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Ventas callejeras debilidad e improvisación / Opinión
San Victorino en diciembre

San Victorino en diciembre

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Mauricio Moreno / EL TIEMPO

Ventas callejeras debilidad e improvisación / Opinión

Si bien tras las ventas ambulantes hay un fenómeno social, ello no implica descuidar la autoridad.

Debilidad e improvisación. Es la sensación que queda después de ver que lo pretendía ser una buena iniciativa para resolver los problemas de ocupación del espacio público, terminó abriéndole camino a la regulación de las ventas ambulantes, sin mayor criterio técnico.

(Además: Un plan más allá de la coyuntura / Opinión)

El cambio de posición de la Administración Distrital frente a la polémica resolución 1183, que regula el uso de cilindros de gas en las ventas callejeras, demuestra que aún no se ha entendido el problema en sus correctas proporciones ni se han dimensionado sus impactos negativos.

Para empezar, es importante reconocer que el interés general prima sobre el particular, sin que ello signifique vulnerar el derecho al trabajo.
Si bien detrás de las ventas ambulantes hay un fenómeno social y de marginalidad evidente -pues, en varios casos, es la única estrategia de subsistencia para muchos bogotanos-, ello no implica descuidar el ejercicio de la autoridad sobre las condiciones en las cuales se realiza dicha actividad.

(Lea también: Espaldarazo del Concejo al Plan de Desarrollo de López)

Se estima que 83 mil personas trabajan en las calles, principalmente en las zonas del Centro, Chapinero, Restrepo y Kennedy. Algunos son vendedores ocasionales, otros permanentes y comercializan todo tipo de mercancías y alimentos.

En el caso particular de las ventas de comida, el problema se vuelve aún más complejo. Primero, por la manipulación de alimentos en vía pública, con poca posibilidad de garantizar adecuadas condiciones de higiene. Segundo, por el uso de cilindros de gas para la cocción de alimentos como hamburguesas, perros calientes, arepas, pinchos y lechona, entre otros, con sus consabidos riesgos de seguridad. Y tercero, por la aglomeración de personas alrededor de los sitios de venta.

Adicionalmente, estas ventas generan cantidades considerables de residuos y desperdicios que se desechan de forma desordenada en las calles, situación que deteriora aún más el espacio público.

La forma en que hoy opera este tipo de actividad ambulante representa un riesgo para la salud humana por sus bajas condiciones sanitarias, y más en tiempos de pandemia. Además, la posibilidad que una mala manipulación de los cilindros de gas termine en una tragedia.

Por ello, es importante y necesario regular las ventas callejeras y no echar para atrás aquellas medidas que permiten mejorar las condiciones en que se ejerce este comercio en pro de la seguridad y el cuidado del espacio público, sin vulnerar el derecho a trabajar.

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Ómar Oróstegui
Director Futuros Urbanos
Twitter: @OmarOrostegui

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