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Un rescate urgente y necesario / Voy y Vuelvo
Protestas en el Portal 20 de julio

Buses del portal del 20 de julio de TransMilenio.

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Mauricio Moreno. EL TIEMPO

Un rescate urgente y necesario / Voy y Vuelvo

Buses del portal del 20 de julio de TransMilenio.

Salvar TransMilenio es prioridad. Constituye parte esencial de la productividad y reactivación.

Siguen las buenas maneras entre la alcaldesa Claudia López y el Gobierno Nacional. Al respaldo para su segunda línea de metro y la firma del documento Conpes para sacar adelante obras clave para la movilidad entre la ciudad y Cundinamarca, se sumó este viernes el anuncio de que el Ejecutivo financiará el 50 por ciento del déficit fiscal que hoy tiene el sistema de transporte masivo y que llega a dos billones de pesos.

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Es una buena noticia para la ciudad, sin duda. La pandemia trajo como consecuencia una disminución en el número de usuarios de transporte público y el golpe para las arcas de TransMilenio fue brutal. Y lo peor es que sigue. Pese a que la Alcaldía autorizó un incremento en el porcentaje de pasajeros que podían hacer uso de buses articulados y zonales, lo cierto es que la ocupación de estos no supera el 70 por ciento, en la mayoría de los casos, con lo que la crisis se sigue profundizando. Los ciudadanos han optado por otros medios, como la bici o, peor aún, el carro y la moto.

Transporte, se dio el aval para que el sistema pueda tener un respiro, es deber del Concejo de la ciudad hacer lo propio: aprobar el proyecto de rescate social presentado por la alcaldesa Claudia López que contempla, entre otras ayudas, un paquete por un billón de pesos para el sistema, que se sumaría a los 1,6 billones ya anunciados por el Ejecutivo. No hay que meterles mezquindad ni afán politiquero a los estragos que deja la pandemia.

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Salvar TransMilenio es prioridad porque constituye parte esencial de la productividad y reactivación de la ciudad, los concejales lo saben de sobra y sus electores también. Ahora bien, ese rescate debe ir acompañado de otras acciones no menos importantes. Se entiende que la administración haya optado por no subir tarifas en plena pandemia, pero sí habría podido –y aún puede– adelantar otras acciones para ayudar a las finanzas del servicio.

La más evidente es la lucha frontal contra los colados, que ya volvieron práctica común robarle a TransMilenio sin sonrojarse. Es tal el descaro que se normalizó ver a personas de cualquier edad atravesar las vías para subirse a las estaciones sin que nadie diga nada. Esto nos cuesta a los bogotanos alrededor de 200.000 millones de pesos al año. O más. ¿Es que no nos duele? El tema de los colados no es nuevo y está sobrediagnosticado. Lo que ha faltado es acción de las autoridades para impedir semejante desangre. De nada sirve que el Gobierno Nacional se meta la mano al dril y que la Alcaldía ponga plata del presupuesto regular para ayudarle al sistema si, por otro lado, no se hace un esfuerzo mayor. Y la ciudadanía también tiene que entender que se necesitan acciones concretas para combatir este mal en lugar de tanta quejadera porque ponen perros con vigilantes o porque la policía ejerce su autoridad.

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Y lo otro es el mejoramiento de su infraestructura. TransMilenio es símbolo de la ciudad. Es referente para propios y extraños. Sin embargo, recorrer sus estaciones y portales hoy día da verdadera tristeza. No hay mucho de qué sentirse orgulloso después de ver el lamentable estado en que lo dejaron los vándalos. Se ensañaron contra el sistema como si con ello fueran a conseguir aceptación a sus reclamos. Todo lo contrario: el ataque sistemático a TransMilenio solo ha generado indignación y repudio hacia sus agresores.

La teoría urbana enseña que cuando se abandona un bien, ya sea público o privado, este termina por ser atacado por los mismos ciudadanos hasta destruirlo completamente. En consecuencia, no atender con prontitud los daños que se le han ocasionado a TransMilenio lo convierte en un espacio que no solo se puede seguir vandalizando sino que, a la larga, termina por generar miedo, desesperanza y pesimismo entre una ciudadanía cansada ya de tanto ultraje y tanto pillaje sin justificación.

ERNESTO CORTÉS
EDITOR GENERAL DE EL TIEMPO
En Twitter: @ernestocortes28

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