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‘Aun las peores heridas del conflicto armado pueden empezar a sanar’
Familiares de secuestrados por las Farc en Colombia

Madres y familiares de los policías, soldados y civiles secuestrados por las Farc se hicieron presentes en la Plaza de Bolívar.

Foto:

Felipe Caicedo / Archivo EL TIEMPO

‘Aun las peores heridas del conflicto armado pueden empezar a sanar’

La Comisión de la Verdad exploró la fractura humana y social que causó el secuestro.

El secuestro en Colombia, una práctica de más de 40 años ocurrida como parte del conflicto armado, cambió para siempre la vida familiar, económica y emocional de las víctimas y sus familias, y de paso provocó una fractura profunda en la sociedad.

“Necesitamos recuperar nuestra humanidad. Sufrimos todos, tanto víctimas como victimarios, como la sociedad colombiana. Sufrimos un proceso de deshumanización en medio del conflicto. La victimización se ha repetido. Muchas veces, las víctimas terminamos como culpables”, dijo Ingrid Betancourt el pasado miércoles 16 de junio en un evento con militares.

(Lea además: Ingrid Betancourt irá a cita en Comisión de la Verdad sobre secuestro)

Una reflexión como preámbulo al ‘Reconocimiento de responsabilidades sobre secuestro por parte de la antigua guerrilla Farc-Ep’, promovido por la Comisión de la Verdad, que se realizará el próximo 23 junio y en el que víctimas y exintegrantes de esta guerrilla se encontrarán.

Para Marta Ruiz, comisionada de la Verdad, el mensaje que se quiere dejar al país con estos espacios de escucha donde convocan a las víctimas y a los responsables “es que aun las peores cosas que han ocurrido en el marco de la guerra en Colombia, aun las peores heridas, se pueden empezar a sanar si hay disposición de escuchar, de abrir el corazón, de reconocer los errores y de aceptar que el pasado es muy doloroso, pero que vamos a tener que convivir todos”, y añadió que, precisamente, el llamado es a aprender de esas experiencias dolorosas para que el futuro sea distinto: “Que prácticas como el secuestro se conviertan en intolerables para cualquier persona de la sociedad colombiana”, enfatizó la comisionada.

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Volver a la humanidad
Foto:

Archivo EL TIEMPO

El secuestro significa la suspensión de
la vida familiar;
todo es un asunto pendiente, porque lo importante es lograr la liberación

Haber sido inmovilizados, en algunos casos amordazados, vendados, amarrados a árboles, con cuerdas o con cadenas, los tratos inhumanos, la intimidación, la absoluta vulneración del derecho a la intimidad y el aislamiento, con sus días y sus noches, dejó huellas imborrables en los secuestrados.

En un informe elaborado por la Comisión de la Verdad en el que se analizan testimonios y entrevistas con víctimas sobrevivientes, familiares de asesinados y desaparecidos en cautiverio, además de responsables de estos hechos, se explica el secuestro como “un crimen contra la intimidad y el amor filiales” en el que se acabaron los proyectos personales y familiares y se quebraron los patrimonios y la estabilidad económica de las familias.

“Los relatos han mostrado el sufrimiento sobre sus cuerpos, su psiquis, el quiebre del espíritu y la vulneración de la dignidad humana”. Sobrevivir, recuperar la libertad, por fuga, liberación o rescate, no significó recuperar sus vidas; para muchos implicó el exilio, el autoaislamiento y la estigmatización social.

“La Comisión de la Verdad tiene la capacidad de comenzar a enmendar esto, de devolvernos el sentimiento de ser humanos, de reconocernos. Ese es un proceso que estamos iniciando”, reflexionó Ingrid.

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‘Rescate sí, rescate no’

Del total de secuestros cometidos por todos los actores armados en el marco de la guerra, entre 1958 y 2018, fueron secuestradas 37.128 personas, según datos de la Comisión

En las camisetas blancas que vestían algunos de los manifestantes durante las marchas por la paz y en contra del secuestro, entre los años 2007 y 2008, se leían mensajes como: ‘No al rescate a sangre y fuego’, ‘No más secuestros’, ‘Démosle la cara al secuestro y a la desaparición’; esas camisetas ‘hablaban’ del dolor de las madres y familias por sus seres queridos secuestrados y, sobre todo, clamaban por que les respetaran la vida tanto los victimarios como el Estado que se proponía rescatarlos.

Tal fue la degradación a la que se llegó durante el conflicto armado, según la Comisión de la Verdad, que no se tuvo en cuenta la condición humana. Por una parte, la guerrilla podía ordenar la muerte de los secuestrados, en caso de que fueran sorprendidos por una operación militar. De otro lado, el Estado ordenaba hacer rescates a sangre y fuego, a pesar de que las personas podían perder la vida. En este sentido, una reflexión: ¿en qué momento la vida de civiles en condición de secuestro podía depender de una decisión de guerra?; una premisa que resonó en varias las movilizaciones sociales de la época.

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Por eso, además del dolor que acompaña a quienes sobrevivieron al cautiverio (porque fueron liberados, rescatados o se fugaron), está el duelo de los familiares de aquellas personas que quedaron enterradas en la inmensidad de la selva luego de una muerte en cautiverio o una desaparición; hoy, sus familiares continúan la búsqueda y siguen reclamando ese derecho a la verdad, a conocer lo que pasó y la ubicación de los cuerpos.

Para la Comisión, “el secuestro ha sido tan solo una de las prácticas que han consumado la ruptura profunda del lazo que nos une como colombianos y como seres humanos. La consumación de la guerra llevada a niveles de barbarie por el odio ideológico o el interés de doblegar al enemigo militar, al enemigo político, al enemigo de clase”.('No es cierto lo que afirma la procuradora Cabello': Carrillo responde)

¿Por qué secuestraban?

A mi papá lo secuestraron sin tener ni idea de quién era. Fue por su camioneta. Luego supieron quién era, y lo volvieron un secuestro político

“A mi papá lo secuestraron sin tener ni idea de quién era. Fue por su camioneta. Luego supieron quién era, y lo volvieron un secuestro político”, contó una víctima para constatar el sinsentido al que se había llegado con esta práctica.

Según miembros de la antigua guerrilla, las principales finalidades de los secuestros fueron: el intercambio humanitario por prisioneros de las Farc-Ep que se encontraban en las cárceles; la financiación, encaminada a garantizar el sostenimiento, crecimiento y expansión de la organización, y la utilización de los secuestrados como escudos humanos para garantizar la seguridad de la organización guerrillera en los territorios donde operaba.

Según datos de la Comisión, del total de secuestros cometidos por todos los actores armados en el marco de la guerra, entre 1958 y 2018, fueron secuestradas 37.128 personas. Sin embargo, para el año 2018, esta práctica había disminuido en un 90%.
De otro lado, 57 % de los casos fueron por razones económicas, el 7 % se refirió a razones políticas, y no se ha podido establecer la finalidad del secuestro para el 40 % de los casos.

En la primera de las premisa, por razones económicas, el secuestrado corría el riesgo de ser asesinado si no pagaban por su rescate, como lo relató una de las víctimas. “Me decían: ‘Si son retenidos económicos y no pagan, no los podemos tener eternamente’ ”.
Y, aunque el porcentaje de secuestros por razones económicas se ubica en primer lugar, en testimonios recogidos en el informe de la Comisión, exintegrantes de las guerrillas afirmaron que la principal fuente de financiación para ellos era el narcotráfico y que los ingresos por retener a las personas servían para apoyar a tropas necesitadas de recursos: “Según el contexto territorial y sociopolítico, las retenciones económicas se convirtieron en recurso temporal de supervivencia de tropas guerrilleras que se encontraban en dificultades económicas por el cerco militar”, dijo un responsable.

Por otra parte, era un método utilizado por los cabecillas para endurecer a la tropa, en la medida en que demostraban la capacidad de doblegar al ‘enemigo’ y, a la vez, permitía mantener la cohesión de grupo a partir de la complicidad frente a una práctica inhumana.

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En conclusión, la guerrilla secuestró con fines económicos, políticos, militares y estratégicos como el intercambio humanitario de prisioneros de las Farc, la utilización de los secuestrados como escudos humanos para garantizar su seguridad y su intención de castigar a quienes consideraba los enemigos de sus propósitos de pensamiento y accionar militar.

Pero la degradación e inhumanidad a las que se llegó con esta práctica implicaron la deslegitimación de la guerrilla por la sociedad; de ahí que el informe de la Comisión haga referencia a una reflexión hecha por los mismos excombatientes: “La gran derrota política de las Farc” no fue solo su adhesión al narcotráfico, sino la utilización del secuestro como estrategia de guerra, cuya degradación obligó a las Farc, el 26 de febrero de 2012, a anunciar el fin de la práctica del secuestro.

Paso definitivo para darles la cara a las víctimas y sus familias y reconocer que esa práctica inhumana no tuvo justificación alguna.

Ingrid Betancourt, quien estará presente en el encuentro organizado por la Comisión el próximo 23 de junio, recuerda: “Pronto vamos a tener un acto reconocimiento de secuestro con las Farc que es muy duro para mí. Va a ser un ejercicio muy responsable, y esperamos poder avanzar juntos todos en este proceso”.

Lo que esperan las víctimas de los responsables

Para las víctimas*, escuchar la verdad significa que no se quede oculta, que sea reconocida por la sociedad hasta lograr la sanción moral y la sanación; es determinante que den la cara a las víctimas y al país, para que ellos mismos y la sociedad puedan comprender e interiorizar el daño que les causaron.

“Quiero que me lo entreguen y que pongan en limpio el nombre de mi padre en público”, pide una de las víctimas.

De ahí que entre los muchos puntos que reclaman estén la exposición de las razones por la cuales secuestraron, asesinaron o desaparecieron; abordar las circunstancias y las forma como secuestraron, mataron o desaparecieron.

“Hemos entendido que no es cierto que en la guerra se puede hacer de todo o todo es válido. Tenemos que decir que esto nunca debió haber pasado”, dijo uno de los responsables*.

En el caso de los desaparecidos, que aporten a la búsqueda y ubicación de los restos de los familiares. “Nos arrebataron el derecho al goce de una madre, una mujer luchadora y dedicada a su familia, pero también de una líder de región y a un país”, afirmó otra de víctima.

También quieren esclarecer quién o quiénes dieron las órdenes de secuestrar y de asesinar o desaparecer a los secuestrados.

Implica reconocer que, además, secuestraron a niños y niñas y adultos mayores en condiciones de alta vulnerabilidad, y el daño que les hicieron a las familias, incluyendo el esfuerzo que estas han hecho para buscar y encontrar a los secuestrados y a los desaparecidos.

* Víctimas y *responsables que entregaron su testimonio a la Comisión de la Verdad en espacios públicos y privados.

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'Lo que hicieron no tuvo ninguna justificación'

Marta Ruiz, comisionada de la Verdad, dice en entrevista que "el mayor gesto de reparación es que realmente haya humildad para reconocer que lo que hicieron no tuvo ninguna justificación".

¿Cómo deberían aportar los responsables para reparar a las víctimas y a la sociedad?

Fundamentalmente, con la verdad y con el reconocimiento del daño que causaron. Yo creo que el mayor acto de reparación es dejar esa práctica, que para el caso de Farc ya está abandonada desde antes de firmar el acuerdo de paz.

Otra manera de reparar es construyendo o reconstruyendo algún tipo de empatía con las víctimas por el trato recibido durante el cautiverio y por la manera como se cosificó a los seres humanos en la lógica transaccional que hay dentro de todos los secuestros.
Además, deben reparar a las víctimas y sus familiares dando información sobre el paradero de las personas que fueron desaparecidas y diciendo la verdad sobre quienes murieron en cautiverio.

Pero el mayor gesto de reparación es que realmente haya humildad por parte de los exguerrilleros para reconocer que lo que hicieron no tuvo ninguna justificación.

¿De qué les sirve a las víctimas y a sus familias entender las razones políticas e ideológicas detrás de la práctica del secuestro?

Lo primero es que la comprensión del secuestro como una práctica en el marco del conflicto armado (que ocurrió por razones políticas e ideológicas) es muy importante porque permite entender esa práctica en un contexto de conflicto que se superó o que se está superando a partir del diálogo y la negociación.

Es decir, entender las razones políticas e ideológicas de cómo se dio esa práctica en la guerra permite comprender los caminos de la superación y la manera como se ha venido transformando esta práctica; y eso nos ayuda a tomar conciencia como sociedad de que el secuestro va quedando atrás a medida que la paz se consolida y que los grupos guerrilleros abandonan la guerra como forma de lucha. Cuando esto comienza a ocurrir, el secuestro queda en el pasado.

¿Cómo explicar por qué la sociedad civil termina afectada por el conflicto armado interno en Colombia?

Cuando estamos hablando de una guerra es difícil entender por qué los civiles terminaron siendo víctimas de la guerra sin estar metidos en ese conflicto. Las guerras insurgentes y las guerras irregulares tienen esa particularidad y es que afectan a toda la sociedad, y es por eso que el proceso de reconciliación es crítico.


EL TIEMPO

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