El barco pirata que navega en un barrio del centro de Bogotá

El barco pirata que navega en un barrio del centro de Bogotá

Un grupo de jóvenes voluntarios llega cada sábado a compartir con la comunidad del barrio Ramírez.

Barco Pirata

'Los Piratas de Ramírez', así se llama el grupo de voluntarios que visita cada sábado el barrio. El barco se empezó a construir en el 2015.

Foto:

Melissa Guevara

Por: Redacción Bogotá
04 de septiembre 2018 , 03:03 p.m.

El barrio Ramírez, ubicado en los cerros orientales, más exactamente en la calle 1B con carrera 1B (localidad de Santa Fe) no tiene mar,  pero hasta allí llegó un barco pirata. 

Este sector hace parte del 65 por ciento de barrios que nacieron en la ciudad en la informalidad: “Un loteo irregular, hace unos 20 años, condujo a lo que hoy en día es este sector con más de 150 viviendas y  70 familias, casi todos recicladores”, de acuerdo con la Mesa Ambiental de Cerros Orientales, de la secretaría de Planeación.

Este origen informal del barrio inspiró a un grupo de 30 voluntarios -Los Piratas de Ramírez-  a crear un barco  y utilizar los símbolos típicos de estos navegantes para hacer pedagogía con la comunidad.

Liderados por Javier González, quien podría ser considerado como el ‘capitán’ del barco, y como si se tratara de una expedición,  suben cada sábado con botas pantaneras, bloqueador solar, ropa cómoda, ideas y actividades para compartir con la comunidad. Según cuenta Camilo Piña, uno de los voluntarios, se enamoraron del mirador, de la gente y del barrio, sin vivir allí.

Los piratas ‘encallaron’ en el 2015 y ese mismo año se inició la construcción del William Ramírez. “Un barco pirata, con el que queremos llevar otro significado de la palabra ilegalidad, a un barrio que nació como pirata”, dijo González.
Esta embarcación –que llenó de color, imaginación, juegos y creó nuevos códigos de convivencia– se construyó gracias al trabajo en equipo de colectivos como Golpe de barrio, Piratas de Ramírez y Mute –Movimiento de Unidad Territorial–.

Está hecho con madera, cuerda y llantas y tiene banderas piratas, cañón de proa y timón. Se llama William Ramírez como homenaje a un residente que donó el terreno donde se construyó. Cuenta la comunidad que William falleció en un accidente de tránsito en su moto, en otro sector de la ciudad, durante los días que se estaba haciendo la embarcación.

¿Por qué un barco?

“El terreno es de todos y de nadie, un espacio pirata, donde las negociaciones son de palabra y se respetan”, afirma González. Y así es, para la comunidad está claro que todo lo que allí se diga es verdad y se respeta, no importa quién lo diga. La intención es crear lazos entre los vecinos, y esto lo refuerzan también con el parche, la pañoleta, la bandera pirata y el barco. Estos elementos, además de tener historia y similitud con la ilegalidad (idea que se conecta a un barrio que nació en la informalidad), les atrae a los más pequeños. Por ejemplo, a través del parche pirata, y mediante actividades pedagógicas, les enseñan a los niños cómo cambia la luz cuando se lo ponen y también que puede representar un cambio de situación: Un día se pueden tener todas las comodidades y al otro no.

Un sábado en Ramírez

Un sábado de mediados de agosto, los 'Piratas de Ramírez' saludan y hablan con la comunidad, hacen una charla amena y luego sí les cuentan el cronograma del día.
El torneo de microfútbol abrió la tarde, en la cancha Las Palmas, con equipos conformados por 10 niños y niñas. Ellos mismos narraban, entre gritos y risas, el partido.

Ese día, también trabajaron en la huerta que tiene sembrada lechuga, rúcula, cilantro, papa, cebolla, rábanos, apio, cebollines y menta. Camilo Piña es el voluntario encargado de cuidar la huerta y le apunta a que sea un cultivo que les brinde a los coterráneos su propio alimento.

Profesionales de la salud atendieron a las familias. “Mi intención es contribuir con medicamentos y tratar a cuantas personas pueda”, alude la voluntaria Diana Lee.

Y a las 3 de la tarde llegó la olla comunitaria, uno de sus momentos favoritos. Familias del sector y los piratas cocinan con alimentos y mano de obra compartida. Al final, todos reciben helado de postre.

El resplandeciente ocaso invita a que los niños suban al barco y desde allí culmine la jornada sabatina con rimas urbanas de la escuela de Hip Hop. Cantan su himno, ese que ya tienen en un demo; se trata del himno de 'Los Piratas de Ramírez'.


MELISSA GUEVARA
EL TIEMPO ZONA
Correo: guelau@eltiempo.com

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