¿Qué fue lo que pasó en Bogotá? Responde el Presidente del Concejo

¿Qué fue lo que pasó en Bogotá? Responde el Presidente del Concejo

Carlos Fernando Galán, en entrevista con María Isabel Rueda.

Carlos Fernando Galán

Carlos Fernando Galán dijo que el Concejo de Bogotá va a citar a la alcaldesa y a funcionarios para que expongan qué medidas habían tomado para prevenir el abuso policial.

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Néstor Gómez. EL TIEMPO

Por: María Isabel Rueda
13 de septiembre 2020 , 11:21 p. m.

Como presidente del Concejo de la ciudad, Carlos Fernando Galán, comenta los sucesos violentos de la capital. Le pide al Presidente entender las dimensiones de esto para reaccionar apropiadamente, y a la alcaldesa, que no se limite a denunciar los abusos policiales, sino que busque soluciones.

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Como presidente del Concejo de Bogotá, ¿qué opinión tiene de lo sucedido en la capital la semana pasada?

Profunda preocupación. Veo una desconexión de parte del Gobierno Nacional respecto a lo que está sintiendo la gente en Bogotá. Todos rechazamos la violencia que se ha generado en estos días como reacción a los abusos policiales, pero exigimos un reconocimiento del problema del abuso policial.

Tenemos dos situaciones. Usted le reclama al Gobierno desconocimiento de la situación, pero tenemos a una alcaldesa dando unas órdenes deshilvanadas. ¿La policía le obedece a la alcaldesa?

Todo indica que no le obedece. La policía se ha comprometido con ella a no utilizar armas letales para controlar las manifestaciones, y lo que hemos visto es que sí las han utilizado.

Por Constitución, el uso de las armas está permitido como uso legítimo de la fuerza, pero debe ser absolutamente excepcional, sobre todo en una protesta social, que es un derecho ciudadano…

Sí, sin duda hay casos en los que indiscutiblemente se requiere el uso legítimo de la fuerza, pero lo que hemos visto en los últimos días en Bogotá es, en algunos casos, un uso indiscriminado de las armas, disparándole a la multitud. 58 personas heridas por armas de fuego, eso muestra que no era un tema excepcional, sino repetitivo en la ciudad. Ahí, evidentemente, hay una desconexión entre la policía y la alcaldesa. No sabemos realmente a quién le responde la policía en este momento.

Se habla de que la alcaldesa tiene malas relaciones con la policía. ¿Usted no cree que este no es un problema de relaciones, sino un problema de mando y de institucionalidad?

Solidaridad de cuerpo: eso no es ayudarle a la policía, pero tampoco podemos llegar al extremo de decir que hay que acabar del todo con la policía porque todos son unos delincuentes. Hay que buscar un punto que sea: vamos a mejorar la policía, reconociendo que tiene unos problemas, para resolverlos. Debe haber un punto medio donde uno reconozca la importancia de la institución, resolviendo los problemas que tiene.

Ha quedado la sensación de que la policía está abusando de los derechos de los ciudadanos y se ha roto la confianza que debe existir entre la ciudadanía y la policía. ¿Quién nos protege contra los desmanes de los vándalos si no es la policía?

Sobre el tema de los vándalos, obviamente aquí hay unos sectores que están aprovechando esta situación de frustración de la ciudadanía para generar caos y destrucción, seguramente en algunos casos con intereses políticos, y eso tenemos que rechazarlo de plano. No es lo mismo, en términos de gravedad, un vándalo que destruye un bien público, que hay que rechazar y sancionar y judicializar, a que un agente del Estado viole los derechos humanos. En el caso de la policía se está rompiendo, o se rompió, en cierta forma, la confianza en esa institución.

Por cuenta no de que todos los policías sean abusadores, porque por ningún motivo podemos permitir que lleguemos a esa conclusión, no es así, pero sí porque hay varios casos de manera sucesiva de abuso policial que han ocurrido en varias ciudades del país, pero en particular en Bogotá, donde ha habido impunidad, no ha pasado nada y no ha habido una reacción real de parte de la autoridad para cambiar esos procedimientos y garantizar que no se repitan.

Eso lleva a que ahora, en un círculo vicioso, asesinen al señor Ordóñez, la gente reacciona y en la reacción hay protestas, en algunos casos violentas, y vuelve a haber abusos policiales. Entonces eso está llevando a que, efectivamente, la ciudadanía también diga: ‘no solamente estamos desprotegidos frente a los vándalos, sino también nos sentimos desprotegidos frente a algunos efectivos de la policía, que están atacando de manera brutal, arbitraria y totalmente ilegal a ciudadanos que no están haciendo absolutamente nada’.

Hay que buscar un punto que sea: vamos a mejorar la policía, reconociendo que tiene unos problemas, para resolverlos

En su opinión, ¿qué debe hacer el Gobierno?

Lo primero es que el Presidente tiene que mostrar que reconoce el problema. No percibo que lo entienda. Que haya salido, como mensaje, a reconocer la gallardía de los comandantes por estar dispuestos a apoyar las investigaciones por el abuso policial muestra desconexión total con lo que está sintiendo la ciudadanía. Tenía que salir a solidarizarse con las víctimas. Llamar a que eso no vuelva a suceder, a investigar a fondo y a entregar los resultados.

Pero eso lo ha hecho también…

Pero no fue el mensaje inicial y el principal. Creo que tiene que salir ya a reconocer la situación y a entender que esto no es un problema coyuntural de vándalos, sino que tiene unas raíces de fondo. Ya había pasado lo de Dilan Cruz en el mes de noviembre, y si uno mira el historial de los medios de comunicación sobre denuncia de abuso policial en los CAI de Bogotá, pues hay un listado inmenso de abuso policial. Hoy estamos conociendo, por ejemplo, el caso de este señor Ordóñez, que no fue asesinado, en las imágenes que vimos, con el ‘taser’; al parecer fue asesinado a golpes después de eso en el CAI.

Hay varios casos de manera sucesiva de abuso policial que han ocurrido en varias ciudades del país, pero en particular en Bogotá, donde ha habido impunidad, no ha pasado nada 

Es que el episodio no puede ser peor…

Y eso, aquí y en cualquier parte del mundo, genera un rechazo muy fuerte de la ciudadanía, infortunadamente, en algunos casos violento, que uno no comparte, pero eso pasó en Estados Unidos y en muchos sitios. El Presidente tiene que entender las dimensiones de esto para reaccionar. Y no creer, como lo ha dicho por ejemplo el ministro de Defensa, que aquí hay una estrategia de algunos sectores políticos por desestabilizar, y punto.

¿Y en cuanto a la alcaldesa?

Bueno, yo creo que a la alcaldesa le cabe responsabilidad por el tema de la policía en Bogotá. Ella no puede, como ha ocurrido en el pasado, utilizar el verbo, en plural, de ‘logramos capturar a alguien, logramos desarticular esta banda, logramos bajar el homicidio, logramos bajar el hurto’, cuando son resultados positivos de la policía, pero cuando hay un problema como el que estamos viviendo, pues ‘ya no tengo absolutamente nada que ver’.

Ella ha dicho que en este año ya ha habido más de 137 casos de abuso policial. ¿Y qué ha hecho la alcaldía además de denunciarlo para que no siga sucediendo? Sí debo reconocer que en la reacción de la alcaldesa, ella ha sido más clara en conectarse con lo que está sintiendo la ciudadanía. No con la reacción tradicional de algunos alcaldes de decir: ‘aquí hay unos vándalos que quieren destruir los bienes públicos para generar caos’. No es solamente eso, hay un problema más de fondo.

¿Cuál es para usted?

Aquí hay una frustración grande en términos sociales por falta de oportunidades. No estoy justificando la violencia por cuenta de eso, nunca lo haré, pero esta es una crisis por falta de oportunidades, por falta de acceso, una nueva generación de colombianos que siente que el Estado no les está respondiendo a sus aspiraciones, a sus inquietudes. Eso se agravó por la pandemia, por la cuarentena, pero tiene otros elementos combinados, como la frustración por un país que estaba cerca de llegar a la paz y ver cómo eso se trunca y se frustra. No solamente por la actitud de un gobierno, sino por la actitud de los mismos miembros de las Farc, incumpliendo el compromiso de contar la verdad.

¿Y el Concejo de Bogotá qué va a hacer en esta situación?

Lo primero que vamos a hacer es un llamado para que venga la alcaldesa al Concejo, así como el secretario de Seguridad, el secretario de Gobierno, y le informen al Concejo qué fue lo que pasó en estos días, qué medidas habían tomado ellos para prevenir el abuso policial, por qué la policía no había aceptado que esas medidas se tomaran, cómo fue que ocurrió el rompimiento de esa confianza, y en esa cadena de mando que debería tener la autoridad civil sobre la policía. ¿Qué fue lo que ocurrió? ¿Tuvimos 24, 48 horas, donde la policía funcionaba sin control, sin mando? Eso vamos a pedir que se explique acá, en el Concejo de Bogotá. Y vamos a pedir una reforma de la Policía. Debe pensar si la Policía tiene que depender del Ministerio de Defensa o del Interior, sobre cuál es la relación de un alcalde con la Policía, de si eso está planteado en la Constitución pero no funciona, y hay que replantearlo.

¿Cree que la Policía debe salir del Ministerio de Defensa y entrar a depender del Ministerio del Interior, como pasa en casi todos los países del mundo, salvo poquísimos casos?

Sí creo. Ahora, eso no soluciona los problemas de arranque pues vemos, por ejemplo, cómo en Estados Unidos la Policía depende de otras instancias. Y a pesar de eso tienen abuso policial. Pero sí creo que aquí ha habido, por cuenta del conflicto armado colombiano y de otras razones, en cierta forma, una militarización de la Policía, que es un cuerpo civil que debía tener otro tipo de formación, de doctrina. Y solamente en los últimos diez o quince años, la Policía ha empezado a mirar la necesidad de fortalecer esas herramientas de seguridad ciudadana y a cambiar esa doctrina. Pero creo que estamos cortos. Un avance, hacia el Ministerio del Interior, podría contribuir a cambiar esa doctrina y a entender que el rol de la Policía es distinto al de las Fuerzas Militares.

No puedo despedirlo sin preguntarle: ¿y de política qué?

Hicimos un ejercicio en Bogotá que fue muy interesante. Sin partidos políticos, logramos una votación histórica, de más de un millón de votos. No podemos decir que sean votos nuestros, obviamente, pero sí es una demostración de que la ciudadanía está pidiendo otro tipo de política, y lo queremos llevar a nivel nacional. Con un movimiento nacional que tenga representación en el Congreso y que participe en el proceso electoral a la presidencia, construyendo una alternativa a los extremos.

Ustedes los Galán son dos hermanos con un camino parecido por recorrer. ¿Cómo van a hacer ahí para ponerse de acuerdo sobre cuál es el que va a aplicar primero a esas metas?

No somos dos hermanos, somos un grupo grande de personas que quieren apostarle a esto.

De todas maneras se da esa circunstancia…

Yo quiero apoyar la construcción de este movimiento a nivel nacional, que un nuevo partido en Colombia, que se inspire por ejemplo en las ideas del Nuevo Liberalismo. Pero mi énfasis siempre ha sido Bogotá y mi aspiración es seguir trabajando en Bogotá, pero apoyando, obviamente, la construcción de ese movimiento nacional.

¿Como quien dice, dejamos que Juan Manuel Galán sea el que aplique primero a la presidencia y Carlos Fernando Galán, a la alcaldía de Bogotá?

Pues lo que decida el movimiento, porque creemos que esto tiene que ser un proceso colectivo, no de dos hermanos, porque eso estaría condenándolo al fracaso. Esas decisiones sobre los nombres deben ser más adelante. Primero hay que construir una visión de qué queremos representar, con quién tenemos coincidencias y después decidimos quién es el que tiene posibilidades de competir realmente.Lea aquí más entrevistas de la autora:

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO

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