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La historia de éxito de una familia con un puesto en Corabastos
Luego de tener un puesto administrativo en una entidad bancaria, Willther volvió al lugar donde creció con su familia.

Luego de tener un puesto administrativo en una entidad bancaria, Willther volvió al lugar donde creció con su familia.

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Archivo particular

crónica

La historia de éxito de una familia con un puesto en Corabastos

Un hombre dejó la dirección de un banco para heredar el negocio familiar de su madre.

La central de abastos más grande de Colombia, Corabastos, ha traído un sinnúmero de beneficios para Bogotá y el país desde 1972, cuando fue inaugurada. No solo ha surtido la ciudad con buenos precios, también ha permitido que muchos emprendimientos de comida, mercados minoristas y demás comercios hayan evolucionado.

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La cantidad de dinero diario que entra y sale en negocios entre comerciantes y campesinos es significativa, y el ritmo de trabajo es imparable; pero también hay ciertas situaciones que suceden allí que no muchos conocen; y quienes han llegado a escuchar o ver algo se mantienen en silencio porque trabajan allí y es mejor no crear un ambiente tenso.

Conseguir que un trabajador cuente un poco de su historia es tedioso, pero tuve la fortuna de hablar con alguien que ha estado en la plaza, como él le dice, desde que tiene meses de nacido. Willther Xavier Fuentes fue criado por su madre, Omaira Pérez, en una pequeña canastilla en la central de abastos. Él abrió su corazón para contar las experiencias por las que pasó.

Su historia comienza en 1987, cuando con meses de nacido era la fiel compañía de su madre, quien lo llevaba con ella. Esta comerciante recuerda con voz melancólica que se ubicaban en un rincón del puesto de su tía y comenzaban a pasar las largas y frías horas de la madrugada.

“Mi madre comenzó vendiendo racimos de banano”, dice Willther recordando un poco de su infancia. Cuando empezó a crecer le ayudaba a venderlos, recuerda que tomaba impulso desde lo más profundo del estómago y gritaba: “Lleve el racimo por mil”. La gente lo veía con lástima, pero él se sentía orgulloso de acompañar a su madre, y de ayudarla.

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Las horas de la madrugada eran eternas, tediosas, los días eran la noche. “Recuerdo mucho que nos acostábamos a las dos de la tarde para luego levantarnos a las doce o una de la madrugada”, cuenta.

Con el paso del tiempo la inocencia de este niño se iba perdiendo en la plaza, había hombres que le gritaban palabras obscenas a su madre, en un ambiente machista. No obstante, él la recuerda llena de valentía, confrontándolos machete en mano.

Yo le decía: ‘Hijo, después de clases ve a la casa para que realices las tareas’. Pero ese hombre era terco, llegaba a la plaza para acompañarme


Llegó el momento de entrar al colegio, pero él prefería estar con ella. “Yo le decía: ‘Hijo, después de clases ve a la casa para que realices las tareas’. Pero ese hombre era terco, llegaba a la plaza para acompañarme”. Willther dirige su mirada hacia el cielo recordando tales momentos y afirma que quería ayudar a su mamá y no dejarla sola, más en ese momento, cuando estaba esperando un bebé.

Los días más arduos eran aquellos en los que su madre recibía las canastillas cargadas de mercancía, él trataba de ayudar haciendo fuerza a pesar de que tan solo tenía diez años. Todos los esfuerzos a lo largo de muchos años fueron el fruto de una bodega propia que consiguieron a partir de los ahorros de vender bananos, bocadillos y canastas.

Al transcurrir el tiempo, Willther y su hermano, que apenas tenía cinco años, recuerdan cómo el hecho de tener una bodega propia se convirtió en una gran responsabilidad, porque eran más los gastos para conservarla. Pero no eran personas que se rindieran, y lograron consolidarse y hacerse conocer por sus clientes y vecinos del puesto como ‘donde Omaira y sus hijos’.

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De Corabastos a un banco

El trabajo en Corabastos se convirtió en un estilo de vida para ellos; sin embargo, Omaira tenía muy presente que el futuro de su hijo Willther no sería en la plaza. Después de culminar sus estudios de bachillerato comenzó a estudiar banca y finanzas y consiguió trabajar como director de un banco. Fue así como se mantuvo alejado de la plaza donde creció y dio sus primeros pasos.

Willther, Vanessa, en vista de mi edad y de la situación que pasan, sugiero que tomen las riendas del puesto en Corabastos y se proyecten

Pero tras cuatro años de trabajar fue despedido y, con el corazón en las manos, abandonó el banco donde tenía metas y sueños. No obstante, en aquel lugar conoció a Vanessa Bernal, una joven que, cómo él, trabajaba en el banco y que le dio un sí por respuesta a su propuesta de matrimonio.

Su esposa, Vanessa, decidió renunciar a su trabajo, y en vista de que los dos estaban desempleados acudieron a Omaira, quien les hizo una propuesta que los sorprendió. “Willther, Vanessa, en vista de mi edad y de la situación que pasan, sugiero que tomen las riendas del puesto en Corabastos y se proyecten, así como yo conseguí un apartamento y organicé sus vidas a través de él”, les propuso Omaira.

La sugerencia se tornó complicada al no saber si buscar un empleo en algún banco y tener una jornada laboral más normal, o acceder a trabajar en las madrugadas en la bodega. Finalmente aceptaron.

En ese momento Willther recordó su niñez. No fue fácil empezar con su esposa debido a que ella es una joven muy atractiva, y el temor era que recibiera comentarios morbosos de los trabajadores y coteros, tal como le pasó a su mamá. Era algo que no dejaba de pensar. Evidentemente fue así, durante un tiempo recibió acoso de distintos hombres.

No solo fueron estas situaciones que atravesaron, también se dieron cuenta de que su corazón tenía que blindarse debido a que la explotación de niños era otra problemática que se veía en la plaza y sus alrededores.

“Nosotros comenzamos a ver niños no mayores de doce años, y lo único que hacían era pedir algo de alimento o plata; para nosotros decirles no era difícil, pero una vez vi a uno de los niños y fui a darle algo de comer, ahí me di cuenta de que había unas personas esperándolos y les quitaban todo”, explicó Vanessa.

Por otro lado, la intolerancia, la venta de drogas, las peleas siempre han estado cerca. Pero ellos han sabido estar aislados y centrarse en sus productos.

“A pesar de las situaciones arduas que se viven noche tras noche, gracias a nuestra querida plaza conseguimos un apartamento, una vida más organizada y que ha hecho de nosotros personas honestas, responsables, amables y sobre todo fuertes. Ahora mi esposa dio a luz un bello hombre que también seguirá los pasos de sus padres, para que aprenda a guerrear en la vida y consiga sus cosas a base de esfuerzo y dedicación”, sentencia Willther.

Laura González Ospina.
Especial para EL TIEMPO
*Alianza con escueladeperiodismo@uninpahu.edu.co

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