La cara dramática del trabajo de los domiciliarios

La cara dramática del trabajo de los domiciliarios

Ante el desempleo, el actor Diego Barcelo laboraba de mensajero en Rappi. Denuncia irregularidades.

La cara dramática del trabajo de los domiciliarios

Diego Barcelo sufrió dos accidentes mientras llevaba pedidos para Rappi, pero dice que las ayudas cuando esto pasa son escasas y que la empresa se lava las manos.

Foto:

Mauricio Moreno

Por: Carol Malaver
18 de julio 2020 , 07:57 a.m.

Diego Antonio Pérez Suniaga, más conocido como Diego Barcelo, de 30 años y originario de Cartagena, Bolívar, se las arreglaba para conocer nuevos países y de a poco hacerse profesional en lo que más le ha gustado: la actuación y la producción.

Dice que ha trabajado en varios países, pero que por ser un área tan inestable a nivel laboral muchas veces ha terminado desempleado. Su padre es cartagenero y su mamá viajó a Venezuela para radicarse allá. Así que desde los 14 años, y como ha podido, ha estudiado lo que le apasiona.

De hecho, cuenta que su última experiencia fue en Ecuador y que cuando comenzó la pandemia de la covid-19 tuvo que regresar a Bogotá. “Pero aquí la situación también se puso dura y pues con el poco dinero que tenía me compré una bicicleta para trabajar en Rappi y así poder pagar el arriendo y la comida”. (Le puede interesar: Desorden, robos, riñas: ¿se salieron de control los domiciliarios?)

Dice que la primera vez que se conectó con Rappi la empresa le descontaba un seguro. “Yo no sabía muy bien para qué era porque siempre he sido muy cuidadoso. De hecho, le estaba dando de domingo a domingo. Me despertaba a las 8 de la mañana, preparaba mi almuerzo y me iba al norte de Bogotá a trabajar”.

Pero luego, asegura, le comenzaron a aparecer deudas injustificadas. “Una vez fue de 108.000 pesos. Yo fui juicioso a una tienda a recoger el producto y me dijeron que ya se lo habían entregado a otro. Y llamé al cliente y me dijo que ya lo había recibido. Pero no fue mi culpa. Eran unas rosas de 54.000 y a mí me montaron la deuda por el doble”.

La segunda vez que pasó, cuenta, entregó un domicilio y debía cobrar 98.000 pesos en efectivo. “Pero la cliente me dijo que no le cobrara porque a ella ya le habían debitado el dinero de su cuenta. Entonces yo llamé a soporte y me dijeron que en efecto yo me quedaba con esa deuda. Cuatro días duré haciendo la reclamación”.

A Diego le comenzó a molestar que pese a su trabajo duro desconfiaran de su forma de actuar. “Muchos quedábamos tristes cuando íbamos a cobrar los martes porque aparecían deudas y muchas veces no se sabía ni de qué. Algunos venezolanos sin papeles ni hacían el reclamo por miedo a perder su única forma de ingreso”.

Pero lo que más lo sumió en la desesperación fueron los accidentes que sufrió.

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Hace un mes ocurrió el primero mientras entregaba un pedido en la calle 100. “Un carro pasó y me dio tres vueltas. Terminé en el suelo y el carro se escapó y además quedé con un domicilio en curso”.

Su bicicleta, sus gafas y su teléfono quedaron inservibles. “Llamé a emergencias de Rappi y me dijeron que iban a llamar a una ambulancia, pero nunca llegó”. Y, para rematar, su EPS dijo que tampoco lo podía atender porque no cubrían ese tipo de accidentes. Un ‘rappitendero’ amigo lo auxilió y le compró medicamentos para su recuperación.

El drama de un rappitendero

Diego Barcelo ha tenido que vivir de la caridad de un amigo que lo dejó recuperarse en su casa.

Foto:

Mauricio Moreno

“Me acuerdo que lloré de la rabia cuando me dijeron que en el momento del accidente yo no llevaba nada. Y lo más tenaz es que borraron el pedido para que no hubiera evidencia de que me había accidentado trabajando”.

Su segundo accidente fue más grave y lo tiene postrado en una cama. Tenía que comprar un medicamento en Farmatodo, pero allí la droga estaba agotada, entonces le comunicó a su cliente que iba a ir a otra tienda a conseguirlo y así culminar la orden.

Cuando salió del centro comercial y quiso cruzar la avenida una moto lo atropelló y el peso del golpe lo recibió en la pierna. “El de la moto se bajó, me auxilió y llamó a la ambulancia. Me llevaron al hospital de Engativá y ahí me dijeron que me podían operar dos semanas más tarde”.

Hubo exámenes de toda clase e incluso lo llamaron de una clínica llamada Jarsalud, donde le explicaron que lo podían operar. “Pero no me querían dejar salir del hospital” porque, le explicaron, la facturación ya sumaba un millón de pesos. (Lea también: El alto riesgo que tienen los taxistas de contagiarse con el virus)

Asustado llamó a Rappi a decirles que si el seguro que le solían descontar le servía para subsanar todos los gastos del accidente que había sufrido mientras realizaba el domicilio. “Pero la respuesta fue que yo ya no tenía ningún seguro con ellos. Cada semana nos descontaban entre 3.500 y 6.000 pesos y, de repente, todo estaba borrado”.

La ARL le ha dicho que tardará dos meses en pagarle la incapacidad. “Llamé a Rappi a ver cómo me podían ayudar, pero la respuesta fue ‘lo sentimos, no podemos hacer nada por usted. Tiene que esperar comunicación de la ARL’ ”.

Diego ha perdido todas sus pertenencias y ni siquiera le van a ayudar con una bici nueva a través del seguro que, dice, había pagado. “Hago esta denuncia porque ya me cansé, estoy ofuscado. Uno le presta un servicio de sol a sol a esa empresa y el trato que he recibido por accidentarme de esa forma no ha sido nada humano. No tengo ni con qué comer”. (Le recomendamos leer: Las estrategias para ayudar a los jóvenes que ni estudian ni trabajan)

Según contó, la situación es más lamentable para los venezolanos, porque al no tener papeles les da miedo hacer cualquier reclamación.

Diego sigue muy adolorido porque además ha tenido problemas con su EPS para que le entreguen los medicamentos. “Aquí no tengo comida, no tengo familia, y ahora con esta pierna así no puedo ni salir a trabajar”.

Este joven actor dice que Rappi tampoco está pendiente de que los ‘rappitenderos’ cumplan con todas las medidas de bioseguridad. “Los restaurantes hacen eso, pero nosotros no tenemos cómo lavarnos las manos ni ir al baño. Yo iba a Carulla a asearme”.

Diego sabe que pocos se atreven a denunciar por miedo, y hasta él lo tiene. “Pero tomé la decisión al verme tan mal y por otros compañeros, a uno le tocó pagar 400.000 pesos y a otro lo bloquearon. Creo que se aprovechan de la necesidad”.

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Rappi fue informado de este hecho y en este momento se encuentran revisando el caso internamente. Por ahora lo que explican es que los ‘rappitenderos’ no trabajan para Rappi. “Ellos se conectan y desconectan a la aplicación”. También aseguraron que todos están cubiertos por pólizas de accidentes.

Respecto a las otras quejas dicen que trabajan en diversas acciones para lograr más seguridad en materia de salubridad.

Hoy Diego tiene el pie derecho fracturado, así como el tobillo y la nariz, y lo más lamentable, sin nadie que lo ayude.

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