La moda brasileña toma un segundo aire: innova y provoca

La moda brasileña toma un segundo aire: innova y provoca

La São Paulo Fashion Week estrena sede y se erige como nuevo laboratorio de ideas para la industria.

La moda brasileña toma un segundo aire

1. Studio Kalline logra darle movimiento y caída al cuero como si fuera una tela. 2. Los trajes de baño son el fuerte de Amir Slama. 3. Muchas referencias africanas tuvo la colección de Fouvry.

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SPFW

Por: Tatiana Escárraga
25 de octubre 2018 , 10:06 p.m.

Empecemos por las cifras: Brasil es el quinto mayor productor textil del planeta. Tiene más de 29.000 empresas en ese sector, que generan 1,4 millones de empleos directos y 8 millones indirectos; la mano de obra es femenina en un 75 por ciento, hay más de 100 escuelas y facultades de moda, y el país es referencia mundial en el diseño de beachwear, jeanswear y homewear.

Nadie duda del peso de Brasil. Pero la grave crisis económica de hace unos años pasó factura y no es fácil recuperar la gloria. Aunque un gigante es un gigante. La tarea está en marcha.

Una muestra metafórica del nuevo aire que está tomando la industria podría ser el cambio de sede de la Semana de la Moda de São Paulo (São Paulo Fashion Week, SPFW), que se ubica en el circuito internacional y pertenece al selecto club de las citas grandes, como Nueva York, París, Milán y Londres.

En su edición 46, más austera, eso sí, se trasladó al emblemático Farol Santander y a Arca, una antigua fábrica, una especie de enorme galpón, un tanto desangelado, que sirvió de escenario para los más de 30 desfiles que se programaron desde el domingo pasado hasta este viernes.

Para Paulo Borges, creador de la SPFW, este cambio supone un “experimento” y un intento por renovar el evento de moda más importante de Brasil. Por eso, aquí hay espacio para proyectos como ‘Estufa’, del cual es curador el propio Borges y que llega a su segunda edición. Esta iniciativa busca darles cabida a nuevas voces del diseño y convertirse en un invernadero de ideas. Se trata de innovar y provocar.

Nada más necesario en los tiempos convulsos que vive Brasil. Por simple casualidad, la Fashion Week coincidió en fechas con la segunda vuelta electoral, que este domingo casi seguramente llevará al poder al exmilitar ultraderechista Jair Bolsonaro.

La moda no necesita a la política, pero la política sí necesita a la moda

Es imposible desmarcarse de un acontecimiento que tiene en vilo a medio planeta. Aquí no se habla de otra cosa. La tensión se puede tocar. Tanto que, incluso, algunos prefieren no mencionar el tema para escapar de la polémica. Borges, por ejemplo.
Aunque no esquivó del todo el asunto, sí optó por lo políticamente correcto: “No pertenezco a ningún partido, y hemos estado aquí hace mucho y con todo tipo de dirigentes. Y seguimos. La moda no necesita a la política, pero la política sí necesita a la moda”, dijo en una charla informal con periodistas.

Incluso, se esperaba una declaración de intenciones en las pasarelas. Pero – al menos en lo que pudimos presenciar– brilló más lo festivo, el colorido y esa querencia por lo tropical. Salvo Ronaldo Fraga, una de las grandes figuras del diseño en Brasil. Fraga elaboró una puesta en escena rompedora que arrancó con un beso gay y siguió con un llamado a la tolerancia entre árabes y judíos. A todos los sentó en un enorme banquete. Y, al final, fue el público el que dio buena cuenta de los platos que se dispusieron sobre la mesa.

Los primeros desfiles de la SPFW fueron más bien fieles a sus creadores, sin demasiados riesgos. Para destacar, Amir Slama y su línea playera para hombre y mujer. Lo mismo que PatBo, una colección veraniega alegre, llena de color y con una fuerte evocación del estilo de la cantante Carmen Miranda. Prendas llenas de personalidad y militantes del ‘chic sin esfuerzo’.

Entre los recién llegados, la propuesta de Top Five, que incluyó a Borana, Karine Fouvry, Led, Vankoke y Studio Kalline, este último con un sensacional trabajo en cuero con caídas que se dirían imposibles y en colores predominantemente vino tinto y verde militar.

Y entre los que no asistieron este año a la SPFW, pero que siguen brillando y empujando la industria brasilera en el exterior, tres nombres: Gig Couture, especializada en tricot, con más de 15 años en la calle y muy fuerte en el mercado francés; Fabiana Milazzo, cada vez más cotizada entre las celebridades de la alfombra roja de Hollywood (su colección Perú es de ensueño) y el grupo Rosset, considerado el mayor grupo textil de América Latina. Vale la pena echarles un vistazo.

TATIANA ESCÁRRAGA- ENVIADA ESPECIAL DE CARRUSEL - São Paulo (Brasil)*
* Invitación de Texbrasil, programa de Internacionalización de la Industria Textil y de la Moda Brasileña

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