El ciclista, los hinchas y el lustrabotas / Voy y vuelvo

El ciclista, los hinchas y el lustrabotas / Voy y vuelvo

Tres hechos aún recientes bien podrían ilustrar por qué los colombianos somos como somos.

Hinchas de Millonarios en Santa Marta

Hinchas de Millonarios agredieron a una mujer en Santa Marta.

Foto:

Archivo Particular

Por: Ernesto Cortés Fierro
15 de junio 2019 , 05:09 p.m.

Tres hechos aún recientes bien podrían ilustrar por qué los colombianos somos como somos. Un afamado ciclista coge a golpes a un aficionado que se le atraviesa en plena carrera. En las redes se gesta una especie de solidaridad colectiva con el pedalista porque, en verdad, parece injusto que un torpe aficionado le dañe el fugaz momento de figuración. Pocos critican la actitud del deportista, que está en todo su derecho de molestarse con el imprudente; pero de ahí a los golpes…

(Lea también: Supermán López no fue sancionado tras golpear a un aficionado)

Una turba de hinchas de Millonarios la emprende contra otro grupo de seguidores del Unión Magdalena en la ciudad de Santa Marta. Una joven cae durante la estampida y tres hinchas del equipo azul no tienen reparo en encenderla brutalmente a golpes. Da rabia, impotencia y ganas de aplicarles la misma fórmula a estos delincuentes de pacotilla, que se escudaron en su bravuconada y en la guacherna que los acompañaba para hacer de las suyas ante una joven indefensa. Hacía rato no veía yo tanto salvajismo, tanta bajeza, tanto desprecio por un ser humano como el demostrado por estos desadaptados hinchas de un equipo de fútbol con tanta historia y con tantos hinchas que reprochamos actos de barbarie como este.

Un humilde lustrabotas salta a la fama cuando llega al Concejo de la ciudad hace ya más de una década. Es famoso por sus escándalos, por sus peleas, por sus agresiones, por sus salidas en falso. Pero es la novedad. Y pueblo ignorante como somos, lo elegimos concejal. Allí hizo de las suyas, pero se la perdonamos. Luego lo llevamos a un reality en TV y acrecentamos su fama. Total, lo que importa no son sus valores, ni lo que transmite ni su pasado de abusos, lo que importa es el rating. Aún no satisfechos, ahora le sacamos novela y copiamos sus dichos y nos divertimos con sus ocurrencias.

Después nos preguntamos por qué somos tan violentos. Por qué tanta intolerancia. Y nos rasgamos las vestiduras porque Uribe esto y porque Santos aquello. Solemos mirar la paja en el ojo ajeno, acomodarnos a las circunstancias, pero cómo nos duele reconocer que todas estas conductas que les acabo de mencionar son censurables. Así se trate de un ídolo del ciclismo, del mejor equipo del país o de un folclórico personaje de las calles bogotanas. NO, no todo se vale.  Y si lo vamos a estandarizar como norma social, pues entonces hagámoslo. Pero tengamos presente que ni como sociedad, ni como personas ni como miembros de una familia seremos ejemplo de nada distinto a un pueblo signado por la violencia en cualquiera de sus manifestaciones.

No quise pasar por alto estos episodios aunque ya haya transcurrido el tiempo. Pero luego de leer la historia de la familia de Leonardo Licht, el joven de 21 años asesinado en una estación de TransMilenio en enero del 2017 por evitar que un colado ingresara al sistema, no me queda duda de que la intolerancia es uno de los males mayores de nuestra sociedad.

Lo que refleja esa historia del periodista Óscar Murillo es que para la familia la muerte de un hijo en circunstancias impensables jamás pasará. Que de ninguna parte llegará la explicación lógica de por qué agredimos y ofendemos por cualquier medio y a cualquier hora a aquel que nos corrige.

Los episodios que les narré al comienzo tienen como antesala la falta de capacidad para aceptar las cosas adversas. Y respondemos ante la menor provocación, sin medir consecuencias. O tal vez sí: con el claro deseo de hacer daño, como muestra de que, al final de cuentas, quedará una lección, a sabiendas de que solo estaremos alimentando más episodios de intolerancia.

¿Es mi impresión o… en buena parte de la localidad de Suba ya le subieron a la tarifa del aseo mientras los contenedores brillan por su ausencia?

Nota: esta columna no aparecerá en las próximas dos semanas.

ERNESTO CORTÉS FIERRO
Editor Jefe EL TIEMPO
erncor@eltiempo.com
En Twitter: @ernestocortes28

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