La indígena que convenció a la alcaldía de firmar un histórico acuerdo

La indígena que convenció a la alcaldía de firmar un histórico acuerdo

Ángela Chiguasuque es la gobernadora del cabildo de Bosa, una comunidad que lucha por su territorio.

Gobernadora Muisca

La gobernadora ha estado al frente de la comunidad hace dos años. Pero hace diez, con sus compañeros, da la lucha por el territorio.

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Ana Puentes

Por: Ana Puentes
01 de agosto 2019 , 08:45 p.m.

Ángela Chiguasuque camina por el jarillón que bordea el río Bogotá en Bosa San Bernardino y mira hacia el suroccidente: allí quedará la Ciudadela Muisca Iguaque, un territorio por el que luchó con sus hermanos muiscas por más de 10 años.

Ella es la gobernadora del Cabildo Muisca de Bosa, una comunidad de 1.001 familias y  3.789 personas, y logró sentar al alcalde Enrique Peñalosa y a sus secretarías para negociar la modificación del plan parcial El Edén-El Descanso y, así, recuperar los territorios que les habían arrebatado tierreros e ilegales y que estaban en riesgo por un plan parcial que urbanizaría la zona. 

“Históricamente, los muiscas siempre hemos estado aquí. Fue la ciudad la que llegó a nosotros”, relata la gobernadora, mientras avanza entre el barrio y habla de lo que, por años, ha sido una aspiración de su pueblo: un territorio propio para mantener sus tradiciones. Dice que es lo mínimo que pueden esperar pues, desde 1999, fueron reconocidos por el Estado como pertenecientes al pueblo muisca contemporáneo con una identidad indígena.

Por eso, desde 2009, tenían detenido el plan parcial con la solicitud de una consulta previa. Pero tuvieron que pasar por tres administraciones y un fallo del Consejo de Estado antes de lograr un acuerdo.

En mayo de este año, la gobernadora Chiguasuque, su vicegobernador, Ricardo Neuta, el alcalde Peñalosa, y 17 secretarías firmaron más de 40 acuerdos que prometen bastante: la entrega de 3,17 hectáreas para la construcción de la ciudadela y una compensación integral. Pero no fue fácil. Según la gobernadora, “al comienzo, no querían nada. Pero asesores insistieron en que peléaramos por lo nuestro. Pedimos 12 hectáreas, nos dieron 3,17”.

En el fallo del Consejo de Estado a favor del cabildo muisca, que se expidió en 2016, quedaron consignados los alegatos del Distrito para no aceptar la tutela. Sobre la Secretaría de Planeación, dice el fallo: “En una primera instancia, determinó que no era cierto que los planes parciales expedidos por la administración amenacen el territorio y la identidad cultural de la comunidad muisca de Bosa”.

La Secretaría de Gobierno también dijo que la tutela no procedía, porque el Distrito había cumplido con la norma y no había vulnerado el derecho a la consulta previa. Pero el juez determinó que la consulta no había resultado y se había afectado a la comunidad.

De ahí se agarraron los indígenas para sacar adelante el proceso y convencer a la actual alcaldía de que había que dialogar. Mónica y Sandra Cobos y Henry, Reynel y Héctor Neuta son otros de los nombres detrás de un logro histórico en el país: una comunidad indígena que gana una consulta previa en zona urbana y recibe de manos del Distrito un territorio para ellos.

Históricamente, los muiscas siempre hemos estado aquí. Fue la ciudad la que llegó a nosotros

El día de la firma, , Peñalosa reconoció la labor de la comunidad, con quienes dialogaron en cerca de 100 mesas técnicas. “Hemos logrado el acuerdo de la primera consulta previa de un Plan Parcial de Desarrollo Urbano en Colombia. La comunidad Muisca de Bosa participó en su elaboración, lo que lo hace mucho mejor. Ellos van a obtener unos terrenos importantes donde tendrán viviendas y para ello van a construirse conservando sus raíces”, afirmó el alcalde.

Hoy, la gobernadora recorre, con ilusión, los terrenos de sus ancestros y espera que la ciudadela sea una realidad en unos cinco años. “Fueron 10 años de cansancio, de tristeza por perder cosas. Acá se sembraba, se enseñaba. Pero los asentamientos ilegales avanzaban cada vez más. Aquí estuvieron nuestros resguardos alguna vez, pero con el tiempo empezaron a disolverse: los mayores han sufrido mucho. Por eso queremos que sobre estos espacios podamos revivir las costumbres”, menciona.

Ella misma ha sido testigo de los cambios: tiene 34 años y recuerda cómo esta sector era antes una enorme vereda, donde sus padres araban y cultivaban plantas ornamentales y medicinales. De repente, empezaron a llegar los invasores y nuevos vecinos, la tierra se secó, el barrio se hizo polvoriento y la comunidad comenzó a fragmentarse. Algunos indígenas se dispersaron por esta y otras localidades. En últimas, la ciudadela es una oportunidad de mantenerse unidos. 

Aquí estuvieron nuestros resguardos alguna vez, pero con el tiempo empezaron a disolverse: los mayores han sufrido mucho. Por eso queremos que sobre estos espacios podamos revivir las costumbres

A su lado camina Ricardo Neuta, vicegobernador e ingeniero civil. Él sabe de memoria los planos, medidas y diseños del proyecto. “La ciudadela tendrá cuatro manzanas de vivienda para 550 familias. Hay una zona de equipamiento para la Casa del Sol y la Luna, donde habrá huerta y una casa de la medicina”, dice Neuta, mientras enumera otros elementos del proyecto. Por ejemplo, este será un territorio colectivo y que quedará a nombre del cabildo, las calles estarán dispuestas para seguir el calendario lunar, las viviendas serán lo suficientemente amplias como par recibir a varias generaciones de una familia, habrá un Qusmuy (casa sagrada circular hecha en materiales vegetales) y terrazas para la agricultura urbana.

Y el distrito, en últimas, también gana: el plan parcial se destraba. En su momento, el Secretario de Planeación, Andrés Ortiz, dijo: “Fue un acuerdo trabajado por más de dos años, donde se vieron todos los factores que implicaban las demandas de la comunidad dentro de una ciudad desarrollada y construida. Con este acuerdo que hoy se hace realidad, se podrán legalizar ocho barrios con todos los beneficios que implica esto para la localidad, además permitirá grandes avances para la comunidad Muisca y, por qué no, para el país”. Así, se desarrollarán más de "64.000 metros cuadrados de espacio público nuevo, 120.000 metros cuadrados de malla vial y la finalización de la Alameda El Porvenir".

El camino para llegar a este punto ha sido largo.

Tierra en disputa

En 2004, por el POT, el Distrito había declarado el suelo rural de Bosa San Bernardino y Bosa San José como zona de expansión. Dos años después, por el decreto 521 de 2006, se definió que allí se levantaría el Plan Parcial El Edén-El Descanso. Sin embargo, se hizo sin consulta previa a la comunidad de la zona. Por eso, en 2007, el cabildo solicitó al Distrito hacer una consulta para que se llegara a un acuerdo.

La administración de Samuel Moreno revisó los términos e inició el proceso que se detuvo en 2011. Tal fue el desespero de la comunidad que, en 2015, interpuso una tutela. El 4 de agosto de 2016, el Consejo de Estado les dio la razón y ordenó, en segunda instancia, que el Distrito realizara la consulta y se detuviera el plan parcial.

Entonces, con fallo en mano, la gobernadora Chiguasuque y su gente se sentaron a negociar. “En mayo firmamos. Ahora corresponde a la próxima alcaldía que esto se sostenga: es de obligatorio cumplimiento. Pero ya hay cosas que nos preocupan”, apunta la gobernadora y se detiene.

Señala, al fondo del barrio, un grupo de casas ilegales que ya invade el terreno que les entregó la alcaldía. “Ellos no quieren salir. Hace poco, vino la administración con la Policía. La gente los sacó”, lamenta y habla en voz baja por en medio de un barrio que invade de nuevo sus tierras.

Ciudadela

A la izquierda, se ven algunas de las casas que comienzan a invadir el territorio indígena.

Foto:

Ana Puentes

Por ahora, la gobernadora está al tanto del cumplimiento de los acuerdos. En ellos se habla de fortalecer sus prácticas culturales, de apoyar su comercio, de implementar un modelo de salud desde la medicina tradicional. Incluso, en los acuerdos, se dice que se adelantarán gestiones para entregarles un predio de 150 hectáreas en la ruralidad, para que realicen sus prácticas ancestrales y ambientales.

“Esperamos que se cumpla”, sentencian la gobernadora y el vicegobernador mientras avanzan entre calles destapadas, algunos barrios ilegales y vías llenas de buses por donde hace cientos de años también caminaron sus antepasados.

ANA PUENTES
BOGOTÁ

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