Vivir pensando en que el resto del mundo se va a burlar de ti

Vivir pensando en que el resto del mundo se va a burlar de ti

Mario nos cuenta cómo ha vivido con fobia social desde que era un niño de 6 años.

Vivir pensando en que el resto del mundo se va a burlar de ti

Mario ha sufrido de trastorno de ansiedad social desde los 6 años. Hoy solo quiere ser tratado de forma adecuada.

Foto:

Fotoilustración: Carol Malaver

Por: Carol Malaver
13 de marzo 2020 , 06:26 a.m.

Mario*, de 29 años, creció siendo el penúltimo de una familia poco convencional. Su padre tuvo una relación consentida con su madre y su tía y los tres forjaron una familia de 12 hermanos. Eso sí, era una especie de secreto que se guardaba con respeto y que nunca hizo parte de una conversación social.

Su niñez fue normal, excepto porque a los 6 años comenzó a sentir un miedo intenso por los mayores que se manifestó, por primera vez, el día en que quiso ir a una tienda de videojuegos. “Me veo pequeño, asomándome por un esquina de la tienda. Cada vez que un tipo me decía: ‘Venga, entre’, yo salía corriendo despavorido”.

Enfrentarse a las demás personas era un escenario impensable a su corta edad, y si se trataba de mujeres, la cosa empeoraba. Era una bola de nieve que crecía día tras día, arruinando su vida. Paradójicamente, en el interior de su familia era alegre, extrovertido, era como si tuviera una doble personalidad.

Me veo pequeño, asomándome por un esquina de la tienda. Cada vez que un tipo me decía: ‘Venga, entre’, yo salía corriendo despavorido 

Enfrentarse a las demás personas era un escenario impensable a su corta edad, y si se trataba de mujeres, la cosa empeoraba. Era una bola de nieve que crecía día tras día, arruinando su vida. Paradójicamente, en el interior de su familia era alegre, extrovertido, era como si tuviera una doble personalidad.

(Le puede interesar: 'Un día mi jefe me dijo que olía feo, que si era yo’)

Mario estudió en un colegio distrital. Los comienzos de año lo invadían de un miedo inexplicable y un deseo inmediato de, literalmente, salir corriendo. Presentarse frente a todo el salón era terrorífico. Su corazón comenzaba a palpitar, su rostro se enrojecía, sudaba y, acto seguido, en su cabeza comenzaban a aparecer imágenes de burla, de señalamiento. “Cada vez que cambiaba de curso el problema se iba recrudeciendo. Lo único que buscaba siempre era tratar de acercarme a los estudiantes que conocía desde la primaria. A algunas personas les puede sonar algo superficial relacionado con una personalidad tímida, pero para mí era una pesadilla”.

Vivir pensando en que el resto del mundo se va a burlar de ti

Mario trata de salir de su enfermedad haciendo deporte y meditando.

Foto:

Archivo particular

Fue aún peor a los 13 años, cuando se fue con su mamá a vivir a otra ciudad del país. “Mi papá y mis hermanos se quedaron con mi tía y a mí me tocó enfrentarme con gente totalmente desconocida. Entraba a noveno y solo me imaginaba el momento en que me preguntaran de dónde venía y eso para mí era terrible, terrible”. Solía sentarse en los puestos de atrás para exponerse lo menos posible a las preguntas. No podía poner atención a clase ni a sus compañeros. Sus pensamientos se centraban en tratar de asimilar el momento exacto en que le tocara reaccionar. La ansiedad y el desespero lo invadían.

Luego el sentimiento se incrementó a la hora de relacionarse con mujeres. “Si yo veía a un grupo que estaba con una niña, me escapaba. Para hablar con amigas tenía que haberlas conocido de mucho tiempo atrás”. Todas esas reacciones venían después de un pensamiento pesimista en donde todos, a su lado, se le burlaban. Una exposición o una actividad en grupo era una tortura antes, durante y después.

Si yo veía a un grupo que estaba con una niña, me escapaba. Para hablar con amigas tenía que haberlas conocido de mucho tiempo atrás

A los 14 años, de nuevo en Bogotá, lo obligaron a participar en una actividad que se llamaba cara a cara. Una joven lo señaló como el escogido para decirle unas palabras. “Me dijo que yo le parecía atractivo, pero que tenía que hablar más”. Su reacción inmediata fue alejarse, sentarse en su puesto y taparse la cara hasta que se fueran todos. Mientras unos se reían y otros permanecían callados, la joven quedó impresionada con su reacción.

Los últimos años de colegio quedaron marcados por su capacidad para evadirse de todo. “Me inventé una excusa para no ir ni a la excursión ni al grado. Nunca fui a fiestas, pero, claro, todo eso hacía un hueco en mí”.

Mario prestó servicio militar, fue una experiencia poco traumática porque estar aislado era una condición normal en su vida, pero luego, cuando se volvió a enfrentar a la rutina, regresaron los problemas. “Empecé a trabajar en un almacén de cadena a los 20 años. Era operador logístico y me tocaba laborar con mujeres. Por eso, cuando armaban salidas inventaba cualquier cosa para evadirme”.

(Lea también: ‘Me tocó dejar el duelo de lado para investigar quién mató a mi hija’)

Lo mismo le pasó en una empresa de confecciones en donde compartía las jornadas con mujeres mayores. Solía demorarse en sus tareas para almorzar en completa soledad. Ya tenía 22 años. “Ahí tuve una relación con una joven, pero porque ella me buscó a mí. Con ella fue más fácil lidiar con mi problema hasta que las cosas se arruinaron”.

Me inventé una excusa para no ir ni a la excursión ni al grado. Nunca fui a fiestas, pero, claro, todo eso hacía un hueco en mí 

Y se acabaron por lo mismo, porque este joven le huía a cualquier contacto social con la familia de su novia. Siempre había que trabajar o estudiar. Esa era la excusa perfecta para evadir cualquier invitación. “Cuando me terminó, la depresión fue muy fuerte. Eso hizo que, por primera vez, yo comenzara a leer. Me di cuenta de que lo mío no era solo timidez, sino un problema serio, que la gente normal no se comportaba como yo”.

Lo malo es que ese despertar lo llevó a automedircarse. “Averigüé sobre un medicamento por internet que bloqueaba la reacción de mi corazón. Lo empecé a tomar cada vez que tenía un acto social o una exposición. Justo una hora antes para que hiciera reacción en el momento adecuado”. Pasó lo que tenía que pasar, ocho meses después se volvió inmune al medicamento y ya no le generaba ningún efecto. Y además ponía en riesgo su vida.

Una cosa lo llevaba a la otra y así terminó consumiendo ácidos. Durante esa época pasaba los fines de semana en casa de un conocido y se sumergía en la alucinación porque, decía, para ese entonces era lo único que lograba desconectar su cerebro de la realidad que lo carcomía. “Así duré un año mientras estudiaba sistemas. Todo terminaba por ser insuficiente para ayudarme”.

Mario seguía leyendo de su problema hasta que, por primera vez, y ya con otro trabajo y un mejor sueldo, contrató los servicios de una profesional. “Cada sesión me costaba 80.000 pesos. En la primera reunión no pasó nada, en la segunda me hizo llorar porque recordé mucha felicidad en mi infancia y luego cómo todo se destruía. Pero deje de ir porque sentía que aparte de hablar, no tenía ningún otro avance, creo que ella quería encontrar un recuerdo bloqueado, el momento exacto de la fuga”.

Trabajaba de noche. Cuando llegaba a mi casa comencé a tomarme una cerveza para poder dormir. Luego tenía que consumir un sixpack para acostarme prendido y olvidarme de todo

Mario pasó de ese episodio a uno de alcoholismo. “Trabajaba de noche, de 10 de la noche a 7 de la mañana. Cuando llegaba a mi casa comencé a tomarme una cerveza para poder dormir. Luego tenía que consumir un sixpack para acostarme prendido y olvidarme de todo. Ya tenía 27 años, duré tres meses así”.

Mes a mes, este joven prueba de todo para salir de su problema. Lo último fue la meditación. “Me ha servido. Creo que ya no soy tan esquivo”. Pero aún lo embarga esa sensación de miedo repentino sin ninguna causa aparente. Dura una hora y luego se normaliza.

Trata de convivir con su problema, incluso ha aprendido a llenar test psicológicos para conseguir trabajo. “Si contesto lo que yo pienso, me tiro las oportunidades. Cuando lo hago sale siempre: persona aislada”. Mario ha superado algunas cosas, otras no. Le es más fácil hablar en público, relacionarse, pero aún le cuesta trabajo hablar de sus problemas y conciliar el sueño. “Llegué a documentarme sobre el suicidio asistido, pero no es una opción para mí. Quiero encontrar un tratamiento”.

Todo esto ha pasado en la vida de Mario en medio del total desconocimiento de su familia. Su vida es como una rueda suelta desde que todo comenzó, ahora sabe que la relación de sus padres pudo incidir en algo de su comportamiento, pero desconoce en dónde y por qué comenzó todo. “A los que nunca han tenido una enfermedad mental les digo que esto parece un chiste, pero que cargar toda la vida con esto, sin una cura, no es fácil”.

Trastorno de ansiedad, el miedo a la evaluación social
Trastorno de ansiedad, el miedo a la evaluación social

ndrea Monroy, psicóloga clínica, especialista y magíster de la Fundación Universitaria Konrad Lorenz.

Foto:

Carol Malaver

De acuerdo con Andrea Monroy, psicóloga clínica, especialista y magíster de la Fundación Universitaria Konrad Lorenz, docente e investigadora universitaria, a partir de la última publicación del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales DSM-5, el caso en mención ya no se considera fobia social, sino que es más preciso referirse a este como trastorno de ansiedad social, teniendo en cuenta que describe síntomas como el miedo, no a las personas, sino a la evaluación social que pueden hacer otros sobre el comportamiento de una persona.

La experta manifestó que el caso más usual de este trastorno es cuando a un hombre o mujer le da ansiedad en el momento de exponer algo en público, frente a un grupo indeterminado de personas. “En ese momento llegan esas ideas de me voy a equivocar, se van dar cuenta de que estoy ansioso, se van a dar cuenta de que me están temblando las manos, y eso entorpece las acciones de las personas o, en casos más crónicos, hace que la persona deje de estar en esos contextos sociales”.

En ese momento llegan esas ideas de me voy a equivocar, se van dar cuenta de que estoy ansioso, se van a dar cuenta de que me están temblando las manos

Monroy dijo que este trastorno es incapacitante dependiendo de las características de cada caso. “Hay, por ejemplo, unas variables históricas y factores de riesgo presentes. Habría que mirar si en la familia del paciente hay antecedentes de enfermedad mental porque esto lo haría más grave y más incapacitante”.

También es importante evaluar si los pacientes con esta enfermedad han experimentado episodios de violencia intrafamiliar o abuso.
Todos esos aspectos pueden influir en que un trastorno de esta índole sea más grave. “Cada caso se avalúa de una forma particular”.

Monroy explicó que automedicarse cuando se padece de un trastorno mental es muy delicado. “Esa es una dinámica que se está presentando de forma reciente por el fácil acceso a la información en internet, pero conocer esa información sin contexto, sin la orientación de un profesional en psicología o psiquiatría puede llevar al paciente a utilizar métodos que pueden resultar en efectos más adversos que en beneficios. Puede generar enfermedades médicas o incluso el mal uso de un medicamento puede activar otras enfermedades mentales”.

Aunque la información hallada en internet, dice la experta, puede tener efectos en el cuerpo, a largo plazo el paciente no va a aprender a enfrentar la enfermedad, que es lo que se busca hacer en un proceso psicológico.

Por último, la experta les recomienda a quienes sufren de este trastorno romper el tabú y asistir a la consulta psicológica. “El que va no es el que está loco, sino el que es valiente y asume que tiene algo que puede mejorar, y cuanto más rápido vaya, mejor, porque se pueden encontrar soluciones más efectivas. Con el paso del tiempo se requerirán atenciones interdisciplinarias, no solo de psicología, sino de psiquiatría. Por eso es importante asistir y consultar con las EPS o instituciones certificadas para el tratamiento de la salud mental”.

CAROL MALAVER
SUBEDITORA SECCIÓN BOGOTÁEscríbanos a carmal@eltiempo.com 

* Nombre cambiado por solicitud del protagonista.

Descarga la app El Tiempo

Noticias de Colombia y el mundo al instante: Personaliza, descubre e infórmate.

CONOCE MÁS
Sigue bajando para encontrar más contenido

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.