Qué hay detrás de la pelea en el matrimonio entre GEB y Enel

Qué hay detrás de la pelea en el matrimonio entre GEB y Enel

Grupo Energía Bogotá y su socio pasan por conflicto del cual depende el futuro de Emgesa y Codensa.

Parque solar de El Paso

El parque solar de El Paso, que construye Enel Green Power, del grupo italiano, es uno de los proyectos en medio del debate.

Foto:

Archivo Enel.

Por: Bogotá
28 de enero 2020 , 09:54 p.m.

La luna de miel que durante varios años sostuvieron la Empresa de Energía de Bogotá y Endesa, que dio origen a las empresas Emgesa y Codensa (ahora conocidas como Enel-Codensa y Enel Emgesa), fruto de una estrategia de funcionamiento basada en la confianza y la lealtad, atraviesa una de sus peores crisis.

Las desavenencias incluyen demandas ante tribunales de arbitramento, señalamientos que rayan en lo penal y un escenario hacia el futuro con no pocos nubarrones. Pero la más significativa de todas es, sin duda, la pérdida de confianza entre las partes.

La historia de este matrimonio comenzó en 1996, en el gobierno del entonces alcalde Antanas Mockus y del gerente de la época, Fabio Chaparro, muerto en un accidente aéreo. Ellos iniciaron el proceso de transformación de la Empresa de Energía de Bogotá (EEB) a través de un modelo de gestión para convertir la compañía en una sociedad por acciones, lo que abrió la puerta a un operador a nivel mundial para la generación, distribución y comercialización de energía. Pero, además, les permitiría obtener tecnología y conocimiento para incursionar en negocios relacionados o complementarios con el sector.

Endesa, un consorcio chileno-español, quedó con la responsabilidad de administrador y tomador de decisiones, mientras que la empresa insigne de Bogotá, la de Energía, mantendría la mayoría accionaria y velaría por los intereses de la ciudad, comoquiera que la empresa contribuye con millonarios recursos a las arcas del Distrito.

La dinámica del sector y el buen manejo de la nueva estructura empresarial, no solo ampliaron el horizonte, sino que convirtieron a la otrora EEB en un poderoso conglomerado, hoy conocido como Grupo Energía de Bogotá (GEB), que desde 2004 y hasta 2018 le permitió a la capital del país obtener recursos cercanos a los 8,8 billones de pesos, vía dividendos.

Hoy, el GEB es un emporio que en Colombia tiene operación, a través de Emgesa, en Cundinamarca, La Guajira, Huila y Cartagena, y con Condensa, en Cundinamarca, Bogotá y algunos municipios del Meta; y controla cerca del 22 por ciento de la distribución de energía eléctrica del país. En gas es número uno, con una participación en el mercado de transporte del 54 por ciento. Pero, además, tiene presencia en el negocio de transporte y distribución de gas natural en Colombia, Perú, Guatemala y Brasil.

El GEB también ha sido reconocido internacionalmente por sus causas, como el programa de desminado humanitario y de desarrollo social ‘Energía para la paz’, que ha implementado a lo largo de su proyecto de transmisión en Huila, Tolima y Valle.

Ese buen desempeño se ha reflejado en el valor de la acción, que pasó de un costo inicial de 968 pesos en abril de 2012, su mínimo histórico, a 2.375 pesos en la jornada de este 28 de enero. Además de la ciudad –socio mayoritario, con el 65,7 % de participación accionaria–, hay otro grupo de accionistas privados, entre ellos los fondos de pensiones y cesantías Porvenir, Colfondos, Protección y Skandia, con el 21,2 %; la Corporación Financiera Colombiana (Corficolombiana), con el 5,2 %, y otros, con el 7,8 %.

El arribo de Enel

En 2009, la chilena-española Endesa, socia inicial de la Empresa de Energía de Bogotá, fue adquirida por la italiana Enel, una poderosa multinacional y líder en los mercados mundiales de electricidad y gas, con intereses en 34 países de 5 continentes.

Cuando se hizo el negocio, siempre se confió en que se respetaría el acuerdo del Concejo de 1996 (democratización y nuevo socio), así como el cumplimiento de las reglas de inversión y administración. Aparentemente, así fue por los siguientes cinco o seis años, pero luego vinieron los problemas.

¿Qué pasa con Enel? Como se decía, se trata de un emporio con una organización vertical que en los últimos años viene apostando duro por el tema de energías renovables no convencionales, como la eólica y la solar.

Este fue un primer motivo de discordia con sus socios, pues los dejó por fuera de negocios como El Paso –el parque solar más grande de Colombia, que se construye en el Cesar, con una capacidad de 86,2 megavatios y una inversión de 70 millones de dólares–. El proyecto es desarrollado por Enel Green Power, cuyo único dueño es el grupo italiano, pero del cual no hizo parte su socio principal, es decir, la empresa bogotana.

El segundo desacuerdo fue el cambio de los nombres de Codensa y Emgesa, los dos principales patrimonios de los bogotanos, que fueron sustituidos por los de Enel-Codensa y Enel-Emgesa, con un costo que alcanzó los 8.000 millones de pesos y que, curiosamente, tuvo que pagar el GEB.

Voceros de Enel aseguraron a EL TIEMPO que “la evolución de la marca” no requería una autorización de la junta, pero que, de todas formas, esta fue debidamente informada. Y que esto obedece a una estrategia global del grupo italiano que no ha generado afectación alguna.

La otra desavenencia, que afecta directamente a Bogotá, es la distribución de los dividendos. Hasta 2015 se le giraron a la ciudad el 100 por ciento de las utilidades que le correspondían, pero desde 2016, solo se le gira el 70 por ciento.

Eso es tergiversar que las sinergias y las mejores prácticas se aplican para favorecer a las compañías

El 30 por ciento restante permanece bajo la tutela de Enel, mientras que Bogotá ha dejado de percibir cerca de 632.000 millones de pesos entre 2016 y 2018. Los dividendos de 2019 aún no se han distribuido, a la espera de la asamblea de accionistas. Para la italiana, la distribución de las utilidades obedece a decisiones de las asambleas de Emgesa y Condesa, mediadas por sugerencia de sus administraciones, que, desde luego, son controladas por Enel.

Este estilo de gobierno no ha caído bien en el holding bogotano, donde se piensa que su socio obedece más a instrucciones de la casa matriz y no a decisiones acordadas con su aliado local. Una situación similar, según fuentes consultadas por este diario, habría vivido el grupo italiano con sus socios en Chile y Perú.

Lucio Rubio, gerente general de Emgesa y director general de Enel en Colombia, reconoce que se perdió la confianza entre los socios, pero niega que se esté tratando de “marchitar” a las empresas y que haya una “actitud deliberada”. “Eso es tergiversar que las sinergias y las mejores prácticas se aplican para favorecer a las compañías”, le dijo a EL TIEMPO.

Aunque este diario intentó obtener una opinión de Astrid Álvarez, presidenta del Grupo Energía Bogotá, sobre la crisis en la relación con el socio italiano y los temas que los han distanciado, no fue posible.

En todo caso, EL TIEMPO pudo establecer que lo que colmó la paciencia de las directivas del GEB fueron los desacuerdos en el negocio de generación de energías renovables no convencionales.

La alcaldesa Claudia López lamentó que esa asociación público-privada, que en el pasado fue exitosa, esté hoy enfrentando un conflicto y se mostró confiada en que con el cambio de junta directiva, que se espera suceda este viernes, en asamblea extraordinaria del GEB, se pueda “encontrar un camino para superar los pleitos y llegar a un acuerdo que proteja los recursos de la ciudad y le permita a la empresa seguir creciendo”.

Negocio de energías limpias

El presidente de la multinacional Enel (Francesco Starace, en el cargo desde 2014) ha advertido que las energías limpias serán el futuro. De hecho, prevén fuertes inversiones para los próximos tres años en el sector. En ese lapso se cree que el peso de las renovables aumentará del 45 al 55 % del total instalado, lo que consolidará la posición del grupo como líder global en nuevas fuentes de generación.

En Colombia, a través de Enel Green Power, la italiana se quedó con negocios de energía solar en Cesar, como los de El Paso y La Loma (ambos en subasta convocada por la Comisión de Regulación de Energía y Gas), y eólicas en La Guajira (tres casos, también por subasta), en los que sacó a su socio colombiano del juego y lo está dejando con la generación de energías hidráulicas, que se han desvalorizado por temas como Hidroituango y demás. ¿Por qué?

Rubio, quien también dice que el futuro está en las renovables, considera que la apuesta en Colombia frente a estas energías es “muy reciente”, desde 2013, y que los primeros estudios sobre el tema de Emgesa, en la alta Guajira y Galerazamba, en Bolívar, fueron “muy empíricos”. Además, que esta “nunca desarrolló” proyecto alguno. De hecho, asegura, cuando en el 2012 llegó al país Enel Green Power no se hablaba de renovables.

Otra cosa dijeron fuentes en el GEB, que afirman que desde 2008 habían instalado equipos e infraestructura para realizar estudios de prospección eólica en el país. Sin embargo, esos activos fueron vendidos en 2015 por Emgesa a Enel Green Power, sin el consentimiento del GEB. Pero además, en este tema se señala al socio capitalista de crear empresas que se van quedando con los negocios.

Enel Green Power, por ejemplo, es una filial del grupo que llegó al país hace siete años y es la que está haciendo las grandes apuestas en energías limpias, dejando por fuera al Grupo Energía Bogotá. En su defensa, Enel Colombia señala que en el acuerdo marco de inversión (AMI), que rige la unión con el GEB desde 1997, no hay cláusula que hable “de forma expresa y tácita de exclusividad” para desarrollar negocios conjuntos.

Todas estas desavenencias, que terminaron minando la confianza entre el GEB y Enel, se analizan en tres tribunales de arbitramento, que vienen evaluando si las actuaciones del poderoso grupo italiano frente al holding bogotano se ajustan al acuerdo marco sobre el cual se constituyó la sociedad en 1997.

Pero esto solo se podría saber, según fuentes consultadas por este diario, entre el primero y el segundo trimestre de 2021, cuando se espera el pronunciamiento de los árbitros. Con eso, de paso, también se estaría resolviendo buena parte de los negocios futuros de Emgesa y Codensa, los dos más grandes patrimonios empresariales de los bogotanos.

Y, sin duda, estos temas serán los primeros que deben afrontar quienes resulten elegidos miembros de la junta directiva, pero también la actual administración distrital, en representación de la ciudad, el mayor accionista en el Grupo Energía Bogotá.

El lío del gobierno corporativo

En los últimos cuatro años, durante el gobierno del alcalde Enrique Peñalosa, el GEB fortaleció su gobierno corporativo, el cual implementa buenas prácticas de administración y, a la vez, lo blinda de influencias políticas y de coyunturas electorales.

Pero, además, establece unas reglas claras sobre periodos y representación en la junta. Sin embargo, otra cosa piensan personas cercanas a la alcaldesa, quienes consideran que esa decisión lo que busca es impedir que la nueva administración pueda designar al presidente de la empresa, uno de los cargos más apetecidos en el Distrito.

Por lo pronto, en el mercado bursátil el efecto del modelo de gobierno corporativo no ha generado inconvenientes. De hecho, la acción de la compañía volvió a registrar este martes 28 de enero un máximo histórico.

BOGOTÁ
@BogotaET

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