Santa Isabel, de barrio esmeraldero a hogar de ancianos

Santa Isabel, de barrio esmeraldero a hogar de ancianos

Hoy, varias de las casonas del sector se han convertido en centros geriátricos.

Barrio Santa Isabel

En el barrio es común ver abuelos tomando el sol o asistiendo a misa en la parroquia de Las Lajas.

Foto:

Abel Cárdenas. EL TIEMPO

Por: Redacción Bogotá
18 de febrero 2020 , 09:41 p. m.

Con la ayuda de un bastón, el brazo de un enfermero y hasta en silla de ruedas, personas de la tercera edad recorren constantemente el parque de Las Lajas, en el barrio Santa Isabel. Algunos pueden ser abuelos que han llegado hace poco o fundadores que toman el sol todas las mañanas frente a la iglesia.

Desde los años 50, Santa Isabel es conocido como el barrio de los esmeralderos, y hoy conserva la arquitectura de esa época, pero ya no es nada de lo que fue en ese entonces. Sus habitantes han envejecido, y aquel barrio exclusivo poco a poco se ha convertido en un lugar para ancianos, lleno de hogares geriátricos.

La historia de este sector de la ciudad se remonta a 1940. Allí quedaba una hacienda del mismo nombre, que se dedicaba a cultivos, ganadería y lácteos, y en sus lagunas eran bañadas las reses que iban a ser sacrificadas en el matadero. Luego, esos terrenos se fueron loteando y empezaron a aparecer las casas. En 1951 fue reconocido por la Alcaldía.

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El barrio, que pertenece a dos localidades, Los Mártires y Antonio Nariño, comenzó a ser edificado por personas que en su gran mayoría comercializaban gemas, en especial esmeraldas. Por eso fue considerado uno de los sectores más exclusivos de Bogotá, y vivir en él daba estatus. Hasta pequeños esmeralderos y ganaderos querían comprar una casona de esas.

Los vendedores de piedras preciosas fueron llegando de uno en uno, se ubicaron en el barrio, en especial sobre la carrera 27, donde, según un habitante del sector, desde hace más de 60 años estaba ubicada la casa de Guillermo Molina y Víctor Carranza, quienes fueron considerados los ‘zares’ de las esmeraldas en el país.

Esas casas cuentan aún con las fachadas de la época. Están enchapadas en un mármol amarillo que en ese entonces se conseguía en una fábrica en el barrio Santander, varias cuadras al sur.

El que más mostrara el dinero invertido en la fachada era el mejor. Incluso las decoraban con vetas verdes que simulaban las esmeraldas

Según cuenta Blanca Moreno, quien lleva más de 40 años en el sector, “cuando los esmeralderos llegaron existía un tipo de competencia: el que más mostrara el dinero invertido en la fachada era el mejor. Incluso las decoraban con vetas verdes que simulaban las esmeraldas”, que aún se conservan en balcones y paredes.

Pero el auge y la opulencia no iban a ser para siempre. La guerra entre esmeralderos y narcotraficantes por el poder sobre las minas de piedras preciosas en Boyacá se trasladó hasta el barrio.

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Por eso, en algún momento de la historia de Santa Isabel fueron frecuentes los atentados y asesinatos. Ante esto, algunos esmeralderos salieron huyendo y dejaron las lujosas propiedades abandonadas. Otros residentes empezaron a vender por miedo.

Después de esa guerra, al prestigioso sector de la ciudad solo le quedó la fama de barrio esmeraldero, cuenta Moreno, pero cargando con los problemas de cualquiera de las zonas vecinas.

Con el pasar de los años, y la expansión de la ciudad, el Santa Isabel se vio desplazado por otros sitios residenciales que iban naciendo en el norte, y muchos de sus habitantes acabaron trasladándose a ellos. Los abuelos se iban al norte a comprar apartamento porque ya sus casas eran demasiado grandes para mantenerlas. Algunas de estas se han convertido en hogares geriátricos.

Esas viviendas, que llegan a alcanzar los 250 metros cuadrados de construcción, en muchos casos cuentan con más de seis habitaciones, estudio, cocina, patio de ropas, parqueadero, comedor y, en algunas ocasiones, jardín, y se prestan para ser adaptadas como hogares de reposo.

En el barrio, según la alcaldía de Los Mártires, hay 19 hogares, y por eso es muy común ver personas de la tercera edad con identificaciones colgadas en el cuello o, incluso, acompañadas de enfermeros asistiendo a la eucaristía en la parroquia de Las Lajas o tomando el sol de la mañana.

REDACCIÓN BOGOTÁ
EL TIEMPO
Twitter: @BogotaET

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