Un colado es un ladrón, punto / Voy y vuelvo

Un colado es un ladrón, punto / Voy y vuelvo

Para los autores del estudio, es como si a cada uno de nosotros nos tumbaran 27 mil pesos cada año.

colados

El estudio arrojó que la gente se cuela más en las estaciones (17,14 por ciento) que en los portales (10,45 por ciento).

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Archivo/ EL TIEMPO

Por: Ernesto Cortés Fierro
11 de mayo 2019 , 06:51 p.m.

Dice el diccionario que un corrupto es alguien que se deja “corromper” o “viciar”. Pero hay otra definición que me llama la atención: un corrupto es algo que está “podrido”. Y colarse en TransMilenio sin pagar el pasaje es un acto de corrupción, a decir del secretario general de la Alcaldía, Raúl Buitrago, quien aludió al tema tras dar a conocer un completo estudio sobre este desangre que vive el sistema de troncales de la ciudad. Y no le falta razón.

Algo muy podrido debe haber en nuestra sociedad para que todos los días, 384 mil personas –el tamaño de Manizales– decidan no pagar el pasaje en TransMilenio. Por fortuna no son la mayoría, pero su acción descomedida nos cuesta a los bogotanos 222 mil millones de pesos al año. Con esa plata se podrían repartir 500 mil refrigerios escolares durante un año.

Para los autores del estudio, es como si a cada uno de nosotros nos tumbaran 27 mil pesos cada año. ¿Les parece justo? Los vemos a diario: saltan por las puertas, por encima de la registradora, por debajo, por el lado; entran dos y paga uno, hacen escalera humana, atraviesan la troncal con el bebé en brazos, con paquetes o sin ellos. Y una vez terminan la hazaña, sonríen.

Digamos las cosas como son: al funcionario que roba se le dice corrupto y al que no paga un pasaje, ladrón. Pero son la misma cosa. Y no es excusa que evadir el pago del pasaje se haga porque “el sistema es una mierda” o porque “la tarifa es un abuso”. No. Vaya y róbese una lata de atún en el Éxito y salga y diga que lo hace porque no le gusta el almacén a ver qué le pasa. Va preso, punto.

En TransMilenio, en cambio, el riesgo es mínimo, el comparendo no se paga, es normal colarse, se puede actuar solo o en manada, es fácil burlar los controles y a los policías.
Es la cultura del atajo y el poco respeto a la autoridad, como decía Mockus. No importa que 12 personas hayan muerto el año pasado por esta causa o que tres más hayan perdido la vida en lo que va del 2019. O que 450 pasajeros hayan terminado con contusiones porque un bus trató de esquivar un evasor.

Lo más grave de todo es que esta conducta se haya vuelto costumbre. Que haga parte del ADN de la ciudad. Que los buenos se sientan agredidos sin poder hacer nada. Como decía un tuitero esta semana: que el colado vaya cómodamente sentado mientras el transgresor disfruta de la silla. Hay valientes que se les enfrentan, pero terminan insultados o agredidos o asesinados. Porque casos se han visto.

Hay que dejar de buscar excusas para colarse sin pagar. No hay que distraerse con el debate insulso de los perros guardianes en la estación cuando por los lados se nos meten 384 mil corruptos que muy seguramente son los que más critican el sistema y se rasgan las vestiduras por los escándalos que se cuecen en otros escenarios y se sienten víctimas del gobierno de turno. El evasor no tiene derecho a quejarse, pues, por su culpa, millonarios recursos que servirían para mejorar las cosas se pierden. Que se quejen los que pagan y que a ellos, la Alcaldía les brinde un reconocimiento permanente por su actitud; que les recuerde que por ellos, el sistema no colapsa y que son la verdadera cara de TransMilenio, así sufran incomodidades.

Bienvenidos todos los anuncios que se hacen para frenar este desangre: una infraestructura más moderna, puertas más seguras, mayor fiscalización, perros disuasivos. Muy bien por los guardas sin armas, por los gestores sociales, por los 800 policías, por los mediadores que deben lidiar con este tema a diario, etc. Todo eso está muy bien. Pero no es la Alcaldía la que nos tiene que enseñar a no robarle al sistema. Eso viene de casa, de escuela. ¿Qué dicen los papás de los jóvenes que asisten a las escuelas de fútbol y se cuelan en el portal del norte? ¿Qué dicen las directivas del Sena, de cuya institución salen los colados que más se referencian en el estudio? ¿Qué dicen las directivas y profesores de los centros universitarios? ¿O los rectores de los colegios? Seguramente lo obvio: eso pasa en la calle, no en la institución. Y entonces se vuelve un problema de nadie.

Yo sinceramente pienso que la sanción social, de la mano de un amplio enfoque de cultura ciudadana, es más disuasiva. El día que con nombre propio se diga dónde trabaja o estudia un colado; el día en que a un evasor de estos se le imponga como castigo ser un gestor social para evitar que otros se cuelen, o que, como en otros países, existan unos validadores de pasajes que operen dentro de los buses, algo de cambio iremos viendo.

Por ahora, aplaudamos a esos dos millones y pico de usuarios que valoran la vida, pagan el pasaje y nos respetan a los demás.

¿Es mi impresión o... hay más de uno coqueteándole al exvicepresidente Germán Vargas para que se lance a la alcaldía de Bogotá?

ERNESTO CORTÉS FIERRO
EDITOR JEFE DE EL TIEMPO
En Twitter: @ernestocortes28

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