Tarde de frío / Escribano

Tarde de frío / Escribano

Una muy buena faena del andaluz Manuel Escribano al quinto toro de la tarde, que al final se rajó.

Plaza de toros

La plaza de Toros La Santamaría.

Foto:

John Cerón. EL TIEMPO

Por: Antonio Caballero
10 de febrero 2020 , 09:59 p.m.

Fría tarde, tanto por el clima como por la asistencia: la plaza estaba medio vacía. Era una terna de toreros banderilleros, que demostraron a las carreras su condición de atletas. Toreo hubo menos.

Una muy buena faena del andaluz Manuel Escribano al quinto toro de la tarde, que al final se rajó y no se dejó cuadrar para la muerte hasta que el torero lo cazó de un feo bajonazo, perdiendo así las orejas que había ganado con la muleta. Dio una vuelta al ruedo, merecida sin duda, pero no pedida por el público: por su propia cuenta.

El tercero, en cambio, un bello jabonero sucio al que recibió de rodillas con dos largas cambiadas, pareció bravo en la pelea con el caballo pero se rajó en la muleta y huyó en busca del túnel de toriles, donde el torero intentó en vano sacarle algún pase.

Los toros fueron bien presentados (aunque disparejos, por venir de distintos encastes). Y hubo uno de verdad bravo: el colorado segundo, al que su matador el santandereano Sebastián Vargas dejó en los medios para el caballo. Y de los medios se arrancó al galope por dos veces, derribando al picador. Hubiera podido dar un buen espectáculo en la muleta si Vargas no hubiera enfriado una y otra vez la faena con largas pausas innecesarias, que aburrieron al toro. Al cuarto lo trató mejor, con buenas tandas y un excelente espadazo bajo la lluvia.

Al joven venezolano Jesús Enrique Colombo, que confirmaba la alternativa, le tocaron el toro más grande y el más chico del encierro, primero y sexto. Al primero no le dio ni un pase, ni el toro lo tenía: era un mulo. Salió al ruedo anunciando su mansedumbre con una nube de polvo de la tierra que se había echado en los lomos escarbando en los chiqueros. Tras un par de trapazos, Colombo fue a las barreras en busca del estoque de matar. El último de la tarde le permitió al principio algún lucimiento, pero también acabó rajándose.

En resumen: un toro bravo que no encontró en Vargas un torero a su altura, y una excelente faena de Escribano mal rematada con la espada. Y mucha lluvia durante la segunda mitad de la corrida.

ANTONIO CABALLERO
Especial para EL TIEMPO

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