Voy y vuelvo / Protestar sin humillar

Voy y vuelvo / Protestar sin humillar

Reflexión en torno a los desmanes de encapuchados durante las protestas estudiantiles.

Encapuchados en protestas

Encapuchados en protestas estudiantiles.

Foto:

César Melgarejo / EL TIEMPO

Por: Ernesto Cortés Fierro
28 de septiembre 2019 , 10:21 p.m.

Nuestros jóvenes pueden llegar a ser tan contundentemente creativos como aterradoramente peligrosos. En las comunas de Medellín, un puñado de ellos, bajo la orientación de JKE, creó hace más de quince años 4Eskuela. Triunfan en escenarios internacionales gracias al baile.

En los barrios deprimidos de Bogotá, cientos de niños reciben clases de fútbol, música, fotografía y hip hop. No hay municipio ni corregimiento donde no exista talento joven. Los estudiantes de Ser Pilo Paga son clara prueba de ello.

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Todos tienen en común la pobreza y la necesidad; los acompaña el estigma de vivir en zonas de violencia urbana o rural. Y, aun así, echan raíces y nos demuestran a diario que la adversidad no es sinónimo de entrega, sino acicate para salir adelante.
Pensé en ellos esta semana con motivo de las protestas que tuvieron lugar en Bogotá. Violentas, con heridos, llenas de rabia y ese odio que amenaza con llevarse a la humanidad a mejor destino.

Estuve el primer día de estas, frente a la Javeriana. No estuvieron tan agresivas como en días posteriores, pero de esa primera me impresionaron las piedras que les llovían a personas que esperaban el bus, pasaban en sus carros por la 7.ª o amenazaban con golpear a personal de TransMilenio que intentaba garantizar la movilidad. Lo del día siguiente fue el acabose. Ya no eran solo los muchachos de la Distrital, sino también los de la Pedagógica y hasta los de la Javeriana.

Vamos a aclarar algo: sin la protesta ciudadana no hay democracia. Sin el reclamo social no hay reivindicación. Sin libertad no hay sociedad. En el mismo sentido, sin tolerancia no hay entendimiento, sin argumentos no hay debate y sin información no hay comprensión ni justicia.

Estos valores se refundieron en medio de esas agitadas manifestaciones y dieron paso a la barbarie. Y volvieron a perder los mismos: una humilde mujer a la que le desfiguraron el rostro con una bomba explosiva lanzada por estudiantes contra un cajero; un conductor expuesto ante decenas de energúmenos que querían voltear el bus con el que se gana la vida; daños a edificios y mobiliario urbano, pedreas, destrucción y caos.

Y, a su turno, una Fuerza Pública excedida en su proceder que llegó a ingresar hasta las afueras de una institución médica y detuvo a profesores y alumnos que no tenían nada que ver con las revueltas. Si no es por la intervención de un maestro de la Javeriana que les hizo caer en la cuenta de la presencia de una institución médica y que, por tanto, no podían estar allí, otro habría sido el desenlace.

Todo esto es condenable. Atentar contra el patrimonio que pertenece a la sociedad, o contra la integridad física, no hace parte de un Estado de derecho. Punto. La acción de los estudiantes de la Distrital fue desmesurada, así la inspiraran razones de peso.

Denunciar presuntos hechos de corrupción en la institución y emprenderla luego contra el resto de la sociedad sin haber agotado otras instancias deja mucho que pensar. Las autoridades están en mora de esclarecer los reclamos de los jóvenes, porque es justamente la falta de justicia la que lleva a acciones de hecho. Y también debe investigarse a quienes promovieron que la violencia se apoderara de la ciudad.

Pero mi añoranza y reconocimiento a los jóvenes que a diario se baten por sacar adelante sus propias iniciativas en el arte, la música, las causas ambientales me vino cuando vi a una joven encapuchada exhibiendo un condón inflable con la frase: ‘Usa el condón, él puede salir policía’. Expresión humillante, desproporcionada, fuera de lugar, llena de rencor, fobia; clasista y muestra clara de falta de valores.

¿Qué pensaría uno de los policías al leerla? ¿Qué si ese policía tiene madre, padre, hermanos o hermanas que anhelan la misma posibilidad de esta joven de ir a una universidad pública o privada?

La indignación suele ser mala consejera cuando se está en el calor de las circunstancias. Por favor, hablamos aquí de una joven a la que oportunidades no le habrán faltado, lo que le ha faltado es sindéresis, reflexión y una pizca de humildad por el otro, así sea su más enconado rival.

El viernes, otra fue la actitud. Los muchachos organizaron manifestaciones pacíficas. Pocas veces se había visto que instituciones de educación pública y privada se unieran para rechazar señalamientos de corrupción y abusos de la policía. Fue más significativo y contundente verlos con sus pancartas y reclamos, y no ocultando temerariamente sus rostros.

Lo dijo Óscar Sánchez, gran pedagogo: hay que aislar la capucha de la protesta. Pero, infortunadamente, la jornada se vio empañada por esos mismos encapuchados que intentaron incendiar las instalaciones del Icfes con decenas de personas adentro. Dejémonos de eufemismos: eso se llama intento de homicidio. Y es lo que finalmente
queda en la retina de la gente. Lástima.

¿Es mi impresión o... el chat se nos está convirtiendo en una plaza pública virtual en busca de votos?

ERNESTO CORTÉS FIERRO
EDITOR JEFE EL TIEMPO
En Twitter: @ernestocortes28
erncor@eltiempo.com

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