La insólita vida de Domingo Valencia, pionero de la aviación en Bogotá

La insólita vida de Domingo Valencia, pionero de la aviación en Bogotá

A principios del siglo XX causaba sensación con sus actos de riesgo. Desde 1917 se perdió su pista.

La insólita vida de Domingo Valencia, pionero de la aviación en Bogotá

Periódicos de antaño, como ‘Gil Blas’, referenciaban a Domingo Valencia como un aeronauta. 

Foto:

Archivo particular

Por: Felipe Motoa Franco
11 de noviembre 2018 , 07:21 p.m.

“Valencia, el héroe de los aires. Se elevará mañana de 9 a. m. a 10 a. m. en Chapinero”, rezaba el extinto periódico El Reformador en una edición de 1907. La leyenda se acompañaba de la ilustración de un globo del cual cuelga un hombre, sostenido con sus piernas de un trapecio tipo circense.

Se trata de la memoria del acto que ejecutaba Domingo Valencia, aeronauta de principios del siglo pasado que causó sensación en las entonces provincianas ciudades de Bogotá, Medellín, Bucaramanga y, más tarde, en las vecinas capitales suramericanas. No solo ascendía al cielo en un globo de aire caliente, sino que lo hacía sin el cubículo o canasta de marras. Apenas con sogas y un travesaño se aventuraba hasta las nubes y a la suerte que dictaran los vientos.

Anclado a la tierra y con un fogón artesanal calentaba el interior de las telas, luego soltaba amarras y comenzaba su número. Las gentes se reunían para observar la hazaña y verlo navegar en el espacio aéreo, para luego de unos 20 minutos verlo aterrizar, “atejizar y hasta arborizar” en lugares imprecisos y caprichosos, se lee en el documento de archivo; desde ríos y lagos hasta cobertizos, jardines y carreteras.

“La mirada de los muchos espectadores seguían las caprichosas evoluciones del globo de nuestro compatriota, que sentado en el trapecio agitaba dos banderas colombianas. A encontrar el sitio –de aterrizaje– se dirigían miles, que por estar mirando –hacia arriba– se caían en zanjones y alcantarillas”, recordaba el suplemento literario de EL TIEMPO un 14 de febrero de 1954, luego de 37 años de la misteriosa desaparición de Domingo, de quien no se volvió a tener noticias desde 1917.

Anclado a la tierra y con un fogón artesanal calentaba el interior de las telas, luego soltaba amarras y comenzaba su vuelo. Las gentes se reunían para observar la hazaña

En ese último año que se supo de su paradero había retornado de Santiago de Chile, donde se residenció por siete años y en donde sin hacerse rico pudo medrar en lo económico. A su retorno a Colombia, el periódico vespertino Gil Blas lo entrevistó.

Ahora pienso dedicarme a la aviación científica; si el Gobierno me ayuda, iré a los Estados Unidos y aprenderé a manejar los aeroplanos... Creo que en poco tiempo podré prestar a mi patria importantes servicios”, comentó el héroe popular, que para aquel entonces debía rondar los 40 años de edad.

El globonauta se crió en Pácora (hoy municipio de Caldas) y a sus 22 años ya sabía de gimnasia y de vuelos. Su contextura era delgada, más bajo que alto, de tez morena y poseedor de un mostacho que le rozaba los pómulos. Más o menos así lo describían en las reseñas de los pasquines que por aquellos tiempos circulaban por las fangosas calles de Bogotá.

“La tierra se ve pareja a gran distancia, y los hombres, de 300 a 500 metros de altura, se ven como unos puntos negros nada más. Hasta los 500 metros alcanzó a oír la vocería, pero de ese punto en adelante desaparece todo ruido de locomotoras, música, campanas y voces humanas, quedando sumergido en un gran silencio”, le contó a un periodista que lo entrevistó antes de uno de sus vuelos en la vieja Santa Fe de Bogotá.

Clavículas desencajadas, brazos y piernas rotas, así como puntos de sutura desde la mollera hasta la punta de los pies fueron las marcas registradas que por años cosechó Domingo en alrededor de 600 aventuras aéreas que no pocas veces terminaron con aterrizajes atropellados.

Domingo Valencia, pionero de la aviación en Colombia

Registros gráficos de principios del siglo XX muestran las proezas de Domingo Valencia en los cielos bogotanos. 

Foto:

Archivo particular

Memoria

Esos datos y referencias han sido rescatados del polvo por el escritor e investigador Andrés Ospina, quien este 2018 ha trabajado en el proyecto ‘En busca de Domingo el Aeronauta’, que obtuvo la beca de la Biblioteca Nacional para el uso creativo del patrimonio bibliográfico y documental.

Su propósito ha sido construir una plataforma multimedia, junto con la artista visual Carolina Robledo y otros creadores, que a la final se condense en una gran pieza documental en memoria de aquel hombre digno de película.

“Queremos construir su memoria –y tratar de establecer con investigación a fondo qué fue de su existencia–. Ya tenemos la web domingoelaeronauta.com, plataforma en la que te cuentan quién fue el hombre, y se expone material de archivo”, explica Ospina, quien invita a la gente a visitar la página y a unirse a la iniciativa.

Entre tanto, las piezas bibliográficas y fotográficas reviven cada vez que un observador las aprecia. Por ejemplo, un poema firmado por el mismísimo Rafael Pombo, que se titula Aeronauta de la caridad, en alusión a los muchos números que realizó Domingo en beneficio de enfermos y desamparados: “¡Poeta en efectivo! Cuántos tales/ no nos traen de sus cumbres ideales/ sino música ociosa o vago anhelo / Tú, con tu bomba, haces llover del cielo / maná para los pobres, tus iguales”.

FELIPE MOTOA FRANCO
BOGOTÁ
​ En Twitter: @felipemotoa

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