‘Gente’ que te lleva al psiquiatra, señales de toxicidad

‘Gente’ que te lleva al psiquiatra, señales de toxicidad

Reconocer personas toxicas no es fácil pero hay que aprender a reconocerlas y saber como actuar 

‘Gente’ que te lleva al psiquiatra, señales de toxicidad
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Ilustración: Fotolia. Edición gráfica: Onca.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
13 de septiembre 2019 , 09:46 p.m.

Las relaciones humanas son complejas. Saber cuando estás causando daño o alguien te lo está causando a ti, puede serlo aún más. No seas la víctima ni la abusadora. Como una caja de chocolates, en las relaciones nunca sabes lo que te va a tocar.

Si por casualidad te tocó uno de esos chocolates amargos que no te gustan y tu vínculo con algún pariente, amigo o colega, no ha sido tan dulce como esperabas, hay maneras de superar la situación, independientemente de en qué lado de la línea te encuentras.

Fase 1: Reconoce el peligro

Estas son señales de que una relación (de cualquier tipo) no va por buen camino.
Las bromas encierran insultos. Una persona que no es capaz de decirte sus críticas de manera directa y sin ofender, usualmente lo hace a través del humor para hacerlas llegar un mayor número de veces disfrazadas. Pon un alto.

Schadenfreude. Es tan malo como suena, un término en alemán que se refiere al sentimiento de alegría que se puede sentir por la infelicidad de otros, incluida la tuya. Si alguien parece extrañamente alegre por la desgracia de otro, aléjate. 

Siempre es la culpa de alguien más. Todos tenemos problemas en la vida, pero si la persona en cuestión te culpa de sus males y se encuentra constantemente en el drama, terminará drenando tu energía. Intenta modificar el contacto. 

Confía en tus instintos. Aléjate de personas que te hacen sentir insegura. No significa que no estés dispuesto a escuchar sus penas o apoyar a tus seres queridos, pero ubica quién lo necesita de verdad.

Fase 2: Control de daños

Para evitar actuar mal con alguien que no te agrada, o peor, ser maltratado por una persona, procura:

No reaccionar en pasado. Una persona pudo haber hecho un comentario inofensivo, pero hizo reacción con todos esos sentimientos guardados que tenías de años anteriores y ¡boom! Explota la bomba. Antes de contestar piensa: ¿estás respondiendo con tu madurez actual y a la discusión del momento, o se trata de un volcán de problemas no resueltos? Si es la segunda, tendrás que solucionarnos por separado.

No juegues a la psicología inversa. El método “voy a portarme fría para que venga a mí” o “voy a dar mis críticas para demostrarle que no me importan las suyas”, no tienen cabida en las relaciones sanas. Ve directo al grano y mantén tus sentimientos lo más simples y claros posibles, intenta ser asertiva, pero no agresiva.

Evita las acusaciones. Si te acercas de esta manera a las personas, vas a desatar su autodefensa. Si necesitas preguntar, afirmar o responder a algo, deja claro que es tu opinión, que no estás juzgando y no generalices. El típico “siempre haces lo mismo” o “no fue como tú lo cuentas”, debe ser cambiado por un “no comparto tu punto de vista” o “yo opino que”.

No asumas que te están criticando. Esta es una de las falsas alarmas más comunes. Si tu jefe te pregunta cuándo vas a salir de vacaciones, no supongas que esté cuestionando tu trabajo y atacándote. Lo mismo sucede con todos los asuntos delicados de tu vida: trabajo, pareja, amistades. Si tú te sientes sensible acerca de un tema y la gente lo saca a flote, es normal creerte bajo ataque, pero lo más probable es que estés reaccionando a tus propios sentimientos, no a los de ellos. 

Acepta tu círculo de influencia. Llevas toda la vida tratando de convencer a tus familiares de que escogiste el emprendimiento correcto, pero ellos no ha renunciado a su sueño de verte trabajando en una empresa. Quieres convencer a tu mejor amiga de ser vegetariana, pero te da un discurso sobre los peligros del brócoli… Acepta cuando tus argumentos no cambiarán sus puntos de vista, si ya sabes que no puedes influir en la opinión de alguien, mejor concéntrate en buscar puntos en común. ¿Para qué pelear por diferencias cuando pueden unirse por similitudes? Tómalo desde este ángulo e intenta bajar la guardia.

Contempla la diversidad. Admira las diferencias entre las personas que te rodean, no intentes comprenderlas. Toma unos minutos para reflexionar en el hecho de que podrías aprender algo de personalidades tan distintas a la tuya.

Las acciones negativas pesan más en el cerebro que las positivas. Está comprobado que un mal momento te puede dejar más impacto que cinco buenos, pues nuestra naturaleza es recordar lo peor. ¿Por qué? Se trata de una cuestión evolutiva, al recordar malas experiencias aprendemos de ellas y reforzamos nuestras posibilidades de supervivencia.

Esto pasa cuando te golpeas con un mueble, tendrás más cuidado cada vez que camines por ahí. Sucede también en la familia, te dijeron algo malo una vez y lo recuerdas siempre. Lucha contra tus instintos e intenta recordar lo bueno, que seguro es más, valora que estás con ellos y aprovecha el momento.

Emociones tóxicas

Otra joya para el corazón de Bernardo Stamateas, autor del fenómeno mundial Gente tóxica. Su propuesta en este libro, entre otras, es otorgarle a cada emoción el verdadero significado que tiene y controlarla no desde afuera, sino desde adentro.

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Foto:

Penguin Randon House

¿Eres lo que ves?

Gracias al cine, vemos espejos que podrían ser didácticos tanto para la víctima como para el victimario. Éxitos de taquilla que nos hacen reír, pero también entrar en conciencia, vale la pena verlos una y otra vez. Y más si te sientes identificada con Jennifer López, en su papel de la pobre nuera o de la ‘monstruosa’ Jane Fonda en Una suegra de cuidado. O con esa madre aterradora que encarna Jennifer Aniston o su ‘hija’ matoneada Danielle Macdonald, en Dumplin. Y, qué tal esa historia de sobresaltos de Carrie Bradshaw y Mr. Big en Sex and the City. Para rematar, la jefe tóxica interpretada por Meryl Streep en El diablo se viste de moda. De ti depende, dominar tu vida.

Penguin Randon House
Foto:

cortesía cinta 'Sex and the city'

Las emociones negativas son más contagiosas que las positivas, según la biofísica Alison Hill, de la Universidad de Harvard. Una persona feliz es capaz de esparcir su felicidad entre un 9 y 11%, pero una triste hasta un 50%.

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Foto:

cortesía cinta 'Dumplin

Los celos también son retóxicos. Habrá personas nuevas que entren en la vida de tus seres queridos, pero ello no quiere decir que te reemplazan. Recuerda que los celos son la raíz de todos los males. No confundas tu lugar.

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