¿Qué lleva a una persona a asesinar a otra por un choque de carros?

¿Qué lleva a una persona a asesinar a otra por un choque de carros?

Este jueves iniciamos una serie que busca reflexionar acerca de este tipo de conductas.

Intolerancia

Dos hombres pelean en la avenida Boyacá con calle 26, en medio de un incidente vial en el que un conductor casi choca a dos transeúntes.

Foto:

César Melgarejo

Por: Óscar Murillo Mojica / EL TIEMPO
29 de mayo 2019 , 10:52 p.m.

El soldado profesional Yesid Capera, de 31 años, se movilizaba en su carro en compañía de su familia por una calle del barrio Perdomo, de Ciudad Bolívar, la tarde del pasado jueves 23 de mayo. En un hecho fortuito, chocó con otro vehículo. Los conductores se bajaron de los carros, discutieron y, finalmente, cada uno tomó su rumbo.

Sin embargo, la ira, un sentimiento de frustración o quizá un incontenible episodio de estrés que, como explica la médico psiquiatra Daniela Cardona, “puede llevar a alguien a perder el sentido de la razón” motivó al conductor del otro vehículo a ir por un arma de fuego, buscar al soldado Capera, quitarle la vida frente a su familia y de algún modo saciar su sensación de frustración.

“No sabemos soportar reveses, asumir que perdemos, y eso es a veces un tema de crianza, cultural; y si miramos objetivamente, la vida es de dificultades, es así en el trabajo, en la vida personal, y tenemos que superar eso y aplicarlo a todo: al trancón, a lo que no nos gusta del Gobierno”, analizó Cardona.

Pero lo del militar es apenas una de tantas tragedias que ocurren en Bogotá motivadas por la intolerancia. Otro dramático hecho sucedió un día antes de ese homicidio, en el barrio San Cristóbal de Usaquén, cuando un joven de 27 años asesinó de una puñalada a su hermano de 23 porque se le puso una chaqueta.

Según expertos como Diego Sánchez Camacho, psicólogo clínico de la Fundación Universitaria Konrad Lorenz, aunque casos como los recién mencionados suelen asociarse a la intolerancia, hay otras variables que deben tenerse en cuenta a la hora de comprenderlos y tratar de prevenirlos. Algunas de esas son la ira y la agresividad.

“El agresivo en la ciudad no es un sujeto que extrañamente responde de esa manera, es un sujeto que usa como repertorio continuo la agresión en casa, trabajo, pareja y, luego, en la calle para resolver asuntos que tienen sin duda otros medios de resolución”, reflexionó Sánchez.

En ese sentido, cuando nos referimos a la intolerancia y la responsabilizamos de algún hecho violento, estamos dejando de lado lo que la origina y que es el verdadero problema.

De hecho, para Rodrigo Córdoba, jefe del departamento de Psiquiatría de la Universidad del Rosario, la intolerancia es un síntoma, una conducta que se presenta de acuerdo a la variabilidad de cada individuo.

“Es como la fiebre, como el brote del que tiene sarampión o la temperatura que se sube; el intolerante es el reflejo de una circunstancia”, opinó Córdoba, quien agregó que todos tenemos la potencialidad de ser intolerantes, pero que hay niveles, y que cuando las reacciones son recurrentes ya puede constituirse en una patología mental.

El agresivo en la ciudad no es un sujeto que extrañamente responde de esa manera, es un sujeto que usa como repertorio continuo la agresión en casa, trabajo, pareja

En ese argumento coincidió el psicólogo Diego Sánchez, al determinar que “un problema es que a veces juzgamos como intolerante a alguien que en realidad es agresivo incontrolado. A este se le debe llamar violento y juzgarlo según la gravedad de los hechos ocurridos”, complementó el experto.

En definitiva, podríamos decir que en esencia todos somos intolerantes con diversos asuntos, lo que nos diferencia es la manera en la que tramitamos el desacuerdo.

¿Una ciudad intolerante?

Entre enero y abril del 2019, en Bogotá hubo 146.208 riñas; aunque bajaron un 7,8 por ciento, sigue siendo un indicador alto e inquietante.

De acuerdo a lo explicado por Alejandro Peláez, subsecretario de acceso a la Justicia de la Secretaría de Seguridad, no se puede precisar cuántas de estas riñas están asociadas a la intolerancia y desestimó la afirmación de que Bogotá sea una ciudad intolerante, al reconocer que no hay datos que permitan asegurarlo.

“Se ha identificado que la mayoría de problemas asociados a esto es porque una de las partes está incumpliendo alguna regla, un manual, el Código de Policía, compromisos con otros; en definitiva, es porque se rompe un acuerdo social o económico”, dijo el funcionario, quien afirmó que tampoco hay elementos para determinar que exista una especie de “ola de intolerancia” afectando a la capital del país.

Lo que sí existe es un evidente problema de convivencia, a veces asociado al sexismo, el clasismo e incluso el nacionalismo, y un profundo desconocimiento de las plataformas de conciliación que ofrece la Administración Distrital.

Una de esas alternativas para facilitar el diálogo y disminuir los conflictos son las Casas de Justicia. En estos sitios, los principales inconvenientes que los ciudadanos buscan resolver son problemas personales, con un 32 por ciento; de arrendamiento, 26 por ciento; deudas, 16,9 por ciento, e inconvenientes con vecinos con un 12,7 por ciento.

Para el doctor en sociología y profesor de la Universidad del Rosario, Carlos Charry, la intolerancia como problema de ciudad es el reflejo de una sociedad con dificultades de convivencia y empatía. Además, advirtió que se han descuidado programas robustos de cultura ciudadana para contener este fenómeno.

“Antanas Mockus en su momento habló de ponerse en los zapatos del otro. Cuando eso pasa, la intolerancia pierde fuerza. Tenemos que tener un mínimo de entendimiento por el otro”, propuso el académico.

Justamente la implementación del Código de Policía surgió de la necesidad de atender los nuevos desafíos de convivencia en las principales ciudades del país. Controlar problemas vecinales como el exceso de ruido, la recolección de las heces de las mascotas, el uso inadecuado de los sistemas de transporte público, entre muchos otros comportamientos, dejaron en evidencia la gravedad de la intolerancia y la falta de convivencia.

Pese a que esta norma ha contribuido a mejorar las formas de relacionamiento entre los ciudadanos, según Carlos Charry, esta no es una solución definitiva.
“Debemos tener formas de autocontrol, mejores maneras de asumir conflictos de convivencia, y no necesitar un policía al lado todo el tiempo. Todo empieza con nosotros mismos, no podemos esperar que todas las respuestas provengan del Estado”.

El alcohol, un estimulante mortal para el intolerante

Según Jairo García, secretario de Seguridad y Convivencia de la capital del país, el consumo irresponsable de licor constituye para Bogotá un elemento que afecta no solo los índices de convivencia e intolerancia, sino que incide directamente en la seguridad y los indicadores de lesiones personales y homicidios.

En esto coincidió Rodrigo Córdoba, jefe de Psiquiatría de la Universidad del Rosario, al afirmar que el consumo de alcohol o sustancias alucinógenas estimulan negativamente las reacciones de personas violentas o intolerantes.

Por esta razón, García considera que la implementación del programa Farra en la Buena, con el que se procura crear consciencia a los bogotanos en puntos tradicionales de rumba para que celebren responsablemente, ha sido clave para reducir asesinatos y mejorar la convivencia en estos sitios.

“Hay que reconocer que hay un buen porcentaje de homicidios que no están relacionados con criminalidad. Tratamos de contener las lesiones personales que eventualmente generan homicidios enviándoles mensajes a quienes hoy están disfrutando este tipo de actividades. También, hacemos vigilancia y control porque obviamente cuando se consume licor adulterado o de mala calidad, eso genera acciones desbordadas de violencia”, manifestó García.

A partir de mañana encuentre historias de intolerancia

Con el relato de un hombre que trabaja con una grúa retirando vehículos mal parqueados de las calles de la capital del país, y que sufre todo tipo de agresiones por llevar a cabo una labor que a muchos molesta e indigna, empezamos mañana una serie de crónicas que se publicarán semanalmente y que reflejan el grado de intolerancia al que estamos llegando en la ciudad y la importancia de reflexionar sobre un problema de convivencia y autocontrol que en muchas ocasiones tiene desenlaces fatales.

ÓSCAR MURILLO MOJICA
Twitter: @oscarmurillom
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