Secciones
Síguenos en:
Las manos que tejen nuevas oportunidades entre rejas en Barranquilla
Artesanas Barranquilla

Aspecto de una de las sesiones de trabajo en el taller de bisutería.

Foto:

Fundación Esperanza

Las manos que tejen nuevas oportunidades entre rejas en Barranquilla

Unas 26 mujeres internas en cárcel El Buen Pastor son beneficiarias de proyecto de resocialización.

“Doy gracias a Dios por estar aquí”, dice la guatemalteca Sucely Ovalle Torres ante la mirada vigilante del comando encargado en la cárcel de mujeres El Buen Pastor, de Barranquilla.

(Lea también: El ataque con chorro de agua del Esmad tiene a Cristian Barrios en UCI)

Es una de las 26 internas beneficiarias de un proyecto de resocialización liderado por la Fundación Esperanza Tejiendo Hilos de Fe y apoyado por la Primera Dama del Distrito, Silvana Puello, con la Secretaría de Gobierno Distrital.

Hace dos años, las frías paredes y los escasos rayos del sol que se colaban por las rendijas de los patios y celdas de este centro de reclusión hacían que el tiempo avanzara a paso de tortuga para Ovalle Torres y otras 101 mujeres que registra el penal.

Hasta que el ambiente opaco fue iluminado por una luz de esperanza, la cual llevó consigo la materia prima, ideas, curso de formación, muranos, colores, mostacilla y un taller de bisutería para diseñar coloridas piezas religiosas, réplicas de monumentos y homenajes a Barranquilla.

“Dejamos por un tiempo de pensar en lo tedioso que podía ser la cárcel, dejamos de sufrir por las necesidades económicas. Te lo digo como extranjera. Si la situación actual de tu país está mal, ahora te puedes imaginar lejos de mi familia, de mi país”, expresa Sucely.

Estos detalles se distribuyen en ferias y países como Honduras y Panamá.

Foto:

Fundación Esperanza

Una amenaza y un viaje

Al mencionar su país fue inevitable para ella recordar lo que la llevó hasta una prisión colombiana: según su relato, miembros de una banda identificaron sus movimientos dentro y fuera de su residencia, y en la portería del colegio de una de sus tres hijas le dejaron un sobre.

“Cuando abro el sobre, eran fotografías de mi hija que había dejado por la mañana en la universidad, despidiéndose de mí, también había un teléfono, una bala y el mensaje: ‘la próxima bala, si no contestaba el teléfono, la iba a encontrar alojada en la frente de María Fernanda’, mi hija”, rememora con serenidad.

Ovalle asegura que fue la manera de presionarla o extorsionarla para traer droga. “A mí me cogen en el aeropuerto de Barranquilla con mi hija, no tenía experiencia en eso”.

De no ser por eso, hoy estarían la docente y psicóloga guatemalteca Sucely Ovalle Torres y su hija María Fernanda en los preparativos de la celebración del Día de la Madre, junto con sus otras dos sucesoras, gozando de la libertad.

Muchas dejaron armas, nuestra mayor arma es el hilo, el nylon, la aguja. Es espectacular lo que podemos hacer con nuestras manos

Desde entonces, la mujer de 38 años y María Fernanda producen en “la empresa Esperanza”, como le llama, ya que cumplen con un horario que va desde las 8:00 a. m. para marcar tarjeta, a las 11:30 a. m. se preparan para almorzar, luego descansar, y entre 2:00 p.m. y 6 p. m. reanudan.

Ganan por producción de obras de arte, como manillas, mosquetones, rosarios, pomos y con eso es suficiente para, no solo cubrir sus necesidades, sino también responder por el sustento a sus hijas en Guatemala, pues su pareja sentimental falleció justo antes de las amenazas.

“Muchas dejaron armas, nuestra mayor arma es el hilo, el nylon, la aguja. Es espectacular lo que podemos hacer con nuestras manos. El tiempo de Dios es perfecto y tuve que venir a Colombia para aprender que no debo preguntar ¿por qué a mí? O ¿por qué estoy aquí?, sino ¿para qué quieres que esté aquí?”, reconoce.

Por eso, insiste en agradecer por estar allí: “Le doy gracias a Dios de estar en este lugar. Hay mucha gente que no entiende, ‘¡¿Cómo vas a dar gracias a Dios de estar en este lugar?!’. Porque este lugar no es como te lo pintan, es como un colegio, como un internado”.

(Le puede interesar: Las Nieves hace un llamado a la paz)

La encargada de enseñar

Entre esos agradecimientos, Sucely menciona a quien le enseñó todo el proceso en el taller. Su nombre es Liliana Reales, oriunda de Cereté (Córdoba), quien ha cumplido tres de los 10 años en El Buen Pastor.

“Es una experiencia muy bonita. Esto antes era un lugar triste, pero este taller nos ayuda a tener la mente ocupada. Trabajamos en equipo, aprendimos a tener paciencia, estoy feliz de haber aprendido y ahora con una responsabilidad”, cuenta Reales.

Por su parte, la directora Ofelia Díaz destaca que todo este proceso hace parte de la construcción de un tejido social, del escrito de la Ley y el cual consiste en la resocialización, pero lamenta la estigmatización a la que se enfrentan.

“Es impresionante ver que la gente no le da el valor que se le debería dar a un preso, son seres humanos que están allí diferentes situaciones y lo que nos debemos preguntar es ¿por qué llegaron allí?”, sostiene Díaz.

Las piezas religiosas y los homenajes a Barranquilla no faltan.

Foto:

Fundación Esperanza

Trabajo con las pospenadas

Otro es el caso de Elizabeth de la Cruz, una joven de 30 años, quien fue interna durante tres años y cuatro meses. Es madre cabeza de familia y considera que este proyecto ha sido “un regalo de Dios”.

“Fácil no es, porque cuando uno no sabe las cosas no son fáciles para uno, pero con la ayuda de las instructoras que llegaban desde afuera poco a poco nos dieron la inducción, fuimos aprendiendo, cogimos la técnica, la práctica y hoy en día se puede decir que se me hace más fácil”, dice.

Desde Malambo (Atlántico), donde vive con sus hijos, recuerda que desde el primer día que recobró su libertad, algunas personas la empezaron a juzgar. Por eso agradece la oportunidad de la Fundación y confiesa que con sus ahorros está construyendo su propia casa.

Según cifras de la dirección creativa de Fundación Esperanza Tejiendo Hilos de Fe, 26 mujeres fijas en el taller de El Buen Pastor y 20 pospenadas.

“La visión de nosotros es trabajar con el ciento por ciento de la población, ya que es una mano de obra calificada. Venimos trabajando con un proyecto de formación inclusiva y transformación social”, indica la directora de la Fundación, Claudia Quintero.

(Le recomendamos: Con correa en mano, madre saca a hijo de marcha en Malambo, Atlántico)

Vendemos una historia de vida, a través del producto

Destaca que el producto estrella son las piezas católicas, con las que han visitado ferias como la de Colombia Moda y el Banquete de la Solidaridad en Barranquilla. Y en la actualidad, se comercializa en Colombia, Estados Unidos, Honduras y Panamá.

“Uno de los momentos difíciles con ellas es que tengan disciplina. Muchas veces no escuchan y empezamos con una metodología, que es el silencio de escucha. Ahora les enseñamos a pescar, no hay pescado para nadie. Y vendemos una historia de vida, a través del producto”, expresa.

Quintero se plantea el reto de ampliar el proyecto a otros centros de reclusión, mientras que el sueño de la guatemalteca Sucely y su hija María Fernanda es “cuando regrese a mi país, llevar esperanza, si la señora Claudia me permite internacionalizar Esperanza”.

Asimismo, visiona su propia fundación con el nombre ‘Sumar’, por las iniciales de su nombre y el de su hija. “Hay que sumar cosas positivas y no negativas, vienen cosas buenas para mí y espero ayudar a la gente de mi país, que también esté privada de la libertad”.

Así, entre mostacillas, colores y entrecruzamiento de hilos pasan los días las pospenadas y las penadas, quienes ahora ven cómo se ilumina el interior de la prisión con la luz, pura luz de esperanza.

Deivis López Ortega
Corresponsal de EL TIEMPO Barranquilla
En Twitter: @DeJhoLopez
Escríbeme a deilop@eltiempo.com

Más contenidos de Colombia:

El corredor humanitario para abastecer de comida a Cali

Las claves del IED Humboldt para ser el mejor colegio del país

Desmienten audio sobre desabastecimiento de productos en Medellín

Sigue bajando para encontrar más contenido

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.