‘Me tocó dejar el duelo de lado para investigar quién mató a mi hija’

‘Me tocó dejar el duelo de lado para investigar quién mató a mi hija’

Ana María Castro murió de un golpe en la cabeza después de salir de un bar. Familia pide justicia.

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‘Me tocó dejar el duelo de lado para investigar quién mató a mi hija’Ana María Castro murió de un golpe en la cabeza después de salir de un bar.
‘Me tocó dejar el duelo de lado para investigar quién mató a mi hija’

Carol Malaver

Por: Bogotá
12 de marzo 2020 , 04:56 p.m.

El miércoles 4 de marzo, Ana María Castro, de 21 años, almorzó en su casa. Se arregló, se maquilló y le dijo a su madre que ese día se iba a encontrar con su amigo *Pedro. No era la primera vez que la familia escuchaba ese nombre y hasta se imaginaron que podría ser un pretendiente.

Solía ser celosa para contar detalles de su vida personal y no le gustaba que le hicieran preguntas de más. “Mi hija era rumbera. Yo, cada vez que podía, me las arreglaba para cogerle teléfonos. Usted entiende, uno como mamá se preocupa. Mi lucha era para que ella no saliera tanto, uno sabe en qué ciudad vive”, contó su madre, Nidia Romero.

La joven le decía a su mamá que no se preocupara tanto, que ella era consciente de que al día siguiente tenía que ir a estudiar. “Ella estaba haciendo un curso de maquillaje profesional”, agregó.

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Salió de su casa pasadas las 4 de la tarde y a las 8:56 de la noche, otra vez, su madre le escribió: "Ana, y ¿tú qué?". Y ella otra vez le contestó: "Mami, no te preocupes que yo voy a ir a estudiar". “Yo le di cantaleta. Le dije que uno no rinde igual cuando está trasnochado, y luego de eso no supe nada más”.

Esa noche, Nidia quedó intranquila, a tal punto que alcanzó a hacerle casi 50 llamadas: terminaba una y empezaba otra. “Al otro día salí a la calle a conseguirle comida a mi perrita, vi una iglesia y entré. Lloré, sentía tristeza, sabía que a mi hija le había pasado algo”.

Ana María Castro murió de un golpe en la cabeza después de salir de un bar. Familia pide justicia.

Ana María Castro estudió para ser auxiliar de enfermería y también maquillaje.

Foto:

archivo particular

El celular de la joven sonó prendido hasta las 9:30 de la mañana del jueves 5 de marzo. Las amigas de Ana María no decían nada, hasta que a las 12:30 una de ellas, *Pilar, contacta a Nidia. Le dice que su hija había sufrido un accidente.

Como puede, la madre desesperada busca un contacto en la Policía y mientras lo hacía vuelven y le escriben: “Está en el hospital Simón Bolívar”. Pilar le decía que todo se lo estaba contando un joven de nombre Mario que estuvo con ella esa noche.

Entonces, su yerno la conduce en moto hasta el hospital Simón Bolívar, allá llegaron pasado el mediodía. Ella cruza la puerta, busca al encargado, da el nombre y la cédula de su hija y no aparecen registros. Una doctora pasa, ve a Nidia y le dice que ese día estaban atendiendo un NN.

Al otro día salí a la calle a conseguirle comida a mi perrita, vi una iglesia y entré. Lloré, sentía tristeza, sabía que a mi hija le había pasado algo

Entonces, la mandaron a hablar con un enfermero jefe. Este le dice que le dé más señas, como que si tenía tatuajes. Ella, la madre, le dice que sí, que en su cuello tenía uno que decía fortaleza y otro con el nombre de su padre. “Coincide”, le confirma el hombre.

Le contó que la joven había sido remitida del hospital de Engativá a eso de las 4:22 de la mañana y que había llegado a las 5. “Me dijeron que tenía un trauma craneoencefálico severo y que la habían trasladado para que la viera un neurocirujano. Lastimosamente su cerebro estaba muy inflamado y la hemorragia era terrible. En ese momento me dijeron que ella tenía muerte cerebral”.

Me dijeron que tenía un trauma craneoencefálico severo y que la habían trasladado para que la viera un neurocirujano. Me dijeron que ella tenía muerte cerebral

Nidia entró en shock. “Comencé a gritar como loca. Luego me contaron que la niña había sufrido un paro cardiorrespiratorio, que sus pulmones habían colapsado y que murió a las 11:56 de aquella mañana. Yo, simplemente, enloquecí”.

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Y así, con su vida hecha pedazos, le dijeron que tenía que reconocer a su hija. La tenían envuelta en una bolsa. “Quiero contarles cómo llegó de su fiesta con ‘amigos’. Tenía un golpe terrible en la cabeza y su ojito negro, mi hija estaba muerta. Tengo lagunas, fue un momento de mucho estrés. Luego me dijeron que aunque no era usual, una fiscal iba a llegar al hospital”.

¿Qué había pasado con Ana María Castro? La primera vez que Nidia tuvo una versión de los hechos fue cuando habló con Mario por teléfono. “Me dijo que me hablaba desde el celular de su novia y que todo el accidente había pasado en la avenida calle 80 con carrera 69K, sentido oriente-occidente, y que él había llamado a su novia para que lo recogiera”. Incluso que tenía la ubicación telefónica.

Pero el joven no parecía tener claro lo que sucedió. “Primero explicó que él iba detrás del carro en donde se movilizaba mi hija, que era un Kia Sportage negro, y que había visto cuando la botaban del carro. Luego dijo que ya había recordado que él también estaba dentro del vehículo con Ana María, que presenció una discusión, que los habían bajado y que, al arrancar violentamente el vehículo, la joven había quedado prendida de la puerta y que eso habría generado el golpe”. También le dijo que él se le botaba a los carros para que la ayudaran y que estaba borracho.

Nidia también conoció la versión de la patrullera que vio a la joven recién todo ocurrió. Tardó tres minutos en llegar al lugar de los hechos. “Vio a mi hija tirada en el piso, en la vía, pero cerca del andén, que sangraba por la nariz y por los oídos. Que sus ojos se iban para atrás. Que sus piernas estaban dobladas y que notó la delgadez de su cuerpo”.

La patrullera dice que un supuesto testigo asegura haber escuchado un fuerte frenón y que luego vio cómo tiraron a una joven desde un carro. “Lo que yo no me explico es por qué no, desde ese mismo momento, buscaron el vehículo, lo inspeccionaron, lo inmovilizaron y llamaron a las tres personas que iban con mi hija allí”, se cuestiona Nidia.

La policía también dice que le preguntó cosas a Mario, pero que él al comienzo decía que no la conocía hasta que la insistencia lo hizo admitir que sabía su nombre. Otra cosa pide la familia, y es que se encuentren el bolso y el iPhone de la víctima. “Nada de eso me lo entregaron. Me dieron una bolsa roja con su chaleco ensangrentado y luego me la quitaron. Eso hace parte de la cadena de custodia”.

Cuando llegó la ambulancia, Ana María todavía tenía signos vitales. A ella se la llevaron al hospital y a Mario, al CAI de Las Ferias. Se sabe que hasta allá llegó el padre del joven, enfurecido, y que su novia fue con quien finalmente se fue.

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Hay muchas piezas por reconstruir en este caso. Nidia dice que se sabe que los jóvenes que estaban en el lugar de los hechos, es decir, en el mismo vehículo con Ana María Castro, eran Pedro (fotógrafo), Mario (universitario) y Juan, y que ellos también habían estado departiendo con su hija en un bar ubicado en la calle 116.

Por una compañera de la joven, que estaba en ese mismo lugar, Nidia dice que se enteró de que aunque ella se ofreció para llevarla a su casa, Ana María fue convencida por Mario de subirse a la camioneta de Pedro. “Esa niña me dijo que ella también presintió algo y que le dijo al muchacho que si le llegaba a pasar algo, lo hacía responsable a él”.

Esa niña me dijo que ella también presintió algo y que le dijo al muchacho que si le llegaba a pasar algo, lo hacía responsable a él

Hoy, esta familia pide acelerar la investigación antes de que las pruebas se diluyan. Que aparezca el celular de la joven, que se entreviste a los involucrados, que se rastreen todas las cámaras. “Me ha tocado dejar mi duelo a un lado para investigar, porque me he dado cuenta de que las autoridades no se mueven con rapidez frente a cosas obvias. No quiero juzgar a nadie sin pruebas, pero sí quiero saber la verdad y que haya justicia”.

Hoy, esa es la realidad de esta familia. Un mes antes, el panorama era diferente. Ana María era una joven llena de proyectos. Estudió para ser auxiliar de enfermería, había hecho un primer semestre de psicología y también ingresó a estudiar maquillaje profesional. “Queríamos que se fuera a estudiar a Estados Unidos, pero esos planes murieron en medio de una fiesta”.

Lo único que le preocupaba a la familia de la personalidad de Ana María era su gusto por la fiesta y su facilidad para hacer amigos. “Yo le decía que uno no se podía confiar de todo el mundo en esta ciudad. No puedo creer que ella se haya subido a un carro con tres hombres tomados. Yo siento que a mi hija la mataron”, contó Nidia.

* EL TIEMPO se abstiene de poner el nombre real de los implicados en el caso mientras avanza la investigación.

CAROL MALAVER
Subeditora de la sección Bogotá
carmal@eltiempo.com 

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