Más allá de héroes y ladrones / Voy y Vuelvo

Más allá de héroes y ladrones / Voy y Vuelvo

Lo que subyace en este episodio es un preocupante síntoma de impotencia social.

Habló conductor de carro de atracadores que murieron en Usaquén

Puente del barrio Santa Bárbara donde murieron tres miembros de una banda de delincuentes.

Foto:

Abel Cárdenas. EL TIEMPO

Por: Ernesto Cortés 
08 de febrero 2020 , 08:39 p.m.

Es grave que un médico mate a tres personas en aparente defensa legítima. Es grave que cuatro atracadores anden por ahí, con una estela de antecedentes y boletas de libertad expedidas por los jueces, amenazando y asaltando ciudadanos. Es grave que las acciones de la policía no lleguen a esos rincones que se saben peligrosos y no pasa nada. Todo es grave. ¿Y?

Pues esa es la pregunta. Van dos semanas de discusión en torno al incidente del médico que mató a tres asaltantes y nos hemos quedado en el debate de si actuó bien o mal, de si es un héroe o un villano, de si lo condecoramos o lo absolvemos, de si mejor nos dejamos robar o cargamos 50.000 pesos en el bolsillo para contrarrestar una puñalada. Pero hay en este caso, como en muchos otros, cuestiones de fondo que debemos discutir como sociedad.

Más allá del debate entre los villanos que nos azotan y el paladín de la justicia que nos salva, lo que subyace en este episodio es un preocupante síntoma de impotencia social. Impotencia por parte de las autoridades para evitar que el atraco callejero siga gobernando nuestras calles, impotencia de sentirse a merced de atracadores que nos humillan y vejan, impotencia a la hora de confiar en la Policía, impotencia ante la negligencia de la justicia. Impotencia, pues, de estar transitando por el camino espinoso de defender nuestras vidas y nuestros bienes a punta de bala.

No voy a condenar al médico por su proceder, no soy quién para ello. Por el contrario, me duelo de su situación. “Nadie sabe lo que pesa un muerto”, decía el abuelo de García Márquez. Y este ciudadano ya no tiene vida social posible. En pocos meses no estará en el ojo de la opinión pública y tendrá que enfrentarse a las secuelas que deja una situación como esta. Por eso es menester que la justicia aclare el tema cuanto antes para que algo de sosiego llegue a quien hoy solo quiere pasar la página.

Lo sucedido no es un problema solo nuestro, de los bogotanos ni de los colombianos. La promoción abierta y descarada que se hace a la venta de armas en Estados Unidos, ahí sí, para la legítima defensa, o el pueblo mexicano que entrena a sus niños para defenderse de los narcos, como lo registraron varios medios, deja ver que a la hora de tener que defender sus vidas y sus bienes, las personas acuden a la combinación de todas las formas de lucha como estrategia, sobre todo cuando hay incapacidad institucional.

Tan difícil resulta salir a defender al médico que hoy muchos tildan de ‘valiente’ como condenarlo por su proceder. La gente no acepta términos medios, y por eso el debate muere por falta de argumentos sensatos.

Y ante la imposibilidad de hallar un consenso, lo único recomendable es aprender de las lecciones que deja este episodio. La primera de ellas, que debe abordarse con urgencia, es revisar a fondo el tema de las armas y la forma como vienen pululando en la ciudad. Que estos atracadores hayan tenido un cuchillo o una pistola de fogueo no oculta una verdad de a puño: hay muchas armas en manos de bandas criminales en Bogotá.

La segunda, saber cuál es la estrategia que el Gobierno está implementando contra el atraco callejero, principal referente de la percepción de inseguridad que, con episodios como este, solo consigue incrementarse.

Ya no son suficientes las declaraciones de que el hurto callejero aumentó 25 por ciento en enero de este año frente al mismo mes de 2019, ni que es la pesadilla o el principal dolor de cabeza de los bogotanos. De tanto en tanto, eso mismo nos lo recuerdan los informes de la Cámara de Comercio y de Bogotá Cómo Vamos, pero las acciones no se ven. Por el contrario: todas las mañanas los noticieros de televisión se deleitan pasándonos las imágenes del atraco más reciente.

Y por último: urge llevar a cabo un descarnado debate al tema de la aplicación de justicia. Que los sujetos muertos hayan tenido un cúmulo de antecedentes por el mismo delito que pretendían cometer y que, a pesar de ello, hubieran estado libres lo único que le agrega es sal a la herida abierta de la impunidad, el verdadero fondo de todo este problema.

¿Es mi impresión o… el día sin carro fue aprovechado por escoltas de varias personalidades para andar a ‘toda mecha’ por la ciudad? ¿El límite de los 50 km de velocidad no aplica para estas caravanas?

ERNESTO CORTÉS FIERRO
EDITOR JEFE DE EL TIEMPO
En Twitter: @ernestocortes28

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