El fallo de la Corte: ‘¡Ay Señor, protégenos!’ / Voy y vuelvo

El fallo de la Corte: ‘¡Ay Señor, protégenos!’ / Voy y vuelvo

Sobre la decisión de la Corte Constitucional que permite el consumo de alcohol en espacio público.

Licor alcohol en la calle

El fallo de la Corte indica que ya no será objeto de prohibición el consumo de bebidas alcohólicas ni de drogas psicoactivas en el espacio público.

Foto:

Héctor Fabio Zamora / Archivo EL TIEMPO

Por: Ernesto Cortés Fierro
08 de junio 2019 , 07:42 p.m.

Señores magistrados: ostentan ustedes el encargo más importante del país. Son llamados guardianes de nuestra constitución porque garantizan que ella sea garante de derechos individuales, cómo no, pero también de los colectivos.

No se puede, por vía de derecho, dejar que unos se impongan sobre los otros. Hay que generar armonía para que la sociedad funcione correctamente. Y cabe decir que, en general, sus actuaciones han obrado en tal sentido. O lo habían hecho hasta el reciente fallo, según el cual ya no será objeto de prohibición el consumo de bebidas alcohólicas ni de drogas psicoactivas en el espacio público, esto es: la calle, el parque, la plazoleta, el puente o la fachada de una casa.

Consiguieron ustedes con esta decisión algo impensable: que fervientes enemigos que hoy colapsan nuestra vida diaria estén de acuerdo en algo: el rechazo a la decisión de ustedes. Expresidentes, exmagistrados, candidatos a la Alcaldía, Policía, periodistas, madres solteras, padres de familia, rectores de colegio y hasta las señoras que nos colaboran con el café en este periódico entraron en estado de alerta e indignación.

Creo interpretar con estas palabras a miles de familias, maestros y jóvenes que aún no se reponen de la decisión impuesta por ustedes. A diario, quienes somos padres y los que no lo son nos levantamos con la misma preocupación: rogar para que los nuestros y los demás no caigan en manos de jíbaros, expendedores de droga y maleantes mientras van por la calle o pasean en el parque.

Por cuenta del fallo, estos sitios verán afectada su seguridad. Abierto queda el camino para que el mayor temor de la ciudadanía y de los candidatos hoy en contienda se haga realidad: la proliferación, venta y consumo de sustancias tóxicas sin control. Todos los candidatos dicen, sin excepción, que esa es la principal angustia que les comentan las personas cuando visitan sus barrios.

El exdirector de Planeación Nacional Simón Gaviria, hace un par de años, llevó a cabo un estudio en el que se demostró cómo quien controla una olla del narcotráfico en una zona de la ciudad, controla toda una cadena de delitos alrededor: el hurto, el atraco, la extorsión. No es difícil imaginar que, si bien el fallo emitido por ustedes no es patente para este tipo de conductas, créanme, los narcotraficantes sí cuentan ahora con una enorme ventaja para su trabajo.

Los papás nos sentimos abandonados por la Corte con este fallo. Se echan por tierra los esfuerzos para hacer de los parques ambientes sanos y seguros para los niños. El consumo libre de alcohol y drogas en el espacio se traduce en un incremento de los niveles de violencia e intolerancia en las calles. Más del 50 % de riñas y homicidios en la calle, en 2018, tuvieron como antecedente el consumo de estas sustancias. La relación es directa, según Medicina Legal. Todas las capitales grandes del país expresaron su rechazo. La Policía anda saltando matones para enfrentar lo que se le viene encima. Si hoy les cuesta trabajo controlar la proliferación de ollas, ¿cómo será en adelante? La norma derogada por ustedes había permitido, mal que bien, bajar en un 24 % las lesiones personales y en un 7 % las riñas en Bogotá.

Este fallo se suma a otros que no permiten recuperar espacios públicos ni obligar a alguien a iniciar un tratamiento de desintoxicación por respeto a la libre personalidad. Fenómenos como el de la calle 6.ª, denunciado tantas veces por la gente, serán ahora intocables porque allí ya no se podrá actuar contra los consumidores.

El fallo de la Corte es una estocada a la convivencia y la tranquilidad en entornos en los que los ciudadanos esperaban algo de seguridad; es una invitación a abandonar el espacio público y buscar refugio en el encierro de la casa o el centro comercial. Si antes la Policía podía evitar que los jóvenes estuvieran hasta altas horas bebiendo en un andén, como en la célebre calle 85 con 15, ahora quedan expuestos a seguirlo haciendo en medio del peligro. ¿Qué hay de los esfuerzos por proteger entornos escolares para evitar que los muchachos sean tentados por consumidores?

Con el fallo ganan las minorías que preservan derechos individuales, no se discute, pero pierden las mayorías. Si viviéramos en una sociedad más tolerante, responsable, con más recursos para fortalecer programas de salud pública, acostumbrada a no matarse, a respetar el derecho del otro, aquello del libre desarrollo de la personalidad sería posible. Desafortunadamente, aún no somos esa sociedad.

Señores magistrados: ustedes pueden ignorar todo lo aquí dicho. Pueden decir que las autoridades locales tendrán que responder por los daños colaterales que se deriven del fallo y seguir creyendo que en Bogotá y otras ciudades el consumo de bebidas alcohólicas se reduce a un pícnic de vinos y jamones. Lo único que les pido es que no ignoren este comentario de las dos señoras del café de este periódico: una de ellas, al conocer la noticia, recordó cómo entró en pánico cuando un jíbaro se apostó frente a su casa, en Fátima, a consumir bazuco con otro compañero. Y no pudo salir de ella después de un buen tiempo por puro y físico miedo. Su compañera de labores, al escuchar todo esto, solo atinó a decir: ‘¡Ay Señor, protégenos…!’.
Porque la Corte no pudo.

ERNESTO CORTÉS FIERRO
Editor Jefe EL TIEMPO
erncor@eltiempo.com
En Twitter: @ernestocortes28

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