¿Camiones o cultura? / Voy y vuelvo

¿Camiones o cultura? / Voy y vuelvo

Dejemos de quejarnos y emprendamos acciones simples como el manejo responsable de los desperdicios. 

Nuevos camiones de aseo en Bogotá

Equipos de aseo para mejorar el servicio de recolección en la ciudad.

Foto:

Hugo Parra. EL TIEMPO

18 de agosto 2018 , 10:00 p.m.

Uno se alcanza a emocionar. Ver esos vehículos relucientes, esos hombres y mujeres con sus uniformes impecables, esos equipos sofisticados, esos camiones con GPS… Y entonces piensa que todo empieza a encarrilarse, que la promesa de un nuevo modelo de aseo toma forma, que –como ocurre con la Policía cuando les entregan motos, patrullas, radioteléfonos– la ciudad entra en una nueva era y que ahora lucirá más limpia y bonita.

Pero justo en el instante en que se hacían todos estos anuncios, frente a la Universidad Javeriana, una caneca rebosaba de desperdicios y los comerciantes del sector mantenían su rutina de dejar las bolsas sobre el andén. Un habitante rompió varias de ellas y toda la basura quedó expuesta. Otro, que no quiso comer la ensalada que algún alma caritativa le regaló, botó las sobras en la vía.

En la noche, el desencuentro entre la ciudad deseada y la ciudad noctámbula es total. Amparados en la oscuridad, restauranteros, comerciantes, pequeños locales y viviendas familiares descargan sus desperdicios a cual más. No importa que ya no pase el camión. No importa que lo haga al otro día.

Lo que prima es deshacerse de la bolsa con la basura que nosotros mismos producimos. “Alguien la recogerá”. “Para eso pago el servicio” –dirá la mayoría–. Si las rompe el perro, el indigente, el vándalo… de malas, ya no es asunto mío.

Y ese es el problema: de nada sirve que los operadores del aseo hayan invertido 170.000 millones de pesos en equipos y tecnología si no existe reciprocidad de la ciudadanía, es decir, si no nos duele abandonar la bolsa a su suerte en lugar de respetar horarios y días para sacarla. Peor aún: conozco casos de familias que hacen un arreglo a la vivienda y botan los escombros sobre el andén y allí permanecen hasta meses porque son incapaces de pedir el servicio para que se los lleven. “Alguien los recogerá”.

El de sacar la basura a tiempo, reciclar en casa, disponer un sitio para que los recicladores puedan hacer uso de ella, es de esas acciones que demandan poco, no cuestan nada y hablan muy bien del grado de cultura que hemos alcanzado. Y, sin embargo, no se percibe. Sé que estoy generalizando, pero basta recorrer zonas como el centro, Chapinero, Kennedy o Galerías para confirmarlo. Hasta se destruyen las canecas que instala la Administración.

Bienvenidos los nuevos camiones, las nuevas barrenderas, las nuevas volquetas y demás.

Sin duda, contribuirán al aseo, ¿pero y cuándo le daremos la bienvenida a la cultura del reciclaje?, ¿cuándo nos declararemos una sociedad que trata a la ciudad como a su propia casa?, ¿cuándo el ‘yo ayudo’ reemplazará al ‘me importa un culo’?

La gente se queja de Doña Juana, de las tarifas, de la suciedad. Yo en este momento lo estoy haciendo. Pero si dejáramos de quejarnos y emprendiéramos acciones simples como el manejo responsable de los desperdicios que, insisto, generamos nosotros mismos, tendríamos una razón menos para quejarnos y aportaríamos un grano de arena para hacer de Bogotá una ciudad más vivible.

Mejor aún: pregúntenles a sus hijos, nietos o a los jóvenes que tenga alrededor lo que piensan del medioambiente. Están más preocupados que nosotros y no queremos escucharlos.

Liberarse de la basura a toda costa es como quitarse una espinilla de la cara: se nota. Eso les pasa a los locales comerciales, al barrio donde se habita, al vecino que arroja la silla vieja al espacio público o al que no recoge las heces de su mascota; que por más que quieran evitarlo y disimularlo, siempre generarán comentarios negativos en su entorno y fuera de él.

Es urgente que desde la Alcaldía se redoblen las campañas que promuevan el reciclaje –parte de la estrategia del nuevo esquema de aseo–. Es urgente que se apliquen sanciones pedagógicas a quienes no están contribuyendo en ese sentido. Es urgente que los operadores del servicio de aseo aserien sus horarios y días de recolección. Y es urgente que tomemos conciencia de que con nuestras malas acciones estamos aportando para que la bomba de Doña Juana estalle en cualquier momento. Y entonces será tarde para quejarnos.

¿Es mi impresión o… los dueños de restaurantes, tiendas y almacenes también deberían responder por el pésimo comportamiento de sus mensajeros en la calle?

ERNESTO CORTÉS FIERRO
erncor@eltiempo.com
En Twitter: @ernestocortes28

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