El desmadre / Voy y vuelvo

El desmadre / Voy y vuelvo

Ante la evidente confusión creada habrá pueblo de sobra en las calles de la ciudad.

Claudia López

Si insistimos en salir sin necesidad, dispararemos los casos y colmaremos las salas de urgencias.

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Hector Fabio Zamora - EL TIEMPO

Por: Ernesto Cortés Fierro / Editor Jefe de EL TIEMPO
30 de mayo 2020 , 07:41 p.m.

No sé si a ustedes les pasa lo mismo, pero cuanto más optimista trato de ser con esto de la pandemia, más razones aparecen para pensar lo contrario. Yo he estado ilusionado con que el país se mantenga a mitad de tabla en materia de contagios y muertos. Y me como el cuento de que hemos sido reconocidos globalmente como una de las naciones que mejor han manejado el tema. Y hasta soporto ver más carros y más gente en la calle con el convencimiento de que se trata de trabajadores que han sido autorizados para ir a laborar. Digamos que soy un optimista empedernido.

Pero luego viene el decreto presidencial que ordena mantener la cuarentena un mes al tiempo que autoriza a más personas a salir a trabajar, desde abogados hasta empleadas domésticas. Y yo, optimista empedernido, me resigno a creer que debe ser que las cosas están normales, que ya podemos darnos estos lujos a pesar de no haber aplanado ninguna curva y de sumar unos 30.000 contagiados por la covid-19 y casi mil muertos, con Bogotá a la cabeza.

(Le puede interesar: Atención: Habrá cuarentena total en Kennedy a partir del lunes)

Casi al mismo tiempo en que el Presidente da a conocer su decreto, la alcaldesa Claudia López se apresura a pedir que por favor se le autorice para que en Bogotá sigamos encerrados hasta el 15 de junio. Su angustia es evidente: en Kennedy el tema se agrava, la ocupación de las unidades de cuidado intensivo se aproximan al 50 por ciento y el virus ya alcanza hasta a los empleados de la Casa de Nariño. El Gobierno accede a su solicitud y la cuarentena para nosotros irá quince días más.

Entonces yo, ingenuo, creo que ha sido una sabia decisión y que es mejor seguir en confinamiento y aportar de esta manera a que el virus no se siga ensañando contra nosotros. Y vuelvo a ser optimista de que, aunque el resto del país se abra, en Bogotá podamos ser más coherentes y juiciosos.

No quisiera decirlo en estos términos, pero tengo el presentimiento de que, a partir de este lunes, lo que se nos viene es un desmadre.

¿Y qué sucede? Que hay protestas en Corabastos, que los informales salen a la calle en masa, que los conductores del transporte intermunicipal no aguantan más, que en las redes se pide abrir la economía totalmente y que el desempleo se trepó al 19 %: cinco millones de personas perdieron su trabajo en dos meses.

Y en estas dos tormentosas aguas nos encontramos navegando: malo si se sale a trabajar y malo si no se sale. Malo si se le hace caso a la alcaldesa y malo si no. Ni siquiera el vocero de la Presidencia para estos temas, el doctor Diego Molano, ha podido explicar si un voceador de periódico o un informal puede estar en la vía. Y al final todo tiene el tufillo de que el Gobierno siente que cumplió con su parte y que ahora el problema es de los alcaldes y gobernadores, que tendrán que lidiar con las protestas, los reclamos y los madrazos de la gente.

(Además: Corabastos quedará bajo medidas especiales)

No quisiera decirlo en estos términos, pero tengo el presentimiento de que, a partir de este lunes, lo que se nos viene es un desmadre. Eso significa que ante la evidente confusión creada habrá pueblo de sobra en las calles de la ciudad. Y que muchos aprovecharán para alegar que salen porque “el Gobierno autorizó”, sin reparar en que quien toma la decisión es la alcaldesa. Y que esa decisión, por ahora, es mantener la cuarentena.

Tengo el presentimiento de que, a partir de este lunes, lo que se nos viene es un desmadre

Así las cosas, la situación es esta: o hacemos caso o lo lamentaremos. Si insistimos en salir sin necesidad, dispararemos los casos y colmaremos las salas de urgencias, escenario en el cual no quedará otro camino que volver a decretar el encierro total, incluyendo la suspensión del transporte público. Y las consecuencias para aquellos que de verdad necesitan salir, peluqueros, pequeños comerciantes, obreros y demás, serán nefastas. Todo porque empezamos manejando la cuarentena a la europea, es decir, con rigor y cuidado, y terminamos manejándola a la colombiana, o sea, como decía mi difunto padre, a los ‘berriondazos’.

Es nuestra eterna historia. Así manejamos el proceso de paz, así elegimos gobiernos, así concebimos nuestra política internacional, así zanjamos nuestras diferencias. Como lo expresé en un trino: a partir de mañana estaremos en las manos de nosotros mismos... Y a la colombiana, por supuesto.

¿Es mi impresión o... nos quieren hacer creer que con 53.000 millones de pesos se salvará la Van der Hammen?

ERNESTO CORTÉS FIERRO
Editor Jefe de EL TIEMPO
Twitter: @ernestocortes28

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