¡Se prepara la flauta de millo!, la reina de los cantares del Carnaval

¡Se prepara la flauta de millo!, la reina de los cantares del Carnaval

En el Caribe la flauta de millo manda la parada, el instrumento congrega a las rueda de cumbia.

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Flauta de Millo en el Carnaval de BarranquillaFlauta de Millo en el Carnaval de Barranquilla
Las historias detrás de la flauta de Millo

Jorge Pérez

Por: Jennifer Cabana
02 de marzo 2019 , 10:58 a.m.

Desde el tradicional Parque Olaya de Barranquilla, al finalizar un ensayo de cumbiamba, Joaquín Pérez Arzuza, haría un anuncio determinante para decenas de cañamilleros en el Carnaval 2019: “El domingo hay luna nueva, voy a cortar carrizo”.

Cumpliendo palabra, el 20 de enero, mientras que varios descansaban del ‘bembé’ de la Lectura del Bando, Joaco, como le llaman sus amigos, preparó una mochila, tomó sus seguetas más afiladas y una camiseta manga larga para protegerse de la piquiña que producen las hojitas de caña brava. Se despidió de su madre, ‘La Niña Luz’, y aseguró su apartamento, frente al Coloso Metropolitano, antes de tomar un taxi rumbo a Usiacurí.

Sería el primer corte del año, y, aunque lleva 18 de sus 38 primaveras elaborando flautas de carrizo, la emoción de ir por aquel tesoro y materia prima era evidente. Nada más y nada menos que la producción de flautas que diferentes bocas entonan en el ‘Cumbiódromo’ de la Vía 40, en la Carrera 44, en la Calle 17 y cualquier esquina con sabor a Carnaval.

Con su sonrisa característica, este músico, compositor y lutier llegó al pueblo verdoso acompañado por el sol de las 10 de la mañana. En una casa grande, sobre una loma, lo esperaba el maestro Wilson Amaranto, folclorista de la ‘Cumbia Sabrosa’ de Usiacurí.

Antes de partir hacia el “pedacito de monte” que Amaranto cuida y cultiva desde hace tres décadas, se tomaron un par de ‘frías’ estos cañamilleros, en aras de celebrar un nuevo encuentro y apaciguar el calor.

Si suena click, click, click están listos, si suena opaco, pop, pop, pop no sirven


A 400 metros de la casa, pasando el cementerio del municipio, bajando un cerrito y subiendo otro, se encuentran las varas de carrizo. Como queriendo tocar el cielo, los tallos se elevan de 3 a 4 metros. Bailan en silencio, al son de una brisa prolongada.

“Está bonito, sequecito”, asegura Amaranto, agregando que el maestro Pedro ‘Ramayá’ Beltrán, el Rey del Millo fue quien le regaló los primeros cogollos de carrizo a su padre para que pudiese hacer flautas.

Las historias detrás de la flauta de Millo

Andrés Miguel Jiménez Robles, ‘El Cangle’, vende flautas de millo.

Foto:

Jorge Pérez

Las historias detrás de la flauta de Millo

Andrés Miguel Jiménez Robles, ‘El Cangle’, vende flautas de millo.

Foto:

Jorge Pérez

Las historias detrás de la flauta de Millo

Andrés Miguel Jiménez Robles, ‘El Cangle’, vende flautas de millo.

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Jorge Pérez


Con el mango de un machete, Joaco golpeó suavemente los tallos. “Si suena click, click, click están listos, si suena opaco, pop, pop, pop no sirven” dijo, en un intento de explicar el sonido que únicamente identifica un experto.

Procedió a sacar una segueta, buscando un corte preciso, cerca al pegue de la planta. Una flauta no debe ser ni muy gruesa ni muy delgada, “uno busca un grosor que se acomode a la boca de uno” precisó. Las mejores varas son lisas, sin ondulaciones ni desviaciones.

En total se llevaron, entre el maestro Amaranto y Joaquín, unos 25 tallos que, con un poco de paciencia y suerte, representarían el doble en cantidad de flautas de millo.

La primera flauta, la de Andrés Jiménez, ‘El Cangle’

Todos los días, a partir de las 7 de la mañana, Andrés Miguel Jiménez Robles, ‘El Cangle’ como lo apodan sus amigos del folclor, sale de su casa en el barrio Mesolandia de Malambo, toma un bus de Coolitoral hacia la 72 y se dispone a caminar las calles de Barranquilla- sin rumbo fijo- para vender, a $5.000 pesos, las flautas de millo que él mismo hace.

A sus 73 ruedas, ya perdió la cuenta de cuántas flautas ha fabricado y mucho menos de cuántas ha vendido. Son ya 63 años en esta labor, desde los 10 empezó su enamoramiento por las flautas cuando cortaba las varitas que encontraba en cualquier monte. “Con una hojita de rasuradora hacía la lengüeta y los huequitos, me corté un poco e’ veces pero aquí estoy”, recuerda con jocosidad.

Andrés es el único que se atreve a ‘patonearse’ todas las esquinas de La Arenosa, acompañando sus pasos con melodías de caña para llamar la atención de transeúntes y hogareños.

Las historias detrás de la flauta de Millo

Joaquín Pérez y Wilson Amaranto fabrican flautas de millo. 

Foto:

Jennifer Cabana

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Joaquín Pérez y Wilson Amaranto fabrican flautas de millo.

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Jennifer Cabana

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Joaquín Pérez y Wilson Amaranto fabrican flautas de millo.

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Jennifer Cabana

Las historias detrás de la flauta de Millo

Joaquín Pérez y Wilson Amaranto fabrican flautas de millo.

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Jennifer Cabana

Fue precisamente por ese sonido que en el 95’ a sus 14 años, Joaquín Pérez adquirió su primera flauta. “Desde mi casa sentí unas notas y me acerqué curioso. ‘¿Señor, eso qué es, le pregunté?’ Y me entregó una flauta”, recuerda el músico. “Solo tenía mil pesos en el momento, me conseguí otros dos y me la dejó en tres mil pesos”, relata.

‘El Cangle’ es el menor de nueve hermanos que conformaban la dinastía de los Jiménez de Soledad, Atlántico. Su hermano mayor, Diofante Jiménez, fue cañamillero insigne de ‘La Cumbia Soledeña’, compositor de ‘La Puya Loca’, entre otros temas. Andrés también hizo parte del grupo en su tercera generación.

En la música y fabricación de instrumentos ‘El Cangle’ encontró su manera de sobrevivir ante la falta de una pensión. Seguramente, sus flautas han sido las primeras de muchos que se han atrevido a interactuar con el místico instrumento.

La flauta no siempre hizo parte del Carnaval

“El Carnaval existe desde hace casi 150 años y en el comienzo la flauta de millo no estaba”, explica Mariano Candela, investigador con énfasis en historiografía de la música del Caribe colombiano.

Agrega que, en sus inicios, la música que más sonaba era la de los gaiteros que venían de zonas rurales del Atlántico y otros departamentos aledaños. La flauta de millo empieza a coger fuerza en el Siglo XX, cuando, inclusive, no existían cañamilleros de Barranquilla sino de pueblos atlanticenses como Baranoa, Caracolí, Chorrera y algunos otros de Bolívar.

“En los años 40s, Discos Fuentes, comienza a grabar grupos folclóricos e inmortaliza en los 50s la música de La Cumbia Soledeña. A comienzos de los años 60, Efraín Mejía, director de la agrupación en aquel entonces, graba varios discos, logrando difundir -de manera masiva- la música de la caña de millo”, acierta Candela.

A comienzos de los años 60, Efraín Mejía, director de la agrupación en aquel entonces, graba varios discos, logrando difundir -de manera masiva- la música de la caña de millo

Empezaron a aparecer más cumbiambas en el Carnaval. Los discos sonaron mucho en la radio y en esa época, el folclor contaba con el apoyo de disqueras multinacionales.

Por su parte, Pedro ‘Ramayá’ Beltrán, graba de forma independiente y se convierte en símbolo del instrumento. Hoy día, a sus 89 años, es la leyenda viviente de la cumbia y la flauta de millo.

‘Las flautas tienen almas’

Bajo la sombra de un palo de mango en un parque de la Ciudadela, Joaco saca su puñado de varas. Con delicadeza, sumada a la seguridad que da la experiencia, empieza a cortar los tramos, a lijar con cuidado la carnosidad del carrizo, a formar una lengüeta, a asegurarla con un cordón de zapato de colegio, y, por último, a formar y perfeccionar los cuatro huecos de la caña.

“Las flautas tienen almas, ninguna es igual a otra. A veces, no todas quedan bien, todo depende del estado de ánimo de quien las hace”, comenta el lutier. A pocos días del Carnaval 2019, fabrica con entusiasmo para los milleros que le han encargado.

Las cañas, extraídas directamente de la Tierra, son transformadas en instrumentos poderosos, únicos e irrepetibles. Cada una quedará en manos de cañamilleros distintos; todos con la responsabilidad de entonar las mejores cumbias, puyas, jalaos y garabatos.

Y es ella, la flauta de millo, la reina de los cantares, la que suena a indígena y a África, a jolgorio y a melancolía, la que es capaz de “levantar a un muerto”, la que dirige, entre tambores y maracas la música y la alegría del Carnaval de Barranquilla.


Sobre el millo y el carrizo

En sus inicios, las flautas eran elaboradas con tallos de millo, carrucha, lata o corozo. Con el pasar del tiempo, los lutieres descubrieron que el carrizo, también de la familia vegetativa de las gramíneas, era mucho más duradero que el delicado millo cuya lengüeta se astillaba con facilidad. Su nombre sonoro igual perduró y por esta razón se le sigue llamando flauta de millo a la caña de carrizo.



Jennifer Cabana
Periodista cultural
Especial para EL TIEMPO

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