Los días en los que el mito del caimán se apodera del Carnaval

Los días en los que el mito del caimán se apodera del Carnaval

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Los mitos hacen parte de la celebración barranquillera, y este animal será el protagonista dos días.

Si hay algo que identifica a la gente del Caribe es su lenguaje mágico para contar los mitos y leyendas que hacen parte de su vida. Y un espacio donde reviven algunas de esas historias mágicas es el Carnaval de Barranquilla, que comienza oficialmente este sábado dos de marzo e irá hasta el martes cuatro.

Es la fiesta popular más grande de Colombia, en donde leyendas del caimán son puestas en escenas con toda su tradición, música y danza, y al que se le rendirá homenaje el sábado en la Batalla de Flores, y el domingo.

En el Caribe, durante siglos el caimán ha sido objeto de devoción y hoy encierra baile, arte, música, leyenda y tradición, y enriquece la fiesta currambera, “el gran teatro sin escenario, en el que todos participamos”, como la describe el escritor Tomás Rodríguez para señalar que más allá del jolgorio, en el Carnaval de Barranquilla se hacen evidentes las costumbres de la costeñidad.

El mito

El caimán era un animal respetado en las culturas indígenas. En la costa norte se evidencian rasgos de la cultura anfibia que creó una cosmovisión y elementos de superstición, en especial los que vienen de la parte baja del río Magdalena, con una dinámica carnavalesca muy fuerte.

El sociólogo Édgar Rey Sinning, estudioso del folclor y las tradiciones del Caribe, recuerda que en la mitología de los indios chimilas, asentados en la ribera derecha del río Magdalena, entre los municipios de Tenerife y Plato, el caimán fue de mucho valor para la cultura espiritual.

“Fue un pueblo marcado por el estigma de violento, bárbaro, belicoso y feroz, cuyas expresiones rituales y festivas fueron catalogadas como paganas y antinaturales”, relata Rey.

Con la colonización, muchos indígenas se volvieron campesinos y trajeron algunas de sus formas narrativas, que con el tiempo pasaron a ser leyendas.

El dramaturgo e historiador cienaguero Guillermo Henríquez respalda la leyenda de una práctica ancestral de la región que consistía en festejar cada vez que moría un niño debido a que en muchas ocasiones, el victimario era un caimán. “La tradición nació practicándose gracias a la oralidad y al festejo”, asegura.

"La tradición nació practicándose gracias a la oralidad y al festejo".

La presencia del caimán trasciende a otras subregiones del Caribe, como lo ha registrado el escritor e investigador Clinton Ramírez, al mostrar que la subregión Zenú, la depresión momposina, el bajo Magdalena y la alta Guajira han dado origen a relatos de este animal.

Y destaca leyendas como la del caimán cienaguero, con la tragedia de Tomasita Bojato, la niña devorada por un caimán en la Ciénaga Grande, y la del Hombre Caimán, personaje de Plato, Magdalena, convertido en reptil luego de tomar una pócima entregada por un brujo en la alta Guajira. Estas historias ya hacen parte de la tradición del carnaval.

También hace un recuento del Caimán de Oro en San Andrés de Sotavento, Córdoba, y el mito wayú de Keeralia, en La Guajira, “lagarto habitante de las salinas y que en los atardeceres rojizos de la península persigue, seduce y embaraza a las mujeres, las que, en lugar de dar a luz, explotan, pariendo culebras, iguanas y lagartos”, subraya Ramírez.

Muchos de estos relatos cobran vida todos los años al ser escenificados en el Carnaval de Barranquilla, donde el tributo al caimán es representado en carrozas y danzas.

En la Batalla de Flores ya han salido carrozas como Al Ritmo del Río, del diseñador Elías Tornet, quien recreó la leyenda del Hombre Caimán, y Caimán Quillero, en la que resaltó la figura del caimán que, como todos los años, revive en Barranquilla.

Plato, la cuna del Hombre Caimán

De los 73 años de vida del profesor Édgar Romano, 60 los ha dedicado a personificar la leyenda del Hombre Caimán de su natal Plato, Magdalena, población a orillas del río Magdalena que en diciembre celebra el Festival del Hombre Caimán.

Esta leyenda fue escrita por el desaparecido Virgilio Diffilitto, estudioso de las culturas antiguas que logró conectar con las tradiciones de Plato. “La leyenda nace porque aquí en Plato fueron halladas unas figuras indígenas que eran caimanes con cabezas de hombre”, explica Romano.

Leonardo Herrera Delgans - Corresponsal de EL TIEMPO - Barranquilla.

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