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‘Nilson se lucró de mi cuerpo’: denuncia contra acusado en caso Sara Sofía
Jenny Andrea Cardozo Rojas

Revelaciones inéditas de Jenny Andrea Cardozo Rojas, exparreja de Nilson Díaz.

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Archivo particular.

‘Nilson se lucró de mi cuerpo’: denuncia contra acusado en caso Sara Sofía

Revelaciones inéditas de Jenny Andrea Cardozo Rojas, exparreja de Nilson Díaz.

Expareja de Nilson Díaz, acusado de la desaparición de Sara Sofía Galván, pide ver a sus hijos. 

Jenny Andrea Cardozo Rojas había guardado silencio sobre los detalles de su vida al lado de Nilson Bladimir Díaz Valenzuela porque sentía miedo de develar los días de explotación de los que fue víctima. “Pero ahora me doy cuenta de que mi testimonio puede servir para que se sepa quién es el verdadero victimario”.

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A este hombre lo conoció en el sector reconocido como el cruce de Soacha, Cundinamarca, donde los buses pasan para llegar al sector de San Mateo. “Yo limpiaba vidrios en ese semáforo, vendía pandebonos, vendía toallas. Soy una mujer guerrera y no me da pena trabajar”. Ella tiene hermanas, pero desde que su mamá falleció se ha enfrentado sola a la vida.

Cuando conoció a Nilson, Jenny pasaba por su tercer mes de embarazo, tenía dos hijos, producto de una relación anterior, y padecía uno de los peores momentos de su vida. “Él iba y me hablaba, me compraba comida, me decía negra para aquí, negra para allá, hasta que al final llegó al tema que le interesaba, hablarme de la prostitución porque enfrente había dos negocios: Pantera e Imperio”.

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Llevada por la ignorancia, la angustia y la falta de dinero, esta mujer aceptó vincularse a la actividad. “Me convenció porque me dijo que ahí me darían posada, dormida y que además él me iba a ayudar a conseguir a una persona que me cuidara los niños, solo el que vive una situación de estas sabe a qué me refiero. Ahora sé que él conseguía a mujeres para convertirlas en prostitutas”.

Carolina Galván ha sido acusada como la causante de la desaparición de su hija al lado de Nilson Díaz. 

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Archivo particular.

Cuando ya estuvo envuelta en la red no tuvo manera de escaparse. “Yo era una joven de 20 años, ahora tengo 31 y veo las cosas de una manera diferente. Puedo decir de frente que fui prostituta durante los siete años que duré conviviendo con ese señor y que fue muy duro acceder a los deseos de tantos hombres, de tantos extraños”. Durante ese tiempo Jenny estuvo sometida.

Nilson, cuenta, siempre ha tenido una forma particular de manipular a sus parejas, casi que trabajarlas psicológicamente. “Por un lado, él se ofrecía como el cuidador de los niños, el padre, el amo de casa, el niñero, pero, por el otro lado, era que el que contabilizaba, a la salida de las habitaciones, cuánto tiempo tenía que estar con cada cliente, como si yo fuera un animal”. Diez minutos y golpeaba a la puerta para decirle: “Hágale que ya llegó otro cliente. Él conseguía los marranos o, para que me entienda mejor, a los clientes”. 

Jenny cuenta que su captador se hacía pasar por su hermano, que incluso llevaba clientes a donde vivían y que mientras ella era obligada a atenderlos, él se llevaba a los niños para que la casa quedara sola. “Puedo decirle que ese tipo es un demente. Ninguna persona que quiera a su pareja permite que eso pase”.

Todo lo que Jenny obtenía de su sometimiento era destinado a subsanar los gastos de la casa. “Yo pagaba arriendo, servicios, compraba la comida y les daba a los niños lo que necesitaban. Nilson lo único que hacía era contar el dinero que ganaba a costa de mi cuerpo”. Otras veces, cuando no había tanto ‘trabajo’, ella tenía que levantarse a las 3 de mañana y pedir limosna bajo el sol o la lluvia en los semáforos hasta conseguir qué darles de comer y, en la noche, irse para los burdeles.

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Carolina Galván y Nilson Díaz estaban a cargo de varios niños

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Archivo particular.

Y mientras eso pasaba, este hombre fungía como el mejor padre de cuatro niños a quienes les dio su apellido, fueran o no fueran sus hijos. De alguna manera, esta mujer estaba encerrada, sin rumbo, porque Nilson era el referente paterno. “Yo siento que él es un manipulador experto. Muchas veces, los vecinos de las casas donde vivimos me dijeron que los niños eran maltratados, pero yo vivía en una contradicción porque los niños lo respaldaban. Era raro”.

Jenny dice con tristeza que perdió toda su lozanía, que su belleza se quedó en las habitaciones de esos negocios en donde era obligada a cumplir con los ‘ratos’ que le exigieran. “Todo el tiempo sentía la presión de Nilson. Trabajé en Soacha, pero también en Bosa y en otras localidades. Él me decía que nunca iba a estar sola. Era como mi sombra”.

En las casas que habitaron como pareja, Jenny vivió años de angustia. “Como yo no quería estar con él porque me daba asco, él me violentaba y me ofendía delante de mis hijos. Me decía toda clase de groserías y ellos, al escuchar cómo me denigraba, me trataban igual, lograba que lo vieran a él como el bueno”.

“Como yo no quería estar con él porque me daba asco, él me violentaba y me ofendía delante de mis hijos. Me decía toda clase de groserías y ellos, al escuchar cómo me denigraba, me trataban igual”.

Cuando esta pareja vivía en Patio Bonito (Kennedy), las personas que les daban espacios en alquiler comenzaron a culpar a Nilson de robos continuos. “Yo llegaba de trabajar y me encontraba con una cantidad de reclamos. Por eso, conseguí una casa en arriendo en Entre Reyes, en La Loma. Me cobraban 200.000 pesos, lo malo es que quedaba en la mitad de una olla de drogas. Era lo que se podía pagar”.

Ahí, paradójicamente, fue feliz con sus hijos y comenzó a crecer en su interior el deseo de apartarse de Nilson para siempre. “Con ayuda de la gente del barrio que me apoyaba logré que se fuera de la casa, pero llegaron otros problemas y era no tener con quién dejar a mis hijos, y cuando encontraba alguna niñera no se los aguantaban porque hacían muchos males”.

Durante un tiempo dejaba a unos bajo el cuidado de una fundación del Distrito y a otros en un jardín infantil, pero, cuenta, un día que no pudo ir a recogerlos le pidió el favor a una conocida que fuera por ellos. “Las cuidadoras llamaron al Bienestar Familiar, dijeron que quien los había recogido era un travesti. Cuando fui a buscarlos me tocó ir con Nilson, y él les aseguró que yo vivía en una olla y que vendía drogas. Dijeron que no era apta para cuidarlos”.

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Jenny dijo que nunca maltrató a sus hijos, que se preocupó por que estudiaran, que los mantenía alimentados y limpios. “Creo que un niño no debe trabajar ni mendigar. Quería que ellos fueran mejores que yo”.

Esta mujer desconoce por qué Nilson quedó como el cuidador de los niños. “Él los ponía a pedir dinero y a robar. Frente a ellos, él era el mejor papá del mundo, y yo, la más mala. Mi peor error fue sucumbir al desespero y dejar a mis hijos con ese señor. Hace tres años me los quitaron y se los entregaron a ese señor, qué ironía”.

Durante ese tiempo Jenny dice que tuvo que pasarle a Nilson una cuota de 200.000 pesos. “Yo les hacía mercados y les compraba ropa, y todo eso él se lo gastaba o lo vendía y a ellos los llevaba a comer a un comedor comunitario en Casa Loma. Vestía a los niños con lo que le daban en las novenas”. Incluso, Jenny dice que cuando quería verlos tenía que darle entre 30.000 y 40.000 pesos.

Luego, ella se enteraba por boca de vecinos de su pareja  de que los niños eran tratados con malas palabras e incluso golpeados. “Yo sé que no soy perfecta, que he cometido errores, muchos, pero yo siempre los he amado”.

La noticia

Él los ponía a pedir dinero y a robar. Frente a ellos, él era el mejor papá del mundo, y yo, la más mala. Mi peor error fue sucumbir al desespero y dejar a mis hijos con ese señor

Jenny dice que cuando escuchó la noticia de Sara Sofía Galván nunca imaginó que quien estaba involucrado en su desaparición fuera su exesposo. “Yo dije: ‘Mucho desgraciado’. Pero cuando mi hermana me llamó y me dijo que era él, yo quedé en shock”.

Inmediatamente pensó viajar desde donde vive ahora, huyendo del dolor de su pasado, a Bogotá, a intentar recuperar a sus hijos. “Pero en el Bienestar Familiar me dijeron que me tenía que someter a un proceso para recuperarlos, los psicólogos me dijeron lo mala madre que había sido y terminé fue juzgada por ellos”.

Sin la posibilidad de verlos, ella contactó a Xiomara Galván porque, de alguna manera, cree que a Carolina Galván le pasó lo mismo que a ella. Ambas estuvieron recorriendo el caño en donde, se presume, está el cuerpo de la niña.

Ella cree que no está en el lugar donde Nilson confesó haberlo botado. “Él nació y se crio en el barrio Class Roma; del otro lado, donde él dice que dejó el cuerpo, queda otro barrio, ambos peligrosos. Las pandillas de ambos se odian, y si alguno del bando contrario se pasa, lo sacan a bala”.

Entonces, lo que ella cree, alimentado por su experiencia y por un pálpito, es que su expareja tuvo tres días para cavar un hueco debajo de un puente donde los viciosos, incluido él, que es adicto al bazuco, suelen visitar. “Él pudo haber enterrado a la niña, quizás no quiere que se den cuenta de qué le hizo antes de que muriera”.

Dice que muchas veces él se escapaba y se iba a ese lugar a consumir. “Le he dicho a la señora Xiomara que cuando paso por ahí siento algo extraño. Y me atrevo a decir esto porque yo quiero que se haga justicia. Él envenenó a mis hijos en mi contra”.

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Jenny dice que sus niños son una pieza clave para develar qué le pasó a Sara Sofía Galván y que, si la dejan hablar con ellos, van a decirle todo. “Yo soy su mamá, nacieron de mí. Además, yo he empezado a atar cabos”.

Esta mujer afirma que dos de sus hijos le dijeron haber sido abusados por Nilson Díaz. “Por ignorancia, por la situación que vivía, por ser víctima de este hombre, por estar manipulada, por el miedo que sentía, yo pensé que esto no era verdad, pero ahora creo que ellos tenían razón. Un día mi niño tenía un golpe muy fuerte en la cabeza, y él me dijo que se había enredado. Luego de todo esto se enteró Bienestar Familiar y me quitaron a mi hijo, lo dieron en adopción, pero nunca investigaron a Nilson”. Ella dice que en ese momento pensó que era una artimaña del instituto, pero ahora sabe que sus niños fueron ultrajados.

Hoy, todos esos recuerdos mortifican a Jenny. “Fui una bruta, agotada de lo que vivía día a día, de los maltratos, pero, aunque sé que no soy la mejor madre, siempre amé a mis niños. Hoy les puedo decir que no creo que Carolina Galván haya querido matar a su hija, creo que a Nilson se le salió todo de las manos y resultó matándola”.

Jenny dice que además de ayudar a desenredar el caso quiere tener una nueva oportunidad con sus hijos. “No saber cómo están es duro. Los extraño, los quiero, no me importa si tengo que demostrar cómo estoy luchando para que mi vida cambie. Ahora vivo en el campo, en un ambiente que sería más sano para ellos”.

Y en cuanto a la mamá de Sara Sofía, repite muchas veces lo mismo. “Carolina fue una víctima más de Nilson, como lo fui yo durante siete años de mi vida, fue explotada vilmente. Yo sé que después de esta revelación muchas más mujeres se van a atrever a denunciarlo”.

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Correo: lpurpura@sdmujer.gov.co

CAROL MALAVER
SUBEDITORA BOGOTÁ
Escríbanos a carmal@eltiempo.com 

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