¿Y ahora quién velará por los 20 perros y los 3 gatos de Anita?

¿Y ahora quién velará por los 20 perros y los 3 gatos de Anita?

Murió a los 98 años y su única preocupación era que sus canes se quedaran sin amor.

Los perros de Anita buscan quien los adopte tras su partida

Luz Fanny Escobar Hernández (hija), Pablo Cáceres (nieto) y María Teresa Rivera (vecina) quieren ayudar a dar en adopción a los perritos y sufren la partida de Anita.

Foto:

Carol Malaver

Por: Bogotá
13 de septiembre 2019 , 07:25 p.m.

Cuando Ana Gloria Hernández Barrera era una niña, su padre le ordenaba llevar a las crías de los perros callejeros a ahogarlos en la orilla del río. Ella los cargaba en sus pequeños brazos, los conducía hasta el lugar pero, al final, conmovida por sus tiernas miradas, terminaba por liberarlos.

Los cachorros volvían a la finca, y en ese momento su padre terminaba por cobrarle a regaños su desobediencia y mandando a uno de sus hermanos a culminar la tarea. Eso la torturaba. El amor por los animales fue innato.

Luz Fanny Escobar Hernández, recorriendo la casa de Guatavita en donde su madre vivió los últimos días de su vida, nos contó la historia de Anita, la mujer que se quitaba el pan de la boca para alimentar a todo ser viviente.

Nació en Iza (Boyacá), pero desde muy niña vivió en Bogotá. “Su vida fue difícil. Mi mamá quedó huérfana muy chiquita, pues mi abuela Rosa murió cuando tenía 20 años”.

Anita creció en medio de una tropa de niños que nacieron de los matrimonios posteriores de su padre hasta que se cansó y terminó migrando a la capital gracias a la ayuda de sus hermanos. En su adultez se casó y tuvo tres hijos, a quienes les dedicó con amor su juventud. “Pero mis padres se separaron cuando éramos muy niños. Ese fue un golpe durísimo para la familia. Mi padre se llevó a mi hermano, y nosotras, sus dos hijas, quedamos bajo su cuidado”.

Los perros de Anita buscan quien los adopte tras su partida

Ana Gloria Hernández Barrera no podía ver un perro abandonado en la calle. Siempre terminaba por rescatarlo.

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Archivo particular

Anita las sostenía gracias a su trabajo como modista. De día y de noche ese fue su oficio. Cultivó clientes fieles durante años. “Ella era perfeccionista. Hacía cortes, diseñaba, cortaba. Cosía hasta altas horas de la noche en la casa. Era corajuda, audaz para sacarnos adelante, quería vernos en buenos colegios”.

Ya cuando sus hijos tenían la edad suficiente para defenderse, ella pudo dedicarse a lo que siempre le había gustado: servirles a los demás y en especial, a los animales. “Siempre recordamos a mi mamá como alguien muy solidario. Le preocupaban mucho los menores”.

De hecho, era de las que recogían a niños de la calle. Cuando se ganaba su confianza, los trataba de ingresar a las escuelas de la zona y a otros los llevó con el padre Javier de Nicoló para que se rehabilitaran.

La sensibilidad de Anita era superior. Solía hablarles a las plantas y en su casa siempre hubo patos, perros y gatos. Todo ese pasado de amor por la naturaleza hizo que, saliendo de la etapa de crianza, terminara vinculada a la Asociación Defensora de Animales (ADA) y a cuanta fundación que ayudara se encontraba.

Procuraba participar en todas las marchas, así sus hijas no estuvieran siempre de acuerdo. “Es que nos parecía una labor difícil para ella porque veíamos a muchas señoras dejadas que le dedicaban la vida a eso, pero mi mamá siempre fue muy pinchada”, contó Luz Fanny.

El voz a voz la hizo famosa como defensora de animales, tanto que no paraban de llamarla para que recogiera al gato abandonado o al perro atropellado. “En una época vivíamos juntas en un apartamento muy pequeño en Bogotá. Un día llegué y me encontré con seis perros en la sala. Ella no era capaz de abandonar a ninguno, pero nos pusieron problema en el conjunto”.

Por eso su familia tuvo que idear la forma de que viviera fuera de la ciudad en una casa en la que tuviera más espacio. Primero vivió en Gachancipá, luego en Suesca y terminó en una casa en Guatavita. En todas no tardaba en ganar fama y llegarle a su casa cuanto perro abandonado la gente encontraba, sobre todo, en su última morada, en donde se sintió a gusto desde el primer momento.

Los perros de Anita buscan quien los adopte tras su partida

Anita auxiliaba a caballos, gallinas y cuanto animal necesitara de su ayuda.

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Archivo particular

Allá llegó con 80 años a cuestas pero más vital que nunca. Era un roble. Paseaba por el pueblo con una fila de canes que la seguían diciéndole a la gente por qué había que amarlos y cuidarlos, explicándoles que eran seres sintientes que merecían atención.

“Un día, en el pueblo se murió una señora. Sus animales terminaron al cuidado de un hijo que no les ponía atención. “Los perritos se estaban muriendo de hambre y ella solita ‘echaba dedo’ para que la llevaran hasta esa casa para llevarles comida a los perros, los caballos y las gallinas de esa finca”.

Con el tiempo, tuvo que aprovisionar su casa con perreras para albergar a algunos cachorros, pero ella siempre terminaba dejando libres a los de su círculo de confianza que terminaban durmiendo en su casa.

Los perritos se estaban muriendo de hambre y ella solita ‘echaba dedo’ para que la llevaran hasta esa casa para llevarles comida a los perros, los caballos y las gallinas de esa finca

Sus días eran agotadores porque mucha gente le dejaba crías tiradas en la puerta de su casa o perritos moribundos, que cuidaba hasta librarlos de la enfermedad. Pero no era fácil porque no era una mujer pensionada, solo vivía de las ayudas de sus hijos y de algunos donantes extranjeros que se fueron diluyendo con el tiempo. “Ella lloraba cada vez que veía a un animalito maltratado. Se le partía el alma”, dijo Luz.

A veces dejaba de pagar sus servicios públicos con tal de aprovisionar a su familia canina de lo necesario, preparaba olladas de sopa para alimentarlos y tenía tiempo para consentir a cada uno. Pronto Anita estaba viviendo con un promedio de 20 perros y tres gatos.

Los perros de Anita buscan quien los adopte tras su partida

Esta es la casa en Guatavita en donde Anita vivió con sus perros durante años.

Foto:

Carol Malaver

Y además de cuidarlos solía salir con su nieto a darles de comer salchichón a los gozques de la calle. “Recuerdo mucho cuando íbamos a las fincas. Ella llegaba y llamaba a las gallinas y estas llegaban todas al tiempo. Luego gritaba: ¡caballo!, ¡caballo! y como en una película llegaban corriendo a saludarla hasta la cerca. Era increíble, los animales le entendían”, contó su nieto Pablo Cáceres.

Cuando viajaba a Bogotá no tenía problema en darles de comer a las palomas, y si los ciudadanos le ponían problema, ella con su temple no se dejaba interrumpir. “Las palomas eran animalitos angelicales para ella. La conocían y llegaban de la nada cuando ella arribaba al lugar. Volaban encima de ella, la rodeaban. Uno de esos lugares era Pablo VI”, contó su hija.

De hecho, su familia tenía sus pequeños reparos en acompañarla porque no le importaba capotear a quien la criticara. “Ella era una mujer sin miedo. Sus convicciones eran claras. Decía que los animales eran seres de luz que no tenían palabras para pedir ayuda”, recordó Luz Fanny, quien aún no se repone de su partida, de recordar esos días en los que todos los perros se sentaban alrededor de su cama para darle los buenos días.

Ella llegaba y llamaba a las gallinas y todas llegaban. Luego gritaba: ¡caballo!, ¡caballo! y como en una película llegaban corriendo a saludarla hasta la cerca. Los animales le entendían

La noche en la que Anita murió, hace tan solo un mes, luego de sufrir una caída y una fractura de cadera que no pudo soportar, todos los animales de su pequeña casita aullaron desde las 10 hasta las 12 de la noche. No la volvieron a ver. Aun la buscan detrás de una puerta o hablándole a una flor. Permanecen alerta como si en cualquier momento fuera a entrar.

Son seres llenos de amor, ese que les dio Anita en vida. “Ella era incansable, trabajadora, no le importaba si los perros eran bonitos o feos. Lo daba todo por ellos”, contó María Teresa Rivera, su vecina y quien hoy, ante su ausencia, les da una mano a los animalitos.

Hoy, los veinte perros y los tres gatos permanecen en la casa de Guatavita en la que fueron tan felices, pero su familia ya no puede hacerse cargo de ellos, no porque no respeten el legado de la abuela, sino porque cada uno tiene sus obligaciones. Necesitan de buenas personas que los adopten y que los amen igual que lo hizo Anita durante toda su vida. “Nuestro sueño es encontrarle una familia a cada perrito. Ellos están esterilizados y muy sanitos”, dijo Pablo.

Anita dejó un bello recuerdo en cada una de las personas que la conoció, en sus hijos su entrega como madre, el veterinario que la ayudaba cuando, bromeando, no olvida cuando lo asustó con un perro al que le tenía miedo, sus vecinos como la mujer que dejaba de comer para alimentarlos. El pueblo la recordará paseando de palmo a palmo las calles, perseguida de los seres, para ella, más puros.

Estos son los perritos y gaticos que buscan un hogar 
Estos son los perritos de Anita que ahora están en adopción.

Estos son los perritos de Anita que ahora están en adopción.

Foto:

Carol Malaver

Estos son los perritos de Anita que ahora están en adopción.

Estos son los perritos de Anita que ahora están en adopción.

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Carol Malaver

Estos son los perritos de Anita que ahora están en adopción.

Estos son los perritos de Anita que ahora están en adopción.

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Carol Malaver

Estos son los perritos de Anita que ahora están en adopción.

Estos son los perritos de Anita que ahora están en adopción.

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Estos son los perritos de Anita que ahora están en adopción.

Estos son los perritos de Anita que ahora están en adopción.

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Carol Malaver

Estos son los perritos de Anita que ahora están en adopción.

Estos son los perritos de Anita que ahora están en adopción.

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Carol Malaver

Estos son los perritos de Anita que ahora están en adopción.

Estos son los perritos de Anita que ahora están en adopción.

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Cualquier persona interesada en adoptar a estos perritos puede mandar su solicitud al correo:  hogarvilladelosangelesanita@gmail.com ó llamar a los teléfonos 3152922388 ó 3105698766. 

CAROL MALAVER
SUBEDITORA SECCIÓN BOGOTÁ DE  EL TIEMPO
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