La ilusión del fin / Opinión

La ilusión del fin / Opinión

Como ya no toman la temperatura y como inició la vacunación se piensa que estamos al final.

Gente en las calles de Bogotá

Pese a las medidas y llamados de las autoridades, en Bogotá los flujos de gente en las calles han subido preocupantemente,

Foto:

Milton Díaz. EL TIEMPO

Por: Fernando Galindo | Opinión
24 de febrero 2021 , 06:15 a. m.

Con la llegada de la vacuna ya son varios los personajes y las autoridades en el mundo que se han arriesgado a dar una fecha, la fecha en que este episodio tan desolador y sombrío terminará y retomaremos nuestra vida cotidiana, con los tantos desafíos y problemas que de por sí tenía y con los nuevos problemas que seguramente tendrá. Sin embargo, quizá nuestro afán por pasar la página de este episodio nos juegue una mala pasada.

Porque queremos dejarlo atrás en el menor momento posible. Dimos por sentado que la ciencia debía cumplir sin más la proeza de una vacuna y tan pronto apareció en diversas latitudes y laboratorios, la pulsión de terminar se hizo más fuerte. Resulta comprensible. Ya se publican las esperanzadoras noticias de cómo la normalidad recobra el territorio en varias partes del mundo, donde la vacunación ha andado a pasos agigantados. Y es extraordinario.

Pero todo esto crea un espejismo, un espejismo que puede ser muy peligroso. A lo largo de los meses hemos visto cómo las medidas frente al COVID-19 presentaban varios desafíos, no sólo implementar los protocolos de bioseguridad, sino mantenerlos a lo largo del tiempo. Sostener una línea de comportamiento contraria a la costumbre ha sido la tarea más difícil: hay días en que lo logramos, pero hay semanas en que no. Y nadie ignora el costo de los tropiezos.

(Además: El show de las vacunas / Opinión)

Una de las miopías más curiosas que produce el mundo digital se da en la confusión de pensar que las noticias son, en realidad, la descripción de los acontecimientos a nuestro alrededor. Vivimos en una latitud muy específica y la prensa local nos habla de los problemas de nuestro barrio, de nuestra localidad, de la ciudad. Y este es nuestro entorno más próximo. De ahí la importancia angular de este espacio.

No obstante, contamos también con una visión más amplia, donde se habla de los triunfos y las tragedias que se viven a lo largo y ancho del globo. El problema es el siguiente: confundimos los entornos -así lo quiere nuestro deseo- y se nos olvida que las buenas noticias son allá en Israel, no aquí en Bogotá, que los grandes eventos pudieron llevarse a cabo en Australia, no en el barrio La Soledad. El espejismo nos presenta del otro lado, cuando hasta hace una semana estamos implementando la solución y, tristemente, a pasos de paloma.

Este espejismo hace que relajemos las medidas, con los efectos que ya hemos visto a lo largo de los meses. Como ya no toman la temperatura en las entradas de los restaurantes o en las librerías y como inició la vacunación se piensa que estamos al final. Por fortuna varios colegios y jardines han reiniciado sus labores. Se nota más actividad comercial. Era claro que encarábamos dos tareas, los efectos de la pandemia y los del confinamiento, cada uno con su dinámica particular.

(Lea también: Estas han sido las polémicas de las primeras jornadas de vacunación)

Nuestra añoranza para que esto finalice nos puede inducir a pensar que, en la medida en que disminuya el confinamiento, así también disminuye el riesgo. Y no es así. Resulta preciso abrir los colegios, apoyar la actividad comercial, pero no perder de vista el telón de fondo sobre el cual se están desarrollando las actividades de la ciudad.

El tercer elemento que contribuye a este espejismo es la naturaleza de la política. Se piensa que por estar en la precampaña electoral la vacuna corría el riesgo de politizarse. Me permito disentir: en la atmósfera en que vivimos la vacuna no tenía la menor oportunidad de estar a salvo. La política actúa acá como un escenario puro de depredación, como lo que ha sido en nuestro país desde hace mucho tiempo. El lector escéptico replicará, “como lo ha sido siempre”. Más allá de esta polémica, la mecánica de la política contribuirá a distorsionar más la percepción de lo que en realidad está ocurriendo, de lo que se necesita hacer. La clase política tiene sus intereses absolutamente claros y no perderá esta oportunidad. Hoy más que nunca la sociedad civil necesita discernimiento para saber dónde estamos y qué está en riesgo. El fin parece cerca, pero en nuestro entorno tal cercanía, tristemente, es una ilusión.

Fernando Galindo G.
En Instagram: @fernandogalindoblog
fernandogalindo.co

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