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Diseño hostil o el ‘arte’ de controlar el espacio en la ciudad
Unpleasant Design

Este ejemplo de arquitectura o diseño hostil en Toronto (Canadá) corresponde a un elementos puesto en un ducto de ventilación para evitar que los homeless se recuesten sobre él buscando algo de calor.

Foto:

Twitter @chadloder

Diseño hostil o el ‘arte’ de controlar el espacio en la ciudad

Hay elementos urbanos especializados en evitar personas o comportamientos ‘no deseados’.

La imagen de un lecho de varillas en punta puesto sobre un ducto de ventilación para evitar a los ‘homeless’ (o habitantes de calle) de Toronto (Canadá) sacudió las redes a finales de 2019: el post tuvo 68,7 mil retuits y 118,7 mil me gusta.

La foto fue publicada en Twitter por Chad Loder quien, además, hizo un hilo con otras prácticas similares y fue replicada y complementada por otros tuiteros con imágenes de otros ejemplos de diseño hostil o también nombrado por otros como arquitectura o urbanismo hostil, un tipo de intervención que evita comportamientos o la presencia de ‘poblaciones no deseadas’ en espacios públicos, o incluso privados.

“Estos diseños están en el espacio público y, desde detalles físicos, evitan ciertos comportamientos o la presencia de un grupo objetivo. Pueden ser bancas o rejas y son usables pero al mismo tiempos muy poco usables. Esto hace que sea ‘unpleasant’ o desagradable”, le explicó a EL TIEMPO Selena Savic, diseñadora, investigadora y coeditora del libro ‘Unpleasant Design’, que investiga y recopila todo lo relacionado con esta práctica.

“Teníamos interés en esta tendencia que, desde el diseño y lo sutil, busca quitarle usabilidad a los espacios. Nos enfocamos en lo público y empezamos por buscar ejemplos en los Países Bajos, donde el espacio público está bajo estricto control y se muestra como perfecto, pero porque está, de cierta forma, pre-manejado”, añade Savic.

El asunto, quizá, queda perfectamente resumido en este fragmento del artículo 'Unpleasant Design. Designing Out Unwanted Behaviour' escrito por Savic y Gordan Savicic: "El diseño desagradable se vale de 'agentes silenciosos'. Estos "agentes" se materializan en objetos.e instalaciones que aseguran que el control se aplique en el ambiente;a través del diseño de espacios urbanos, mobiliario urbano y la comunicación de estrategias. Los "agentes silenciosos" no solo restringen el uso no deseado del espacio, sino que también evitan las interacciones entre las autoridades y los ciudadanos. Eliminando el espacio para la discusión y la desobediencia, los objetos desagradablemente diseñados previenen silenciosamente el desorden o los trastornos sociales". 

Unpleasant Design

Unpleasant Design

Foto:

Unpleasant Design

La búsqueda comenzó en Países Bajos, pero se extendió por el resto de Europa, donde encontraron desde bancas con curvas y otros curiosos patrones que disuadían a quien quisiera acostarse sobre ellas a pasar la noche, pasando por luces azules en los bares que evitaban que los consumidores de drogas hasta opciones de iluminación o de ajustes en el espacio que evitaban que los jóvenes permanecieran mucho tiempo en una esquina.

"Uno de los ejemplos más extraños que llegué a ver fueron los triángulos 'anti orinadores' en Países Bajos e Italia. Es un triángulo inclinado hacia la persona y  se ubican en las esquinas a la altura de donde los hombres orinan. Pero alguien orina en la esquina, el diseño hace que el líquido rebote contra la persona, por lo que evita este comportamiento", recuerda, entre risas, Savic

Aunque la investigadora dice que el diseño hostil se hace más desde el anonimato, admite que hay unas pocas firmas especializadas en esos modelos sutiles control. Una de ellas es Factory Furniture, una empresa inglesa que diseña bancas y mobiliario urbano que, con curvas, descansa brazos y materiales resbalosos logra disuadir a habitantes de calle de usarlas como cama en las noches.

Aunque el diseño hostil puede tener como objetivo a cualquier tipo de persona, lo cierto es que los habitantes de calle suelen uno sus ‘target’ frecuentes. El hilo de Twitter de Chad Loder mostraba toda clase de bancas ‘anti-homeless’, púas bajo puentes, o topes puntiagudos en las entradas de los edificios.

“Es curioso cómo estos elementos funcionan como un filtro de acceso al espacio público al que, técnicamente, todos deberíamos tener acceso. Evitar la presencia de alguien en un lugar gracias a esto hace que el diseño funcione como una especie de agente policivo y como una forma de segregar. Pero hay otra cara: quizá la presencia de habitantes de calle puede evitar el acceso de otros a una zona y vuelve el espacio no usable. Eso no es bueno. Pero lo cierto es que hay técnicas de apropiación de espacio público algo más inteligentes”, menciona Savic y reconoce “la habitancia de calle muchas veces no es una elección, es un hecho desafortunado y nada se soluciona bloqueándoles el acceso para no verlos en las calles”.

Savic reconoce que el diseño hostil funciona en una zona gris: puede ser implementada bajo el discurso del buen uso del espacio público y de la experiencia de calidad en la ciudad, pero también excluye.

"El lenguaje del Unpleasant Design es muy ambiguo. Ayuda a algunos siendo menos piadoso con otros. Todos queremos que nuestros parques y calles sean agradables. Pero para que sean más agradables para la mayoría de las personas, tenemos que hacer que el espacio sea desagradable para algunos grupos marginales. Pero estos grupos no siempre amenazan nuestra seguridad, a veces son simplemente una minoría", dice el documento escrito por Savic y Savicic. 

Y esto, a ojos de algunos, es chocante y debe ser eliminado. 

Precisamente, esto fue lo que pensó Boris Johnson en 2014, cuando era alcalde de Londres y tropezó con unas picas en el suelo ‘anti-homeless’. Indignado, las calificó de ‘estúpidas’ y ‘feas’ y ordenó que las retiraran.

Bogotá no se salva

La capital colombiana también luce varios ejemplos de diseño hostil. Diego Silva, doctor en planeación urbana y profesor de la Universidad del Rosario, identifica la instalación de piedras filosas bajos los puentes vehiculares y bajo el deprimido de la 94 como algunas prácticas de hostilidad.

Incluso, en otros puntos, se han instalado rejas para evitar casos como el de la calle 100 con carrera 15, donde un grupo de recicladores improvisó un 'apartamento' en una especie de bodega que hay debajo del puente. 

Unpleasant Design

Ejemplo de diseño hostil en el deprimido de la 94.

Foto:

Milton Díaz / EL TIEMPO

Unpleasant Design

Ejemplo de diseño hostil en el deprimido de la 94.

Foto:

Milton Díaz / EL TIEMPO

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Ejemplo de diseño hostil en el deprimido de la 94.

Foto:

Milton Díaz / EL TIEMPO

Unpleasant Design

Ejemplo de diseño hostil bajo el puente de la calle 26 con avenida Boyacá.

Foto:

Milton Díaz / EL TIEMPO

Unpleasant Design

Ejemplo de diseño hostil bajo el puente de la calle 26 con avenida Boyacá.

Foto:

Milton Díaz / EL TIEMPO

“Lo que es criticable es usar la solución más fácil e inmediata y saltarse las conversaciones más complicadas. Al final, lo importante es, desde todos los sectores, dar ese debate y prestar atención para dar soluciones de fondo y crear mejores sociedades”, dice Silva y cuestiona la utilidad de estos mecanismos.

De hecho, por estos días de cuarentena, bajo el puente de la calle 26 con Boyacá se instalaron decenas de personas sin hogar. Para evitar ser heridos por las piedras filudas, ubicaron colchones y cobijas como protección.

Por su parte, William Alfonso, arquitecto y phD. en Geografía Urbana, agrega el ejemplo de las barreras anticolados de TransMilenio. “Con el corte diagonal que les hacen envían un mensaje de agresividad. Y al final, aunque responde al problema de ingreso irregular, ponen en peligro a las personas”, afirma y menciona otro ejemplo: “en los años 90, en la Caracas, antes de que existiera TransMilenio, se instaló otra barrera anticolados. Pero esta tenia filos para disuadir, con toda hostilidad a la gente”.

Unpleasant Design

Ejemplo relacionado con TransMilenio.

Foto:

Carlos Ortega / EL TIEMPO

Recuerda, además, el caso de los filos instalados en las ventanas de los negocios del centro de Bogotá, pensados para evitar que los vendedores informales se recargaran sobre ellos.

“En Bogotá quizá no haya tanto de diseño sutil, aquí la hostilidad es contundente”, opina Silva. 

En general, ambos expertos, junto a Óscar Salamanca, Director de la Escuela de Arquitectura y Hábitat y Programas de Arquitectura y Ciudad, aseguran que el mensaje en la academia es uno frente al tema: evitar este tipo prácticas y, por el contrario, lograr desde la arquitectura y el diseño la democracia y el bienestar en las ciudades. "La reflexión que le dejamos a nuestros estudiantes es que la relación del edificio con el espacio urbano debe ser lo más amable o lo más grato. Usualmente está buscando un bienestar para la gente, está buscando que los modos de habitar para todos", advierte Salamanca.

ANA PUENTES
Redactora Bogotá
EL TIEMPO

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