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Un taxista y su perro recorren Bogotá llevando esperanza en Navidad
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Un taxista y su perro recorren Bogotá llevando un mensaje de esperanza en navidad
Un taxista y su perro recorren Bogotá llevando un mensaje de esperanza en navidad

EL TIEMPO

Un taxista y su perro recorren Bogotá llevando esperanza en Navidad

Nicolás Walteros y su perro 'Coronel', vestido de Papá Noel, recorren las calles de la capital.

Ángela pide un servicio de taxi por medio de una aplicación móvil. El vehículo llega a la esquina de su casa. Ella ingresa, lleva un tapabocas negro y en la mano izquierda dos bolsos. Con la mirada distraída, emprende el diálogo de rutina con el conductor: un buenos días cordial y las indicaciones hacia dónde se dirige. Parece un viaje común.

Sin embargo, en cuestión de segundos, se percata de que no es así. En la silla del copiloto hay un tripulante más. No es uno cualquiera. Ángela lo detalla: va sentado en silencio sobre un cojín blanco, con la mirada seria hacia la ventana y disfrazado de Papá Noel. No es humano; tiene mucho pelo, la nariz negra, muy húmeda, y cuatro patas cortas. Es un perro, un perro con atuendo navideño.

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La escena parece sacada de un cuento o de una película de Navidad, pero ocurre, en realidad, en las calles de Bogotá. “Se llama Coronel y su especialidad es levantarte la autoestima desde tu punto de partida hasta tu punto de llegada”, le dice Nicolás Walteros, el conductor del taxi, a Ángela, quien está maravillada por la presencia del perro.

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Nicolás Walteros tiene 52 años. Vive con su madre en la localidad de Suba, en Bogotá. Durante su vida ha tenido diversos trabajos. Primero, fue mensajero en una empresa de inyectología; luego, auxiliar de mecánico industrial, y desde hace 15 años es taxista.

Su rutina arranca muy temprano, en la madrugada. Se levanta de la cama, se baña y se viste. Su madre le prepara una bebida caliente, quizás un chocolate o un café con leche, y se lo sirve con algo de comer. Nicolás desayuna, a veces de pie y con cierta premura. Hacia las 4:00 a.m., besa a su madre en la frente y sale de su casa, abrigado, a trabajar en las calles y avenidas de la capital. Pero nunca va solo. Su copiloto de planta es un perro mediano, su mascota. Su nombre es Coronel. “Es un amigo que Dios me dio”, dice, en entrevista con este diario.

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Coronel llegó a la vida de Nicolás luego de que un vecino suyo lo encontró abandonado hace varios años en el Portal de TransMilenio de Suba. Así se conocieron. Un día, recuerda, un hombre del sector sacó a pasear a su perro, un pitbull, y lo soltó. El animal, furioso, se abalanzó contra Coronel y lo lastimó. Nicolás, conmovido, se acercó, y le susurró mientras este gemía de dolor: “Hermano, véngase a vivir conmigo y yo le doy todo lo que usted quiera”. Desde entonces, la vida de ambos cambió.

Hoy viajan en el taxi de Nicolás llevando un mensaje de esperanza en Navidad, en un año marcado por una pandemia sin precedentes. El vehículo desborda del espíritu propio de estas fechas: un bigote y una barba blanca adornan el parachoques de un extremo a otro, en el techo hay un enorme gorro navideño y los bordes de las ventanas están delineadas con una guirnalda.

Sin embargo, el atractivo principal es Coronel, que va disfrazado de Papá Noel, con el traje y el gorro verde y de bordes blancos, una barba postiza larga y frondosa y unos lentes redondos.

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“Queremos mostrar esa virtud, que con esta atención podemos llegar a mejorar el estado de ánimo de cualquier persona que se suba al carro”, comenta Nicolás, mientras Coronel asoma la cabeza por la ventana.

La idea de disfrazar a su copiloto surgió hace tres años. Nicolás quería estar a tono con la temporada de fin de año, así que decidió vestir a Coronel como Papá Noel. Su elección fue verde con blanco para homenajear a la Policía Nacional, institución a la que, dice, respeta profundamente. La llamativa vestimenta recibió decenas de elogios y, desde entonces, se convirtió en su tradición.

Queremos mostrar esa virtud, que con esta atención podemos llegar a mejorar el estado de ánimo de cualquier persona que se suba al carro

“Nos conmueve mostrar que la Navidad no es solo regalos, ropa y artículos, sino también un tema del corazón, sobre todo en este año tan difícil para muchas personas, con pandemia, desempleo y tantas muertes y disturbios”.

Pero esta no es la única vestimenta de Coronel. El resto del año, cuando la ciudad no se atiborra de árboles con luces de colores, recorre las calles con un atuendo hecho a la medida y fiel a su nombre: el de oficial de policía. “Policía canina”, se lee en el brazalete que lleva en su pata izquierda. Y es que, en el CAI de Fontanar, en Suba, cerca a su vivienda, se le considera un integrante más de esas filas, el guardián y amigo de los uniformados.

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Nicolás le habla a Coronel como si fuera otra persona. Cada tanto, mientras se movilizan, le da indicaciones. “Esté pendiente del costado derecho”, “Ojos al frente”. Salen juntos a las calles a diario, sin falta, desde la madrugada hasta la noche, cuando regresan a casa. “Acá lo tengo al lado mío. Está durmiendo. Este man (Coronel) no se me despega ni para ir al baño”, dice, mientras atiende vía telefónica la entrevista con este diario.

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Durante la jornada, el perro hace al menos dos veces sus necesidades. La primera, explica Nicolás, antes de salir de casa. La segunda hacia las 11:00 a.m., minutos antes de que ambos se detengan a almorzar e hidratarse. “Prácticamente, comemos en el mismo plato”.

En palabras de su dueño, Coronel es un gran copiloto. El perro tiene sobre su silla un cojín blanco y grueso. En él se sienta, a veces en posición de alerta, otras veces para contemplar el paisaje y en algunas ocasiones para dormir un poco. Eso sí, permanece atento a las indicaciones.

A la fecha, no han enfrentado ningún problema con algún pasajero o una autoridad vial. De hecho, quienes viajan en este taxi suelen conmoverse. No se resisten a la idea de al menos fotografiar al perro disfrazado de Papá Noel. “Pensé que era un muñeco”, les dijo una vez una mujer, quien al finalizar su trayecto no pudo evitar pedir una selfie.

Y según Nicolás, así ocurre con cada pasajero. Para él, es emocionante ayudar de esa forma a la gente: “Usted llega estresado, con problemas en su casa o con el trabajo, se le hizo tarde… cualquier cosa, pero ve al perro, nuestro buen trato, y eso le cambia el día, porque lo hacemos con amor”.

Este hombre, quien se considera defensor de los perros, alguna vez rescató del dolor a Coronel, su fiel copiloto. Hoy, ambos van por las calles de Bogotá tratando de ayudar a otros en una Navidad que, sin duda, no será igual a las demás.

Para conocer más sobre Coronel, siga su cuenta en Instagram: @azul1012

WILLIAM MORENO HERNÁNDEZ
Periodista de ELTIEMPO.COM
En Twitter: @williammoher

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