La velocidad mata. Punto / Voy y vuelvo

La velocidad mata. Punto / Voy y vuelvo

Por mucho trancón que haya, cada vez nos gobierna más la cultura del afán y la velocidad.

Avenida Boyá

La avenida Boyacá es una de las vías en las que más se excede el límite de velocidad.

Foto:

EL TIEMPO

Por: Ernesto Cortés Fierro
08 de septiembre 2018 , 10:00 p.m.

La ligereza con la que a veces abordamos las cosas diarias de la vida se parece mucho a la ligereza con la que solemos opinar en redes sociales. No importa que no seamos expertos en una materia: mientras el tema sea popular, genere seguidores y apele a la cultura de la negación, estaremos del lado de los ‘buenos’, de los que creen que los hechos fácticos no existen y que solo importa agitar las emociones. Fácil.

Con ligereza hemos abordado el tema de la tala de árboles –un tuitero llegó a decir que por eso se empezaron a caer los postes (¿?)–, pero también con ligereza hablamos de cosas como la velocidad en las calles. Nos vivimos lamentando de la inmovilidad de la ciudad, de cómo el trancón nos deja estáticos por largas horas y cosas por el estilo.

Pero cuando uno va a la realidad de los hechos, encuentra que la ciudad se está llenando de taches y reductores de velocidad; que en los conjuntos residenciales hay advertencias a los conductores para que manejen a 20 km porque usan los parqueaderos como pistas, y no puede haber una calle medio vacía porque metemos el acelerador a fondo. Nada de esto es gratuito; por el contrario, indica que, por mucho trancón que haya, cada vez nos gobierna más la cultura del afán y la velocidad.

El drama que viven y vivirán por el resto de sus vidas los familiares, amigos y conocidos de los tres jóvenes que perdieron la vida esta semana en la autopista Norte no tiene parangón. Da tristeza tener que escribir sobre el dolor ajeno que producen casos como este. Pero cuando se tienen hijos de la misma edad (aprendiendo a manejar, incluso) o cuando se cae en cuenta de que alguna vez, por alguna circunstancia, nosotros mismos hemos hecho de la velocidad un aliado momentáneo, entonces es mejor detenerse y reflexionar.

Si como todo parece indicar fue el exceso de velocidad lo que hizo que el vehículo en el que se transportaban los muchachos se saliera del camino y se partiera en dos, vale la pena preguntarse: ¿cuál es el bendito afán que nos asalta de repente?, ¿una cita?, ¿un compromiso?, ¿el pico y placa? Salvo que se trate de un caso de vida o muerte, lo que nos corresponde como conductores es transitar a la “velocidad adecuada”, como aconseja la fundación Despacio en un completo análisis sobre el asunto; esto es, conducir a una velocidad que nos permita reaccionar a tiempo ante un imprevisto. Superar los 50 km puede significar arriesgar la vida propia y la ajena.

Muchos de los incidentes de tránsito suceden por múltiples causas: estrés, afán, inexperiencia, imprudencia, etc. Pero creo que la principal de ellas es el desconocimiento de nuestro entorno urbano. Una cosa es andar por carretera, por megaautopistas, y otra por avenidas como las nuestras, en las que de repente se aparece un indigente, lo sorprende un ciclista, se le atraviesa un carretillero, surge un hueco, de la nada irrumpe un hundimiento o el charco del último aguacero o un perro callejero, cuando no es un peatón irresponsable.

Saber de antemano que a esto nos exponemos diariamente debería ser suficiente para andar con precaución, no confiarse en las horas valle o la noche –cuando más hechos lamentables se presentan–. Porque para muchos la noche pareciera ser sinónimo de rodar a más de 80 kilómetros por hora y vean lo que sucede.

Por esto mismo no hay que tomarse a la ligera las propuestas que invitan a conducir a menos de 50 km. Por esto mismo, no hay que ser ligeros al afirmar que en esta ciudad no hay cómo andar a altas velocidades, eso no es cierto. Las motos y los carros convierten un par de calles en circuitos para ‘levantar’ velocidades absurdas, sin advertir los peligros, para no hablar de los famosos piques clandestinos, que también arrastran una estela de tragedias sin que ello importe a sus promotores.

Todos los accidentes de tránsito en la calle son prevenibles, y si suceden es porque detrás de ellos hay un acto de imprudencia que, en el caso de Bogotá, suele ser la velocidad, la misma que hoy enluta a varios hogares solo por hundir el acelerador más de la cuenta.

¿Es mi impresión o… una cosa es hablar de la dosis mínima cuando se tienen hijos y otra cuando no se tienen?

ERNESTO CORTÉS FIERRO
erncor@eltiempo.com
En Twitter: @ernestocortes28

Sigue bajando para encontrar más contenido

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.