Centros comerciales, ¿una enfermedad? / Voy y Vuelvo

Centros comerciales, ¿una enfermedad? / Voy y Vuelvo

Una declaración un tanto temeraria. Las ciudades no están enfermas por tener centros comerciales.

Exma

“Los centros comerciales son síntomas de una ciudad enferma”, dijo el alcalde Enrique Peñalosa durante el Exma 2019.

Foto:

Alcaldía de Bogotá

Por: Ernesto Cortés Fierro
01 de junio 2019 , 08:00 p.m.

En el marco del Exma 2019, que tuvo lugar esta semana en el Arena Movistar –evento digno de una ciudad como Bogotá–, el alcalde Enrique Peñalosa repitió algo que ya había dicho en otras ocasiones, pero que, tratándose de semejante escenario, no pasó inadvertido: “Los centros comerciales son síntomas de una ciudad enferma”.

Para quienes le hemos escuchando el cuento antes, el alcalde alude a estos espacios como la única alternativa que han encontrado los ciudadanos a falta de espacios públicos para su disfrute y a la escasa oferta de parques y plazoletas donde la gente pueda caminar, pasear la mascota o comer helado.

Peñalosa agregó que a los centros comerciales la gente no va a comprar, sino a “pasar la tarde”. Y enumeró una serie de ciudades en las que, según él, no hay centros comerciales porque una buena ciudad simplemente no los tiene.

Lo primero que se me ocurre pensar al escuchar esta declaración es que si, como asegura el alcalde, la gente va a estos sitios solo a pasear, ¿entonces de qué viven? ¿Del aire? Semejantes estructuras no pueden sobrevivir a punta de parqueaderos y restaurantes. Y cada vez hay más de ellos en la ciudad. Decenas. ¿Tan mal negocio serán?

Me parece una declaración un tanto temeraria. Las ciudades no están enfermas por tener centros comerciales. Y, sí, muchas veces son la alternativa para que la gente vaya a vitrinear, o al cine o a antojarse de lo que sea. Son una opción más. Los centros comerciales tienen tanto derecho a coexistir en la ciudad como las vitrinas para carros o los restaurantes o las grandes superficies de artículos para el hogar. Y dudo mucho de que Madrid no tenga centros comerciales, como insinúa Peñalosa.

A las ciudades las enferman mucho más la contaminación, la falta de espacios públicos, el caos del tráfico o la inseguridad. Esos sí son verdaderos cánceres para una metrópoli. Por lo demás, los centros comerciales son generadores de empleo; hay variedad en ellos, la gente los ve como un plan porque hoy por hoy, el centro comercial ofrece múltiples alternativas culturales, gastronómicas y recreativas, además de tiendas para todos los gustos. No son un parque, es verdad, pero ello no significa que dejen de ser necesarios o atractivos. Yo prefiero que la ciudad tenga un centro comercial y no una cantidad de edificios adefesios que, por culpa de curadores y constructores sin escrúpulos, han convertido ciertos sectores de Bogotá en un remedo de ciudad.

Ahora bien, así como considero que los centros comerciales no son sinónimo de enfermedad para una ciudad, me consta que se han convertido en una pesadilla para la movilidad. Como las EPS o las cajas de compensación o los consultorios médicos.

Pregúntenles a los vecinos de la del Country o la Reina Sofía o Compensar; a los vecinos del barrio Salitre o a los de la Zona Rosa o a los de Pontevedra o a los de la calle 134 con Boyacá. Por citar solo algunos. El caos y el desorden alrededor de estos lugares son simplemente infernales. Porque los accesos y las salidas no fueron construidos lo suficientemente lejos de las vías principales para evitar el trancón, porque sus alrededores viven inundados de ventas ambulantes, porque muchos se levantaron en torno a barrios residenciales que perdieron su tranquilidad.

En Estados Unidos, la mayoría de centros comerciales están a kilómetros de las aglomeraciones de la ciudad. Los espacios son amplios, y no se advierte el desorden que acompaña a los nuestros. Con contadas excepciones –como el Fontanar, en Cajicá, o el Centro Chía–, uno no encuentra un centro comercial ajeno a los problemas de movilidad. A todo este desorden se suman los taxis, los bicitaxis, los camiones de carga que colapsan las vías sin que los centros comerciales puedan hacer mayor cosa por evitarlo. En la glorieta de la calle 80 con Boyacá, el centro comercial Titán permanece rodeado de barandas para evitar todo esto. Aun así, los buses colectivos se tomaron esa glorieta para estacionar y los informales invadieron el lugar sin que ninguna autoridad, óigase bien, ¡ninguna!, haya hecho algo para remediarlo. El atasco en horas pico es simplemente insoportable.

Ahora, ¿que todo esto enferma la ciudad? Sin duda.

¿Es mi impresión o...
el acuerdo para salvar el SITP es la noticia más importante de la ciudad en los últimos años?

ERNESTO CORTÉS FIERRO
EDITOR JEFE DE EL TIEMPO 
En Twitter: @ernestocortes28

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