La curiosa campaña con la que combaten la vieja plaga de los arroyos

La curiosa campaña con la que combaten la vieja plaga de los arroyos

Triple A busca educar a menores en colegios para evitar que sigan arrojando basuras a desagües.

Basuras

En junio pasado, la alcaldía de Barranquilla reportó que los distintos sucesos llevaron a que de los distintos canales taponados se extrajeran hasta 800 toneladas de basuras.

Foto:

Archivo/EL TIEMPO

Por: Andrés Artuz Fernández 
04 de octubre 2019 , 09:34 p.m.

Cada vez que se forma temporal de lluvia sobre Barranquilla, en la empresa Triple A, que presta el servicio de acueducto, agua y alcantarillado, se sabe que está por llamar el mismísimo alcalde Alejandro Char con el fin de recomendar que se le brinde oportuna reacción al taponamiento de los canales o caños que ocasiona la basura que algunas personas arrojan sin siquiera sonrojarse.

Se trata de una extraña y antigua costumbre en la capital del Atlántico que no ha encontrado contención ni con los mensajes que el mandatario ha hecho a través de sus redes sociales ni con las sanciones que ya son posibles gracias a la aplicación de la Ley 1801 de 2016 del Código de Policía y Convivencia Ciudadana.

Y la preocupación de Char no es para menos, pues en lo que en lo que va de 2019 Triple A ha tenido que suspender en tres ocasiones, de manera preventiva, el bombeo de agua potable hacia Barranquilla y el municipio de Soledad (Atlántico).

La falta de cultura ciudadana, de sensibilidad por el medio ambiente y el aumento vertiginoso de la pobreza junto a los canales, sobre todo por parte de las poblaciones inmigrantes y desplazados, conforman, apenas, la punta del iceberg que propició sucesos como la primera suspensión del servicio en abril pasado, más exactamente el 26, un domingo en horas de la tarde cuando gran cantidad de basura fue a dar al río Magdalena. Con el fin de preservar la calidad de agua la operación se restableció una vez la zona estuvo despejada y no se presentara ningún riesgo para el sistema.

En la bitácora de Triple A reposa, además, que gracias a que una parte de la ciudadanía arroja basuras, pero también todo tipo de artículos como cascarones de neveras, muebles, icopor, colchones, mecedoras y hasta animales muertos, esta emergencia se repitiera el 9 de agosto, lo que llevó a que el bombeo se suspendiera por alrededor de 50 minutos.

Doce días después, el 21, la situación fue similar y ocasionó que la interrupción del servicio fuera ahora por 40 minutos, esa vez, por la presencia de desechos provenientes de tres arroyos: El Salao y Platanal ubicados en el municipio de Soledad y el  Don Juan, en el límite entre Barranquilla y Soledad.

Los más pequeños, la esperanza

La situación se ha vuelto insostenible, más aún con los contantes cambios de clima en Barranquilla y su área metropolitana, en una época en la que las lluvias están a la orden del día. Mientras el distrito gasta 3 mil 500 millones de pesos  en el contrato de maquinaria y personal para sacar basuras de los canales y los caños, (solo en junio pasado se habían recogido 800 toneladas), la Triple A, por su parte, decidió dar un viraje en su estrategia y empezó a enfocarse en educar a los más pequeños de la casa. 

Martín tiene 12 años, y hace parte de las 31 instituciones educativas que han solicitado charlas que sirvan para conocer el correcto manejo de los residuos sólidos.

Este menor, residente en el suroccidente de la ciudad ha aprendido sobre la importancia de hacer un buen manejo de las basuras y hace parte de los 7.773 estudiantes impactados por Triple A a la fecha a través de actividades lúdicas.

"Estas charlas me permitieron entender que esa práctica que nuestros padres nos muestran como normal, es inadecuada", manifestó el preadolescente. 

Triple A le ha apostado, de paso, al Programa 'Mi Colegio Limpio', que tiene como objetivo promover en los estudiantes de secundaria de 60 instituciones educativas de Barranquilla y 20 instituciones de los municipios donde se opera el servicio de aseo (Puerto Colombia, Sabanalarga, Galapa, y los corregimientos Martillo y la Retirada en Ponedera) comportamientos positivos para generar una cultura ciudadana responsable frente al servicio de aseo, con la implementación de Proyectos Ambientales Escolares que fomenten el compromiso personal con el aseo de la ciudad.

Este año, las instituciones educativas inscritas identificaron las problemáticas ambientales en sus entornos como los botaderos a cielo abierto por la inadecuada disposición de residuos sólidos, podas y escombros, las basuras en espacios públicos generadas por vendedores ambulantes, la acumulación de residuos sólidos en parques, bulevares y espacios públicos y por último, pero no menos importante, la contaminación de arroyos, ríos o playas por la inadecuada disposición de residuos sólidos.

En este año, 35 instituciones educativas han participado activamente en jornadas de limpiezas en zonas públicas, parques, bulevares y arroyos. Han hecho parte de la estrategia aproximadamente 955 estudiantes. Adicionalmente, se han realizado jornadas de sensibilización acerca del correcto manejo de los residuos sólidos con las comunidades aledañas a las zonas recuperadas.

'Mi Colegio Limpio', según cifras llevadas por la empresa, ha impactado en lo que va del año a 38 mil 384 estudiantes.

"Actualmente, los niños que participan en 'Mi Colegio Limpio' están recuperando espacios donde no existe una adecuada disposición de los residuos sólidos, algunos colegios han trabajo en conjunto con la comunidad en la limpieza de arroyos cercanos a su institución", explicó la empresa.

Basuras

Triple A le apuesta a la capacitación de los más pequeños de la casa. Por eso, con charlas y campañas en los colegios de la ciudad intenta lograr que no se arrojen basuras a los arroyos.

Foto:

Triple A

'Un arraigo disfuncional'

Para el sociólogo Guillermo Mejía, la práctica de arrojar basuras a los arroyos cuando llueve tiene una doble significación. Por un lado una que la define como "un arraigo disfuncional de la cultura en la medida en que lo marginal de la conciencia ciudadana pareciera contravenir no solo un imperativo de buenas costumbres, sino también desconocer el esfuerzo inmenso de la ciudad por una infraestructura reciente que posibilita el control de los arroyos mediante su canalización".

Por otro lado, para Mejía "sería entendible pero no justificable, un condicionamiento social reactivo si las condiciones reales en el manejo de desechos por parte de la administración, no colmaran las expectativas ciudadanas. Ese hecho es presumible en la Barranquilla de finales de los años 60 y comienzos de los 70 cuando se aprovechaban los aguaceros para verter al arroyo más cercano la basura acumulada".

Pero Esa última premisa en tiempos actuales no es válida ya que el distrito invierte 700.000 millones de pesos en la canalización de 16 kilómetros de 8 arroyos peligrosos, que recorren varios puntos de la ciudad.

Algunos de estos tramos ya fueron entregados: las canalizaciones de los arroyos de las calles 84 y 76, en el norte, cuya funcionalidad se ve, a veces, forzada por la cantidad de hojas y materiales de plástico que tapan las rejillas por donde debe entrar el agua lluvia para que siga su camino hacia los boxculverts subterráneos y de allí al río.

"Hoy el fenómeno es distinto: la ciudad cuenta con un eficiente sistema de recolección de basuras programado en fechas y horarios que permiten a los hogares la entrega oportuna de los remanentes orgánicos o inorgánicos que en hora buena no se acumulan en las casas. Lo cierto es que cuando se hace un mal manejo de las basuras arrojándolas a los causes urbanos provocados por las lluvias, se atenta contra el entorno natural y la ecología humana además de lo poco que representa como conciencia plena de cultura ciudadana".

Mejía agrega que los bienes de consumo del barranquillero han variado y  hoy por ejemplo existe en todos los estratos una alta demanda de productos desechables de un solo uso, sin precaver que finalmente llegaran al mar multiplicando exponencialmente los efectos negativos sobre el planeta.

El Código de Policía lo admite y cuando encontramos a alguien en flagrancia lo tenemos que llevar la Unidad de Reacción Inmediata (URI) de la Fiscalía para que judicialicen a la persona

"Hoy notamos, en ese orden de ideas, cómo proliferan en esas toneladas de basura botellas de plásticos, tapas plásticas, envoltorios de comida, bolsas de plástico de supermercados, miles de colillas de cigarrillos y en nuestro ambiente popular colchones, muebles de madera o plástico, ganchos de ropa, llantas, bacinillas, teteros, y la lista no termina", destacó el experto.

Por último concluye el sociólogo que "el espectáculo deprimente de las calles barranquilleras atestadas de basura luego de un aguacero, amenaza el discurrir socio-económico de la ciudad, entorpece la vida diaria y se yergue como un monumento a la falta de conciencia social que va más allá de lo estético".

Andrea Bruges, coordinadora de proyección social de la Universidad Sergio Arboleda, 
atribuye la práctica de arrojar basuras a las calles mientras llueve a una débil formación desde el hogar, asociada al facilismo cuando se opta por disponer de la basura a través del medio más rápido "que en este caso se constituye en los arroyos.

Bruges respalda al cien por ciento las campañas que viene realizando Triple A, pues es de la firme convicción de que muchas personas desconocen lo que realmente sucede con las basuras arrojadas y qué consecuencias trae para la ciudad y su limpieza a nivel general.

"Y a este último punto se le agrava el hecho de que cuando las personas no sienten la ciudad como suya y no la respetan, el interés por mantener los espacios públicos aptos para el uso de la comunidad es mínimo, haciendo que esa falta de sentido de pertenencia se evidencie en actos como ese", anotó.

Basuras

Arrojar basuras a los arroyos mientras llueve data de las décadas de los años 60 y 70, cuando los deficientes servicios que se prestaban no dejaban más opción.

Foto:

Archivo/EL TIEMPO

Cuando toca sancionar

El problema sigue sin tener un freno real y las capacitaciones de Triple A prometen comenzar a dar resultados a largo plazo, pero la Policía no tiene otro camino que aplicar sanciones a quienes son sorprendidos en flagrancia arrojando basura u otros sólidos a los afluentes de la ciudad. 

Ever González, comandante del Grupo de la Policía Ambiental y Ecología de Barranquilla, destacó que por prácticas de este tipo cada mes se colocan ente 180 y 200 comparendos. 

González tiene en sus registros que por lo menos cuatro personas han sido judicilazadas este año por ser sorprendidas arrojando basuras a los arroyos, dos de ellas en el barrio Rebolo, una en La Victoria, también en el sur y otra en el sector de Urbaplaya. 

"El Código de Policía lo admite y cuando encontramos a alguien en flagrancia lo tenemos que llevar la Unidad de Reacción Inmediata (URI) de la Fiscalía para que judicialicen a la persona", explicó. 

El oficial, sin embargo, destacó que cuando cae un aguacero la movilidad en la ciudad se dificulta y por ende detectar si una persona arroja un colchón desde lo alto de un edificio, por ejemplo, es muy complicado. 

"Hacemos inspecciones y estamos atentos, pero si todo un mundo de personas sale a hacer lo mismo cuando llueve va a ser difícil detectarlo en medio del caos bajo las aguas", insistió, tras explicar que las multas son hasta de 1'200.000 pesos.

El hecho es presumible en la Barranquilla de los años 60 y comienzos de los 70 cuando se aprovechaban los aguaceros para verter al arroyo mas cercano la basura acumulada, pero hoy es otra realudad

Reacción inmediata

Además de la pedagogía Triple A despliega una operación cuantiosa cada vez que la lluvia cae sobre la ciudad. En un evento normal, la empresa envía a las calles a  86 operarios de barrido, 57 en la zona norte, 25 en la sur y 4 en la central. 

Las toneladas de residuos sólidos que se tienen que remover de las 699 rejillas ubicadas en los 67 kilómetros de arroyos de la ciudad, ascienden a las 20 o 30 toneladas por evento. 

"El hábito de algunos ciudadanos de arrojar basuras a los arroyos está afectando el buen funcionamiento de las obras de canalización que se han realizado en la ciudad. En temporada de lluvia, las rejillas de los canales de desagüe de la canalización de los diferentes arroyos de la ciudad de Barranquilla son taponados con los residuos sólidos arrastrados por la corriente de agua, por lo que se hace necesario desplegar un plan de acción desde la Dirección Operativa de Aseo", explicó la empresa.

Por el momento, en las redes sociales la indignación no cesa cada vez que se viraliza, sin importar si es viejo o actual, un video en el que aparecen personas arrojando basuras a los arroyos cuando llueve, pero lo cierto es que el flagelo no parece acabar.

Así las cosas, la esperanza está en las generaciones futuras porque el mal sano arraigo de muchos en Barranquilla y su área metropolitana se sustenta detrás de una tradición que no le trae nada positivo a la ciudad.

ANDRÉS ARTUZ FERNÁNDEZ 
REDACTOR DE EL TIEMPO
BARRANQUILLA

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