Comunidades se unen para restaurar los CAI destruidos

Comunidades se unen para restaurar los CAI destruidos

En Puente Aranda, Kennedy y en Bosa, los habitantes ayudaron este martes en la reconstrucción.

CAI

José Joaquín Ríos dejó el piano y la guitarra para ayudar a resanar las paredes del CAI de Santa Matilde, en Ciudad Montes. 

Foto:

Milton Díaz. EL TIEMPO

Por: Guillermo Reinoso Rodríguez
15 de septiembre 2020 , 10:37 p. m.

Después de las dos noches de horror que vivió Bogotá y que dejaron una decena de personas fallecidas por arma de fuego y destrucción en más de 60 centros de atención inmediata (CAI), las comunidades han empezado, por su propia cuenta, a reconstruir esas estructuras. A esto se han sumado gestos de solidaridad con los policías que las ocupaban.

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Son varios los barrios donde los vecinos, líderes comunales y comerciantes se han organizado desde el jueves y viernes pasados para recoger los destrozos que quedaron de las protestas y los desmanes e iniciar las labores de reparación.

Es el caso de los habitantes de Santa Matilde, en el sector de Ciudad Montes, localidad de Puente Aranda. Allí, en diferentes jornadas, han sumado esfuerzos para lavar las paredes negras, resanar las abolladuras que quedaron tras el bombardeo de piedras y ladrillos que una turba de cerca de 400 personas les lanzó a los policías atrincherados en la construcción.

Entre los que hicieron un alto en sus actividades diarias estaba el pianista y guitarrista José Joaquín Ríos, quien ayer se recogió las mangas de la camiseta de la Selección Colombia para coger la espátula, la brocha y el rodillo. Estaba resanando una pared que luego pintaría con el color gris ratón que identifica los CAI de la ciudad.

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El de Santa Matilde fue incendiado, sus paredes quedaron negras y llenas de huecos de todos los tamaños; las ventanas con vidrios de seguridad se ven agrietadas y perforadas, el techo es una coladera, y no hay rastro del sanitario, lavamanos ni del clóset.

“Uno no puede dejar que las cosas sucedan y quedarse con las manos cruzadas. Ha sido de a poquito el tiempo que le hemos podido dedicar, pero ahí vamos”, dice José Joaquín, que cuenta con el apoyo de cerca de 30 personas, entre ellas, el presidente de la junta de acción comunal y varios amigos.

“Es importante reconocer que nuestra Policía también necesita apoyo. Ellos también ofrendan su vida e integridad por cada uno de nosotros”, advierte este bogotano de 49 años y quien anuncia para el próximo sábado en la tarde “un pequeño concierto de amor y amistad”.

El acto cultural será al lado del CAI, y él espera que sea un gesto de perdón, reconciliación e integración de la comunidad de Ciudad Montes con la policía.

“Es un gesto de apoyo, de fortaleza. No hay que olvidar que cuando se les ha necesitado, ellos han estado ahí. Yo les decía: ‘Uno tiene una caja de manzanas, y hay una podrida, pero por eso no se puede botar toda la caja. Dentro de esa caja hay otras que están bien’”, reflexiona el cantante.

CAI Verbenal

CAI Verbenal

Foto:

Ana Puentes

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También en Bosa

Otro ejemplo de solidaridad que han tenido varias comunidades en la capital del país con sus policías se ve en la localidad de Bosa, en el suroccidente. Allí, líderes y vecinos de 30 barrios se han unido para reparar 11 CAI de esa jurisdicción y que les permitían tener algo de seguridad en una zona bastante conflictiva y con presencia de grupos de delincuentes.

Con mensajes como ‘Si quieres ayudar con algo, acércate al CAI Laureles’, que están haciendo circular en redes sociales, han logrado que muchos estén poniendo su granito de arena, su trabajo, al lado de los uniformados, para limpiar lo destruido.

Uno de ellos es Mauricio Mahecha, quien dice ser trabajador independiente y en la tarde de ayer cogió una espátula para aplicar estuco en las paredes rotas del CAI del barrio El Progreso. A su lado había unas 25 personas. Mientras unas intentaban borrar los grafitis, otras recogían vidrios y, rodillo en mano, pintaban.

“El CAI quedó inservible. No quedaron puertas, ventanales, sanitario, lavamanos, línea telefónica, cámaras de seguridad ni las cosas personales de los policías, porque les tocó huir”, cuenta este bogotano de 42 años que dice que hasta un carro que había sido recuperado fue blanco de vándalos.

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El barrio quiere ver su CAI, si no nuevo, sí en condiciones habitables, porque lo necesitan seis cuadrantes. “Estamos preocupados porque en este momento ni tenemos CAI ni policías, y sí podemos tener más inseguridad”, advierte.

Los habitantes de El Progreso están trabajando en colaboración con otros barrios. Unos han puesto mano de obra y otros, herramientas, pintura, estuco, y la idea es que “si en alguno sobra algo, pues le envía a otro que esté necesitando”.

El trabajo de reparación esperan terminarlo el domingo, para cuando han programado una misa y sancocho comunitario para compartir con sus policías.

El líder social Armando Vergara dice que en Kennedy, su localidad, el comercio ha sido fundamental. “Nos han ayudado con sancochos, asados, ‘aguapanelazos’ que hemos hecho para unir más a la comunidad con la policía. Y un comerciante me regaló la pintura para los CAI de Timiza y Patio Bonito”, narra.

Pero, así como en muchos barrios de la ciudad la comunidad se ha sumado a la reconstrucción, también hay zonas donde no ha faltado quien quiere borrar esos gestos de reconciliación. Esto parece ser lo que pasó con el CAI de Oneida, en Kennedy, que luego de ser pintado de blanco lo llenaron de grafitis.

GUILLERMO REINOSO
EDITOR DE BOGOTÁ

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