Somos una ciudad de cochinos / Voy y vuelvo

Somos una ciudad de cochinos / Voy y vuelvo

La razón es la indisciplina y la indiferencia a la hora de sacar la basura los días y horas debidos.

Basuras en Bogotá

Quienes ensucian de esta manera la ciudad reflejan el nivel de educación que han recibido y, por ende, el que imparten.

Foto:

Milton Díaz / Archivo EL TIEMPO

10 de diciembre 2017 , 12:43 a.m.

Así nos duela reconocerlo, en pleno siglo XXI seguimos demostrando poco civismo y cultura a la hora de obedecer las normas o, al menos, tener un mínimo de consideración con la ciudad y con nuestro propio vecindario.

Es lo que deja traslucir un informe de este diario acerca de los focos de basura que hemos creado los mismos ciudadanos en todas las localidades de Bogotá. Ya suman 800, y, en vez de decrecer, siguen en aumento. La razón para tanta desidia es la indisciplina, la pereza, la indiferencia, el ‘meimportaunculismo’ a la hora de sacar la basura los días y horas determinados por las normas. Nos da lo mismo si el camión ya pasó o si pasará el día siguiente, la dejamos en una esquina a la que luego se sumarán más vecinos cómplices con sus propios desechos.

Hay personas tan frescas y conchudas que hasta la bolsita con las heces de su mascota la dejan abandonada sobre el césped, el andén o el separador con tal de no caminar hasta la esquina, donde hay una caneca. Hay otros más frescos que se llevan los desperdicios entre el carro y luego los arrojan allá en donde ya se ha creado un muladar para contribuir a la inmundicia.

Los principales promotores de estos focos de contaminación ya se conocen: comercio, restaurantes, oficinas que sacan la basura a deshoras, luego vienen los habitantes de la calle, los perros, los recicladores que hacen con las bolsas un botadero. Pero el problema no es ese, sino la costumbre que luego adopta la gente para seguir vertiendo sus desechos en el mismo lugar. Y así hasta que el problema se vuelve imposible de manejar.

Como relataba hace unos días la gerente de una de estas empresas de aseo, el descaro ciudadano es tal que hasta de los pisos altos arrojan las bolsas para que luego las recoja el escobita. Somos unos frescos, definitivamente.

Parte de responsabilidad les cabe a las mismas empresas de aseo cuando hacen podas y dejan los retos por ahí, a la espera de que pase el camión; pero resulta que ese gesto, que puede no ser malintencionado, termina también patrocinando que allí lleguen después los desperdicios de los malos vecinos. O están aquellos lugares en donde la caneca de basura ya se oxidó y se rompió, pero no se ha reemplazado, otro estímulo para el ‘meimportaunculista’.

Según el mismo informe, más que disminuir, estos sitios han aumentado. Es como un cáncer que se extiende por nuestra ciudad. Y nos ufanamos de ser defensores del medioambiente, de criticar pero no actuar. ¿Cómo es posible que en una sola localidad, Ciudad Bolívar, se haya pasado de 77 de estos focos a 88? ¿O que en San Cristóbal haya pasado de 21 a 45 en seis meses? Una de dos: o empeoró el servicio o el descaro de la gente ya no tiene límites. Y llama también la atención que en Antonio Nariño, Rafael Uribe, Usme, Kennedy o Bosa se mantengan los mismos focos (entre 30 y 40), como quien dice, se convirtieron en botaderos ‘normales’.

Dan risa, como lo advertí aquí, las sanciones que estipula el Código de Policía para estos casos, multas y demás, cuando lo que muestra la evidencia es que nos importa cinco porque sabemos de antemano que no pasará nada. Se sabía, pues el problema no es de multas, es de educación, de cultura, de casa. Quienes ensucian de esta manera la ciudad reflejan el nivel de educación que han recibido y, por ende, el que imparten.

Es de esperar que la nueva licitación incluya un gran capítulo de pedagogía ciudadana, a ver si los avivatos dejan de creerse el cuento de que nadie los está viendo.

A propósito. Que venga la revocatoria, para que la gente decida si quiere un alcalde efectivo pero impopular o uno simpático pero ladrón o uno impopular pero populista.

ERNESTO CORTES FIERRO
Editor Jefe EL TIEMPO
erncor@eltiempo.com
En Twitter: @ernestocortes28

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