Pelea, pelea... / Voy y Vuelvo

Pelea, pelea... / Voy y Vuelvo

Pelea entre estudiantes en una estación de TransMilenio invita a varias reflexiones.

Venta de pasajes en TransMilenio

Quienes están en el rango de los 14 y 35 años son los que suelen estar en el registro más elevado de víctimas de actos violentos.

Foto:

Héctor Fabio Zamora

Por: Ernesto Cortés Fierro
29 de septiembre 2018 , 10:15 p.m.

El video  que circuló por redes sociales esta semana mostrando el enfrentamiento a puños y patadas entre estudiantes del colegio Policarpa Salavarrieta en una estación de TransMilenio invita a varias reflexiones.

La primera es el sentimiento que genera entre las personas del común –testigos del hecho– ver a menores de edad, mujeres y hombres, enfrentados y con el odio reflejado en sus rostros.

Que a esa edad, la figura aún imberbe de la gran mayoría de ellos tenga la expresión del resentimiento y la animadversión hacia el otro es triste.

Las miradas penetrantes, la sed de venganza y el objetivo de producir daño no son exactamente motivo de orgullo para unos padres que envían a sus hijos al colegio para que sigan por la senda del bien.

Cabe preguntarse también qué es lo que motiva a los jóvenes a querer arreglarlo todo a las patadas –literalmente hablando– y que no existan de por medio otras vías para dirimir las diferencias. Algunos dirán que las peleas entre muchachos son normales, que las hormonas a esa edad están alborotadas y que comentarios como este son resultado de la mojigatería.

En otro contexto, eso se entendería, pero en una sociedad como la nuestra, donde las riñas callejeras son la principal causa de los homicidios, donde la sed de venganza es la norma no obstante haber sacado adelante un proceso de paz, donde el ajuste de cuentas prima sobre la ley y donde los jueces de conciliación parecen figuras decorativas y no merecen el aprecio y respeto que necesitan, pues no nos queda bien soslayar lo que ocurre con nuestros muchachos.

Si hay muchos colegios que con innovadoras estrategias de educación han conseguido, entre otros logros, bajar el número de adolescentes embarazadas, disminuir las tensiones entre compañeros, reducir el consumo de drogas y mejorar la calidad de la labor docente, ¿por qué no se logra superar el grado de violencia que asiste a los jóvenes?, ¿es culpa del colegio?; ¿o será más bien que los hijos que arman camorra por la calle reflejan problemas de hogar difíciles de detectar?

Más aún: ¿no será la excesiva exposición de noticias malas en medios y redes sociales, de hechos censurables, en los que se da mayor importancia a las acciones criminales y violentas antes que a los casos de emprendimiento, innovación y ayuda, lo que está alimentando ese odio en los estudiantes de colegio?

Los indicadores de violencia en la ciudad señalan que quienes están en el rango de los 14 y 35 años son los que suelen estar en el registro más elevado de víctimas de actos violentos. Quiere decir que son los jóvenes, sí, los llamados a asumir las riendas de su propio destino, y, en particular, los de la ciudad quienes ponen más en riesgo sus vidas por acciones relacionadas con la integridad personal.

Muchachos, acepten un humilde consejo: no se parezcan a nosotros los adultos cuando se trata de arreglar las cosas a las malas. Sean mejores personas y muy superiores a lo que ven hoy.

¿Es mi impresión o... resulta prematuro hablar de la inauguración del Movistar Arena cuando faltan obras importantes por entregar?

ERNESTO CORTÉS FIERRO
Editor Jefe EL TIEMPO
En Twitter: @ernestocortes28
erncor@eltiempo.com

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