El ‘culiprontismo’ del retuit / Voy y vuelvo

El ‘culiprontismo’ del retuit / Voy y vuelvo

¿Qué nos corresponde a los ciudadanos? Simple: dudar. Dudemos de todo, no traguemos entero.

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REUTERS

Por: Ernesto Cortés
03 de agosto 2019 , 08:30 p.m.

No sabía cómo eran sus orígenes. Lo vine a saber esta semana en el diario El País (de España), donde Chris Wetherell, creador del botón de retuiteo en el celular, dice sentirse arrepentido de haber diseñado dicho mecanismo.

El retuit es ese símbolo que permite compartir de forma automática y rápida lo que otros dicen. Y así como hay personas que se toman una pausa para reflexionar sobre lo que encuentra en un trino, la mayoría simplemente da retuit sin sospechar que puede estar compartiendo una banalidad o un comentario estúpido.

Esto ha dado pie para que, como dice el mismo artículo, se empoderen la mentira, las falsas verdades, las falacias y las ideas que intentan posar de brillantes cuando no lo son.

Por esta vía se ha desinformado a cual más. Ningún personaje de la vida pública se ha salvado. De ahí que ahora esté tomando fuerza la creación de los chequeos noticiosos, como Colombiacheck, que tiene bastante trabajo intentando desmentir aquello que contradice la tozudez de los hechos.

Víctimas de ello han sido el propio Alcalde. Gracias a mensajes mentirosos y continuos retuits, incluso programados, se le ha acusado de vender buses o tener una fábrica de bolardos. Allí han caído todos los candidatos y personas de bien que ingenuamente creyeron que este era un foro abierto al debate y la discusión y no una ‘cloaquera’.

Pero la culpa no es del pobre Wetherell, joven innovador que quiso facilitarnos las cosas. La culpa es de nosotros, por culiprontos, por dejar que el odio y la animadversión nos dominen, por hacernos ver ridículos e ignorantes cuando retuiteamos mentiras a sabiendas de que lo son. O que, aun sin saberlo, tomamos la decisión de hacerlo porque ‘ajá’, como dicen los barranquilleros.

Ahora que la campaña a la Alcaldía entra en calentura, bien vale la pena que reflexionemos sobre esto. Hay una histeria en redes sociales que irá creciendo a medida que avance la contienda.

Y como los candidatos y sus seguidores andan empecinados en seguir polarizando esta ciudad, no les cuesta trabajo apelar a las exageraciones, frases sin contexto, amañadas o claramente inexactas a la luz de los datos. Eso hace la política, no de ahora sino de siempre, y no solo en Bogotá sino en todo el país.

Pero la gran ventaja que tienen los políticos es que cuentan con las nuevas herramientas tecnológicas para esparcir declaraciones y puntos de vista que buscan confundir al electorado. Si antes la moda era la compra de votos, ahora lo es la compra de conciencias que se hace a través de estas nuevas herramientas.

¿Qué nos corresponde a los ciudadanos? Simple: dudar. Dudemos de todo, no traguemos entero, miremos los contextos en los que se dicen las cosas, quién las dice y qué intereses mueve; de dónde sale la información que divulgan y qué tanto se aproxima a la verdad verdadera.

Quien quita, de pronto encontramos que nos dicen la verdad, que son honestos, que en serio quieren alertarnos sobre hechos relevantes y que no se aprovechan de los tuits para engañar ni para que otros caigan con solo hacer retuit.

Quien quita, de pronto encontramos que nos dicen la verdad, que son honestos, que en serio quieren alertarnos sobre hechos relevantes

Aprovecho para contarles, a los lectores y a los candidatos, que el programa Bogotá
Cómo Vamos (BCV) acaba de sacar un documento espectacular. Se trata de una guía denominada ‘Por un debate informado’, en el que se condensan, óigase bien, todos los indicadores de Bogotá de la última década. Allí están las cifras sobre pobreza, cobertura en educación, salud, seguridad, servicios públicos, movilidad, medioambiente, etc.

En este periódico empezaremos a publicarlas para que la ciudadanía compare y detecte si un candidato dice o no la verdad o si exagera en sus diagnósticos. Aplica también para aspirantes al Concejo que se han aprovechado de las redes para hacer conjeturas a partir de sumar hechos que nos lleven a creer que algo es verdad y a dar retuit sin más.

Por eso, cada vez que le llegue un trino de algún político, deje de ser culipronto, no se engañe a sí mismo, no se deje llevar por el odio de ciertos mensajes, no ponga en duda su propia inteligencia: haga la pausa, pregúntese por el alcance de ese trino y decida si vale la pena compartirlo o no.

¿Es mi impresión o... hay algo raro tras el accidente de Niza, que nadie responde?

ERNESTO CÓRTES FIERRO
Editor Jefe de EL TIEMPO
Twitter: @ernestocortes28

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