Mujeres víctimas del conflicto renacen con un restaurante

Mujeres víctimas del conflicto renacen con un restaurante

Con el apoyo de entidades estatales, emprendedoras inauguraron un negocio de comidas típicas.

Inauguración Restaurante Atavico

Atavico está ubicado en la transversal 29 n.º 37-28, en el barrio La Soledad. Su nombre hace referencia a la comida ancestral.

Foto:

Abel Cárdenas / EL TIEMPO

Por: Yuliana Narváez - Especial para EL TIEMPO
29 de marzo 2019 , 09:49 p.m.

Con bambucos y música llanera de fondo, un grupo de mujeres integrantes de la Asociación de Mujeres Campesinas, Negras e Indígenas de Colombia (Anmucic) inauguraron el jueves, en el tradicional barrio La Soledad de Bogotá, el restaurante Atavico, cuyo nombre hace referencia a la comida ancestral.

En la capital hay 30 integrantes llegadas de diferentes regiones y que desde hace tres años han soñado con tener un espacio en Bogotá que les permita dos cosas: identificarse como mujeres rurales, de diferentes etnias, y que el lugar fuera el recuerdo más vivo de la tierra que cada una de ellas fue obligada a dejar por causa del conflicto armado.

Entonces ¿qué mejor manera de evocar sus raíces que por medio de platos propios de sus territorios? Cada olor y cada ingrediente serían el transporte al pasado, a los dolores pero también a las alegrías guardadas en sus memorias.
La primera idea que se les ocurrió fue la creación de un restaurante, que además pudiera ser sede de reuniones de las 200 mujeres pertenecientes a la asociación a nivel nacional.

Con ese propósito, María Tránsito Nieves, representante de Anmucic, recalcó la importancia del proyecto. “Como mujeres campesinas, como víctimas del conflicto armado, hoy queremos emprender. Por nuestros hijos y por las que están llegando ahora producto de la violencia”.

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Además de sus dotes en la cocina, estas mujeres tienen 30 años de experiencia en la lucha por el respeto de los derechos humanos.

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Abel Cárdenas / EL TIEMPO

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Se prepararon por varios meses en gastronomía y servicio al cliente. 

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Abel Cárdenas/EL TIEMPO

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Degustaciones entregadas en la inauguración del restaurante Atavico.

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Abel Cárdenas/EL TIEMPO

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Con platos típicos quieren llegar a los corazones de sus comensales. 

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Abel Cárdenas/EL TIEMPO

Después de muchos meses de trabajo, estas mujeres abrieron por primera vez la puerta de su negocio, fruto de la organización y la preparación que recibieron para brindar un servicio de calidad. Además, fue resultado de “los procesos que realizaron como reparación, con apoyo de la Alta Consejería para las Víctimas del Distrito, la Unidad para la Atención y Reparación Integral para las víctimas y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo”.Les falta unificar la carta pero, por lo pronto, planean incluir platos como en sancocho valluno o la bandeja paisa.

La apertura del negocio

Las anfitrionas llevaban puestos distintos atuendos. Tres de ellas recibían a los invitados vestidas de campesinas, con falda y blusa típica, alpargatas, sombrero y trencitas de hilo. Otro grupo lucía el uniforme pertinente para las labores de la cocina y en el fondo del lugar se podían observar ocho personas con trajes de colores, preparándose para danzar en torno al festejo.

Pasadas las 10 de la mañana comenzaron la programación. El himno nacional y el de Bogotá unieron a todos los asistentes en una sola voz, dejando claro a los vecinos del barrio que venían a quedarse por un largo tiempo. Aunque la mayoría de ellas supera los 40 años y han pasado por momentos difíciles durante el conflicto, tienen muy claro que la vida no se ha acabado y que los cimientos del restaurante que ahora tienen darán frutos tarde que temprano.

Luego de un brindis, que sería el augurio de grandes éxitos, vino la apertura oficial: el corte del listón. En ese momento exacto se evidenció el vínculo y el trabajo conjunto; todas recortaron un poquito de la cinta que simboliza que, más que una empresa, son una familia.

Como mujeres campesinas, como víctimas del conflicto armado, hoy queremos emprender. Por nuestros hijos y por las que están llegando ahora producto de la violencia

La esencia permanece

Aunque a veces sea complejo narrar la historia de una cicatriz que no se borrará, intentan hacerlo, no con detalles que atormentan sino con batallas ganadas por sus seres queridos o por sus iguales.

Piensan que a pesar del dolor y lo que la guerra les arrancó, “hay valores que no se nos olvidan, como el respeto, el amor, el perdón, la empatía y la ayuda mutua. Somos un grupo de mujeres que siempre trabajamos en equipo”, afirmó Heidy Flores, integrante de Anmucic. Hay otras cosas que no se les olvidan: sus idiomas. Noris Barlizo, indígena wayú, es un ejemplo de ello: “lastimosamente se ha perdido mucho”, señaló, y aunque hace 17 años se mudó a Bogotá, todavía habla wayuunaiki, su lengua materna.

Labradoras de paz

Además de este proyecto, estas mujeres tienen 30 años de experiencia en política y legislación, y “han aportado de manera significativa a la formulación de leyes de protección y tenencia de la tierra, el acceso a derechos, la erradicación de las violencias y propuestas para el acuerdo de paz”. El legado que les quieren dejar a sus hijos y a la sociedad es el ejemplo y la resistencia. Consideran que en Colombia se necesita respetar los derechos y hay que darle “más vida a la paz por medio del diálogo, de la comprensión y de la verdad”, explicó Tránsito Nieves. Saben muy bien que a pesar de los años, su lucha como mujeres continúa.

YULIANA NARVÁEZ
Redacción Bogotá
EL TIEMPO

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