jocosidad y el estilo que me caracteriza. Allá nacieron muchas de mis canciones hasta que me volví sargento vice primero y ya me salí de esa carrera”, explicó.

‘Ramayá’ regresó a Patico de donde se ‘robo’ una muchacha que se llevó a vivir al municipio de Soledad, en Atlántico, donde su vida estaba por dar un giro insospechado.

Resulta que aunque la fémina fue rescatada por su familia y devuelta a la fuerza a Patico, había llegado el momento de que se iniciara la eclosión de uno de los músicos más virtuosos de Colombia.

Fue entonces cuando se enteró que la Cumbia Soledeña, ya dirigida por el difunto Efraín Mejía Donado, se presentaba todas las semanas en un programa radial en vivo.

“En Soledad terminé encontrando lo que buscaba, y allá me asomaba cada rato con la ilusión de que me dejaran tocar una pieza hasta que se me dio y de ahí en adelante todo fue historia”, relató.

Los cautivó con pocos soplidos a través de su flauta de millo, así como con versos repentistas. El creador de La clavada, el mico ojón, La rebuscona y Dónde estás, entre muchas otras, se incrustó de inmediato en el ADN de la agrupación soledeña encontrando un espacio para demostrar su talento en la meca comercial de la música tradicional colombiana.

Allí grabó por espacio de cinco años consolidando cuatro trabajos de estudio con cumbias hasta que un día se dio cuenta de que quería, como todo artista revolucionario, aportarle su sonido, su toque, un sello particular que lo diferenciara por completo.

Así que un buen día, en 1971, decide renunciar a La Cumbia Soledeña para darle paso a su proyecto personal denominado Pdero Beltrán y su cumbia moderna, un colectivo en el que además de la flauta, el alegre, la tambora el guache y el llamador, ya se podían sentir la incursión de otros sonidos como el del bajo electrónico, las congas, el timbal, y las trompetas de orquesta. Además, Beltrán, además de ser el millero de su agrupación, fue la voz principal y el compositor de la mayoría de sus canciones.

“Me fui a Bogotá, donde se hicieron dos producciones, la primera que todavía es desconocida, la segunda con mejor aceptación, hasta que un día en Magangué (Bolívar) me encontré con Juan Piña, quien era director musical de Codiscos y con él hago mi tercera producción, donde está La clavada, canción de mi autoría, en la que le apuesto al romanticismo en doble sentido”, cuenta Beltrán, para después echarse a reír por el contenido de su canción.

Sobre ‘Ramayá’, el remoquete con el que se le conoce, recordó que corría el año 1975 cuando un fenómeno musical se había tomado buena parte de Europa, había atravesado el océano y aterrizado en las programaciones de los picós del Caribe colombiano y de algunas emisoras locales: se trataba de Afric Simone o Simón el Africano con su canción Ramayá.

Se trata de una canción escrita en una lengua indescifrable que Pedro Beltrán decidió grabar a su estilo, consiguiendo que de inmediato lo bautizaran como Pedro ‘Ramayá’ Beltrán.

“El disco estaba de moda, nosotros la hicimos primero fue en ritmo de guaracha, un son bien rapidito. Entonces el 28 de octubre de ese año me llamaron de Discos Tropical y me dijeron que fuera corriendo, que querían grabar el disco pero en versión de cumbia. Como ellos imprimían ahí mismo al otro día el disco ya estaba a la venta”, recordó Beltrán.

Por herencia de su padre, ‘Ramayá’ también toca la gaita corta, la cual también está en muchas de sus canciones. Sin embargo, la flauta de millo es su compañera fiel, la que le permitió abrirse paso en Barranquilla y aportarle a su folclor.

El cantautor y músico asegura que su raíz es folclórica, pero que siempre está dispuesto a llevar el sonido del millo a donde se lo pidan. En eso coincide con ‘Marenco’, ya que ha sido capaz de trabajar en completa armonía con colectivos actuales como Colectro y Sistema Solar.

“Celebro todo lo que se pueda hacer con la flauta de millo. Lo apoyo porque yo quise traspasar fronteras y hasta a Europa pude llevarla. Estoy convencido de que la flauta no desaparecerá y estará por siempre en el ADN de los colombianos, especialmente de los costeños y los amantes del Carnaval”, concluyó ‘Ramayá’.

ANDRÉS ARTUZ FERNÁNDEZ –REDACTOR DE EL TIEMPO- BARRANQUILLA

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