¡A ver, Claudia! / Voy y vuelvo

¡A ver, Claudia! / Voy y vuelvo

El inconformismo que se respira en las calles no le es ajeno a su manera de pensar y sentir.

Claudia López

A la nueva mandataria le esperan enemigos poderosos, que no le darán tregua ni respiro, porque ven en ella una amenaza real.

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César Melgarejo / EL TIEMPO

Por: Ernesto Cortés Fierro
14 de diciembre 2019 , 07:04 p.m.

Claudia López jamás imaginó posesionarse como alcaldesa de Bogotá en medio de la convulsión social que vive la ciudad que empezará a gobernar el primero de enero.

Tiene la fortuna, eso sí, de que el inconformismo que se respira en las calles no le es ajeno a su manera de pensar y sentir. Siendo dirigente de izquierda, conoce bien el discurso de la consigna, el reclamo, la lucha y la resistencia que hoy reclaman amplios sectores, particularmente los jóvenes.

Por eso ha sido tan cuidadosa en sus declaraciones. Por eso no ha querido confrontar al Gobierno Nacional, sino que lo ha llamado a la sensatez, a la humildad y a reconocer errores. Por eso no se ha ido lanza en ristre contra las autoridades, sino que las ha llamado a respetar la protesta pacífica y ha condenado las acciones vandálicas contra TransMilenio. Ella sabe que ahora es gobierno, que está al otro lado de la orilla, que ahora se debe a todos los ciudadanos y no solo a quienes la eligieron. Reconoce que el desgaste que se avecina es grande y que no puede desperdiciar su capital en peleas insulsas ni dejarse llevar por las provocaciones.

(Le puede interesar: Quién es quién en el gabinete que está conformando Claudia López)

López ha sido inteligente: se ha reunido con Raymundo y todo el mundo, en una finísima labor de construir puentes por los que tendrán que transitar ella, su gente y la ciudadanía. Intuyo que la nueva alcaldesa ya se ha dado cuenta de que su proyecto político, como el de muchos otros alcaldes y mandatarios regionales del país, puede ser el contrapeso de quienes representan el extremismo de derecha e izquierda. Un capital valioso que no puede dejar ir. Por eso hay tanta expectativa por su gobierno. Yo la tengo. Pero, ojo: la gente no es paciente, y la luna de miel que se vive ahora termina el primero de enero.

En las últimas dos décadas, Bogotá ha sobrevivido a las más diversas formas de gobernar –desde el punto de vista ideológico– y a las más variadas propuestas de ciudad. Algunas han resultado nefastas, otras han pasado con más pena que gloria, y la que termina mostrará sus verdaderos resultados en los años que vienen. Ahora llega Claudia, arropada con la aureola de ser una más del barrio, conocedora de lo que piensa el de a pie, dispuesta a no defraudar, a corregir y a mantener lo que marche bien. De cómo y con quiénes lo haga dependerá en buena medida el devenir de la capital, claro, pero también el de las futuras manifestaciones y protestas. Porque le tocarán.

Si ella logra canalizar el inconformismo social que hoy está en plena ebullición, si logra dar respuesta a tantas y tan disímiles exigencias, si consigue convocar y hacer realidad aquello de que “es mejor transmitir esperanza que miedo”, emergerá la figura capaz, por el momento, de dar un portazo a quienes pretenden reconstruir proyectos políticos bajo los efectos dañinos del odio y el populismo.

Dicho esto, a la nueva mandataria le esperan enemigos poderosos, que no le darán tregua ni respiro, porque ven en ella una amenaza real. Y anticipo que ese primer enemigo podría ser Gustavo Petro, el mismo que prefirió la arrogancia de su caudillismo al clamor de respeto que pedían varias mujeres de su partido. Por eso insisto: quienes representan hoy el centro del espectro político, como Claudia, son el último escollo al que se enfrentan extremistas y populistas. Por eso no nos extrañemos de la inquina que promoverá Petro contra su gobierno: le seguirá restregando haber apoyado el metro de Peñalosa, le cuestionará sus acercamientos con el Gobierno Nacional, sus nombramientos en las secretarías, la llamará traidora de los ideales del pueblo y hasta la juzgará por sus reuniones con el comandante de la Policía o con los empresarios o con los medios o con Fajardo. Pero es la hora de ella y de su proyecto político, ¡a ver, Claudia!

¿Es mi impresión o... salvo por poquísimas excepciones, este gabinete de Claudia López ha caído más bien de lo que se esperaba?

ERNESTO CORTÉS FIERRO
Editor Jefe EL TIEMPO
En Twitter: @ernestocortes28
erncor@eltiempo.com

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