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El semáforo / Voy y vuelvo
Semáforo

El primer semáforo con conteo regresivo instalado en Bogotá está ubicado en el museo Nacional.

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Cristian León / City Noticias

El semáforo / Voy y vuelvo

Un semáforo de conteo significa el inicio de una estrategia que busca salvar vidas.

Esta semana publiqué una opinión en la que cuestionaba a aquellos que consideraban que anunciar la instalación del primer semáforo con conteo regresivo en Bogotá era una pendejada. Y con Prudencia, la mujer que ahora simboliza a estos aparatos.

De inmediato se desató la jauría, me tildaron de todo y, como suele pasar con las personas inmersas en las redes, un debate que bien pudo ser sano e ilustrativo para los ciudadanos, terminó en una verborrea que se alejaba del tema y se metía en otros asuntos.

Hubo muchos que me apoyaron, por fortuna. Confirmé, eso sí, lo que siempre he dicho: las redes democratizaron el debate, banalizaron lo importante y empoderaron lo miserable de las personas. Allí simplemente no se puede debatir.

Pero no voy a gastar tinta aludiendo a la visceralidad de los comentarios de gente que hace parte de esa cultura del odio que nos aprisiona. Bien hizo Gustavo Gómez, director de Caracol Radio, en dedicar su espacio del jueves a resaltar esto mismo: cómo la confrontación es lo que pulula en las redes y, por tanto, no caería mal una dosis de valeriana.

Pero vamos al asunto que de verdad considero importante. Si se quiere ser simplista, sí, armar una rueda de prensa para presentar un nuevo semáforo en la ciudad puede sonar a culada. Si se quiere ser simplista, sí, un semáforo al lado de la destrucción de estaciones de TransMilenio puede sonar a protagonismo burocrático. Si se quiere ser simplista, sí, un semáforo con el 3, 2, 1… puede sonar a ganas de mostrar resultados en un tema chimbo habiendo tantos otros.

De simplismos está llena nuestra patria boba. Miren los portales y espacios noticiosos y encontrarán cualquier cantidad de información que nos quieren hacer pasar por relevante, cuando no lo es. Es tal el grado de banalidad que alguien llegó a comparar el túnel de Rionegro con un semáforo en Bogotá (¿?).

Sin embargo, detrás de la imagen de un semáforo hay una historia que no se cuenta. No es el anuncio del semáforo en sí, es lo que hay detrás de ese símbolo: la seguridad de todos. ¿Que deberían existir cien para que sea noticia? Tal vez. ¿Que con un comunicado de prensa bastaba? De acuerdo. Pero esa es la forma de ver las cosas con simplismo.

Un semáforo de conteo significa el inicio de una estrategia que busca salvar vidas. Un semáforo de conteo o cien semáforos es la alerta de algo que debería preocuparnos más si viéramos las cosas con algo de contexto: que en Bogotá mueren 6,4 personas por cada 100.000 en incidentes de tránsito, que hay más muertes por este hecho que por enfermedades como el cáncer, que los jóvenes entre 20 y 35 años están perdiendo la vida en una moto, que los adultos entre 50 y 80 son los que más mueren atropellados, que peatones, ciclistas y motociclistas son un 78 por ciento más vulnerables en la vía (en el mundo son el 49 %), que cuatro de cada diez carros que se compran en el país no son seguros.

Sí, un semáforo no da para rueda de prensa, pero veamos más allá de los ‘clics’ que nos obsesionan: la inseguridad vial es hoy un problema de salud pública en Colombia. Y un semáforo, de conteo o no, hace parte de todo este engranaje.

Dejen de meterle a todo política y resentimiento, y piensen en que ninguno de nosotros tiene la vida garantizada tan pronto sale de casa. No la tenían los muertos de la tragedia en el barrio Niza. Ni los de la Autopista. Ni mi hermano, que perdió su cadera por culpa de un imprudente que se pasó una señal de tránsito.

Sí, una simple señal. Tal vez faltó señalar que el semáforo que se dio a conocer esta semana, y que molestó tanto a algunos, hace parte de toda una estrategia que, por fortuna, ha reducido en 40 el número de muertos en la calle este semestre.

Hace parte de la misma estrategia de privilegiar a los ciclistas, de ponerles reglas claras a las patinetas, de reducir la velocidad máxima a 50 km por hora, de adoptar la política de Visión Cero para cortar el ciclo de muertes de peatones y de todos los demás actores viales. Sí, a muchos les parecerá una mamera todo esto, pero si esa es la única forma de garantizar que nosotros o nuestras familias regresen a casa sanos y salvos, pues que vengan más ruedas de prensa con cada semáforo que se inaugure.

¿Es mi impresión o… los partidos que negaron el cupo de deuda en el Concejo para construir la avenida Guayacanes hoy no hallan cómo parar la obra o convencer a la gente de que fueron ellos los que la hicieron posible?

ERNESTO CORTÉS
Editor Jefe de EL TIEMPO
Twitter: @ernestocortes28

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