¿Qué le pasaría si se accidenta en la bici y no lleva casco?

¿Qué le pasaría si se accidenta en la bici y no lleva casco?

El casco y la inteligencia vial marcan la diferencia entre la vida y la muerte.

Accidentes en bicicleta

Según el ‘Informe especial sobre la bicicleta’, el 22 % de los ciclistas involucrados en accidentes no llevaban casco.

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Mauricio León / EL TIEMPO

Por: Ana Puentes
24 de marzo 2018 , 10:02 p.m.

Joel Álvarez tenía 16 años cuando una aerován lo levantó por los aires. Iba en la bicicleta de su hermano por el carril rápido de la calle 13 con carrera 36, estaba lloviendo y no llevaba casco. Recuerda que el vehículo lo impactó por detrás y él cayó de cabeza. El saldo: trauma craneoencefálico, fractura del seno frontal, un día en coma, una mes hospitalizado, tres cirugías en la cabeza y 20 millones en gastos médicos.

“El casco sí es efectivo. El daño cerebral puede reducirse en un 30 por ciento”, explica Ignacio González, neurocirujano.

El casco sí es efectivo. El daño cerebral puede reducirse en un 30 por ciento

Hoy, Joel tiene 33 años y es ejecutivo de cuenta. Del accidente, solo le queda un mal recuerdo. Durante su tratamiento intervinieron un neurólogo, un cirujano plástico y un otorrino: a ellos les debe no tener cicatrices significativas y una vida normal.

Según el doctor González, este tipo de accidentes pueden resultar en una concusión o trauma craneoencefálico leve y en una pérdida temporal de la memoria, en el mejor de los casos.

En cambio, un impacto más fuerte puede causar una contusión acompañada de hematomas cerebrales. “Dependiendo de la ubicación del hematoma se da una afectación específica en el cuerpo”, asegura González.

Casos como el de Joel siguen sucediendo en Bogotá. De acuerdo con cifras preliminares de la Secretaría de Movilidad, en 2017 se estima que fallecieron 60 ciclistas en accidentes de tránsito. Se redujo un 15 por ciento con respecto a 2016, con 71 muertos.

A veces, ni con casco

A Gerardo Romero lo estrelló un carro en la avenida Circunvalar con calle 88. “Gerardo era una persona psicorrígida en el sentido de usar elementos de protección”, cuenta Emiro Romero, su hermano. Pero, incluso con casco, Gerardo no sobrevivió al accidente: el auto que lo impactó iba a más de 80 kilómetros por hora.

Edwin Remolina, máster en ingeniería física e investigador del Centro de Investigación y Formación de Tránsito y Transporte (Ciftt), asegura que los cascos de bicicleta protegen al usuario de una caída o un golpe contra objetos inmóviles, pero no del impacto de un carro.

A raíz de la muerte de su hermano, Emiro creó la Fundación Gero, para promover prácticas de seguridad y protección que permitan un viaje seguro tanto a biciusuarios regulares como a ciclistas profesionales. Hace seis meses promueve una campaña en la que personas sobrevivientes a accidentes de movilidad comparten experiencias en las que el casco marcó la diferencia entre la vida y la muerte.

‘El casco salvó mi vida’

Julián Gómez, un ciclista profesional de 22 años, vio su casco romperse en dos después de un accidente en la calle 80. Quedó inconsciente y perdió la memoria durante una semana. Sufrió un síncope: “el cerebro se expandió, tratando de evitar un derrame cerebral”, cuenta el joven ciclista.

Aunque Julián se fracturó una mano, un codo y tuvo una lesión en la pierna, asegura que puede contar la historia gracias a su casco Bell: “Si no lo hubiera tenido puesto, hubiera podido romperme el cráneo fácilmente. Me salvó la vida”.

Si no lo hubiera tenido puesto, hubiera podido romperme el cráneo fácilmente. Me salvó la vida

Jorge Vásquez, publicista, está vivo de milagro gracias al casco. En octubre de 2016, él y otro compañero fueron arrastrados por un carro en una vía cerca de Medellín. El casco marca Bontrager se quemó y se raspó, y su dueño sobrevivió. Vásquez tuvo una fractura en el arco del ojo y múltiples cortadas en el rostro.

Este ciclista y coleccionista de bicicletas antiguas tuvo una incapacidad de ocho meses después del accidente y hoy, más de un año después, continúa su tratamiento. Cirujanos plásticos y un dermatólogo aún trabajan en la reconstrucción de su cara, que quedó desfigurada y quemada por el impacto.

Para Vásquez, ningún protector es demasiado costoso. “Después de todo, ¿cuánto vale su cabeza?”, pregunta. También explica que uno bueno debe cubrir toda la cabeza y de un material resistente.

El ciclista antioqueño agrega la atención psicosocial a la lista de tratamientos después de un accidente con estas características. “El evento creó traumas psicológicos. Yo tuve que acudir a especialista para recuperarme. Tenía mucho miedo”.

El evento creó traumas psicológicos. Yo tuve que acudir a especialista para recuperarme. Tenía mucho miedo

Pongámosle ciencia

Según Edwin Remolina, investigador principal del Ciftt, los accidentes de ciclistas sin casco pueden comprenderse desde tres conceptos centrales: la energía, la velocidad y la masa.

“En movimiento, un ciclista lleva energía cinética. En un accidente, al impactar contra un objeto fijo, esa energía se convierte en una lesión”, explica Remolina. Y resalta que la labor del casco es absorber esa energía para reducir los efectos del golpe.

Remolina explica que a mayor velocidad más grave es el suceso.
Para hacerse a una idea: un impacto en bicicleta avanzando a 20 kilómetros por hora es como caer a una altura de 1,6 metros. A 30 kilómetros por hora es como caer de 3,6 metros, el equivalente a un segundo piso. Y un accidente a 60 kilómetros por hora es como caer de un séptimo piso, a 14,4 metros de altura.

Y en el caso de chocar contra otro objeto en movimiento (un carro, por ejemplo), a mayor diferencia de masa entre el objeto y la bicicleta, mayor es la descarga de fuerza sobre el ciclista.

Ningún modelo está preparado para recibir más de un golpe. Después del primer incidente, el experto recomienda cambiarlo. Sin olvidar, además, los reflectores y las luces de seguridad.

Ambigüedad en las reglas

La resolución 160 de 2017 del Ministerio de Transporte indica que es obligatorio el uso del casco en menores de edad y en actividades deportivas. Sin embargo, no se ha definido su obligatoriedad en vías urbanas.

ANA PUENTES
Escuela de periodismo multimedia de EL TIEMPO
En Twitter: @Soypuentes

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