La rebelión de los pupitres / Voy y Vuelvo

La rebelión de los pupitres / Voy y Vuelvo

La primera sugerencia es que no quieren un sistema de aprendizaje que signifique memorizar cosas.

Educación

La idea es que la persona que quiera pueda opinar sobre el futuro de la educación en Bogotá.

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Secretaría de Educación.

Por: Ernesto Cortés 
21 de noviembre 2020 , 07:24 p. m.

Hace un mes, la Secretaría de Educación se impuso la tarea de recolectar, óigase bien, un millón de ideas sobre cómo debería ser la educación del futuro en Bogotá. La pregunta es tan abierta que dudo mucho que lleguen un millón de sugerencias diferentes, pero, sin duda, habrá muchísimas coincidencias acerca de lo que pensamos papás, jóvenes y niños sobre la enseñanza en un mundo cada vez más azaroso y retador.

Hasta el momento han llegado unas 75.000 propuestas.

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Cabe decir que se trata de una iniciativa interesante; preguntarle a una sociedad cómo quiere que se formen las nuevas generaciones es una apuesta por el futuro. Pero es, ante todo, un voto de confianza en quienes hasta hoy siguen viendo la educación como algo que se impone y con poco margen de participación. No lo estoy diciendo yo, es lo que revelan los resultados de esas primeras 75.000 respuestas. Que, entre otras, ha contado con una masiva participación de muchachos (51.000), seguida por la de padres y madres (11.651). Como quien dice, es la familia la más interesada en sugerir nuevos formatos.

Y hay una razón para ello. Los que somos padres de familia siempre estamos deseando que nuestros hijos salgan de colegios y universidades con el suficiente bagaje para defenderse en la vida, que tengan mejores oportunidades que las nuestras y que el esfuerzo haya valido la pena.

(Además: La promoción 2020 / Voy y vuelvo)

La pandemia ha hecho que, en ese sentido, hoy estemos más preocupados por el tipo de educación que reciben nuestros hijos. La virtualidad ha sido un recurso de emergencia que, si bien nos ha permitido sobrellevar las cosas, también ha puesto de relieve una baja de interés en los estudiantes, metodologías obsoletas, problemas de conectividad, cansancio y estrés de parte y parte.

En medio de muchas cosas buenas que también ha dejado, como la creatividad infinita de los maestros a la hora de enseñar, es claro que más virtualidad en colegios y jardines es imposible.

Entre esas sugerencias hechas, en las que también se han expresado académicos, expertos, profesores, sectores productivos y demás, hay tres que me llaman la atención.

La primera es que no quieren un sistema de aprendizaje que signifique memorizar cosas. No es la primera vez que se pone en tela de juicio este modelo, pero en nuestro sistema educativo es una práctica que persiste en un mundo donde el racionamiento, el debate, el pensamiento crítico y la innovación se imponen. El segundo es el acceso a tecnologías. Claramente, la crisis sanitaria y el confinamiento desnudaron el atraso que tenemos en este sentido. No hay posibilidad de progreso ni capacidad de competir si nuestros estudiantes no cuentan con herramientas básicas para hacerlo. Y el acceso a internet y a recursos tecnológicos ya no son una opción sino una necesidad apremiante.

(Para seguir leyendo: Semana de altas y bajas / Voy y vuelvo)

Y en tercer lugar está el bilingüismo. Hace ya bastante que en este mismo espacio aludí al tema y expresé entonces –y lo hago ahora– que padres y estudiantes debemos ser conscientes de que, más importante que apresurarnos por una carrera profesional, es necesario aprender una segunda lengua. Esa debería ser una obsesión. Pero es un reto sobre todo para las autoridades del ramo. En los países asiáticos ya ni siquiera basta con una segunda lengua sino que se exige una tercera. Acá las barreras siguen siendo infranqueables, pues el bilingüismo es privilegio de colegios de élite y no del sistema público, en donde uno de los obstáculos principales es la formación de profesores y profesoras. Yo le daría a este tema máxima prioridad. Esa sería mi sugerencia para la encuesta de marras. Hay que aplaudir este esfuerzo de la Secretaría de Educación. Cuando las propuestas estén aterrizadas, la Misión de Educadores, donde está lo más granado de los pensadores del sector, tendrán la compleja tarea de diseñar el modelo para seguir. Esos sabios han de saber que con la pandemia los métodos de enseñanza cambiarán, que habrá que apostar por nuevos curriculum para maestros y maestras, cerrar brechas tecnológicas y que surgirán más facilidades de estudio remoto –con las grandes universidades del mundo a la cabeza–.

(También: El cemento también ayuda / Voy y vuelvo)

La apuesta será también de cara a las metas de los ODS, que reclaman acceso pleno a educación básica y profesional, formación para el empleo y el emprendimiento, docentes más capacitados, acceso igualitario en todos los niveles de enseñanza técnica y profesional, entre otros.

Si se consigue ese millón de ideas no solo estaremos ante un hito para el país, sino que asistiremos a lo que bien podría ser el inicio de una rebelión de los pupitres.

¿Es mi impresión o...
en la ciclorruta de la 7.ª obligaron a buses, camiones, volquetas, carros, taxis, motos y transportadoras de valores a compartir dos carriles así no más?

ERNESTO CORTÉS FIERRO
EDITOR JEFE DE EL TIEMPO
​En Twitter: @ernestocortes28

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