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‘Michel Roberto Correa quería devorarse cada día de su vida’
Michel Roberto Correa

Los residentes del sector dicen que vieron al empresarios deambular por este parque antes de escuchar el disparo,

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‘Michel Roberto Correa quería devorarse cada día de su vida’

Sus amigos dicen que era un profesional y un ser humano excepcional. Piden investigar qué le pasó.

Todos coinciden en lo mismo: “Michel Roberto Correa era un ser humano excepcional”. Eso piensan las personas de su círculo más cercano, las mismas que hoy no entienden que haya partido inesperadamente, con 44 años de edad y una familia amorosa.

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Este empresario había sido reportado como desaparecido desde el día lunes 22 de febrero a la 1:30 de la tarde. Lo último que se sabía era que había salido de su casa hacia el centro comercial Andino que le quedaba muy cerca.

Lo encontraron al día siguiente tendido en la acera del parque Las Porristas de la localidad de Kennedy, ubicado en la transversal 77 No. 7A10. Murió producto de una herida con arma de fuego, la misma que, se presume, apareció junto a su cuerpo.

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Correa era ingeniero de la Universidad de Los Andes y de hecho había comentado que iniciaba un seminario de energía que iba a dictar, también lideraba y desarrollaba estrategias para que las compañías incrementaran sus ventas y tenía una banca de inversión. Sus contactos eran envidiables y los había forjado uno a uno gracias a su profesionalismo y capacidades personales. Ningún negocio le quedaba pequeño.

Pero además era un padre de familia entregado a su esposa y a sus tres hijos en etapa escolar a quien consentía de forma amorosa y a quienes les procuraba todo para cumplirles sus sueños. Michel era quien sustentaba la mayor parte de los gastos del hogar.

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Germán Uribe Valencia era uno de sus amigos. “Nosotros éramos socios de la junta directiva de las Casa Museo Enrique Grau y compartíamos negocios en común. Pero además era una persona con unos sentimiento inigualables, un tipo agradable en todo sentido, yo creo que era una persona súper dotada”.

Correa también trabajaba en un proyecto en Abrego Norte de Santander para sacar de los cultivos ilícitos a niños y que muchas menores de edad dejaran de ser prostituidas. “Era una persona con un corazón amplísimo. Acompañábamos al padre Rito en un programa de reinserción, ayudábamos a unos 120 menores de edad”, contó Uribe quien dice que lo vio muchas veces comprar comida para regalársela a personas de la calle. “Podía ir caminando y de un momento a otro compraba una empanada y se la daba a una persona. De ese porte era Michel”.

Podía ir caminando y de un momento a otro compraba una empanada y se la daba a una persona. De ese porte era Michel

Sus amigos nunca percibieron ningún episodio de depresión porque además era un hombre ocupado y lleno de proyectos. “Él no le incumplía una cita a nadie, tenía su agenda demasiado organizada. Era además un tipo correcto, si uno le prestaba 1.000 pesos al otro día estaba pagándolos”.

Según Uribe, su empeño estaba centrado en sacar adelante a la Casa Museo Enrique Grau pues hacía parte de la junta directiva. Este patrimonio cultural pasa por un momento difícil tras la llegada de la pandemia y la ausencia de recursos del Gobierno Nacional y Distrital que antes recibían. “Michel se había apersonado de algunas obligaciones. Estaba comprometido con la causa”, dijo Uribe.

Él era un hombre de una inteligencia de mar amplio y profundo, ese es el mejor homenaje que le puedo hacer a mi amigo

Nunca habló de amenazas, nunca habló de peleas, nunca habló de deudas, nunca habló de problemas de salud, nunca habló de armas, de hecho, les tenía miedo, eso dicen sus amigos. “No creo que haya sido un suicidio, su círculo de negocios era el norte de Bogotá, estaba trabajando desde su casa, apareció en un sector que él no solía visitar”.

Monika Hartmann, directora de la Casa Museo Enrique Grau desde hace 14 años, también quedó conmocionada con la noticia. “Lo conocí hace cuatro años cuando ingresó a hacer parte de la junta directiva. Era un empresario honorable y un ser humano excepcional, solidario, generoso, siempre pendiente de las necesidades de los demás, siempre te contestaba el teléfono. Es una perdida terrible”. Michel soñaba con sacar adelante la casa museo y solo ansiaba el paso de la pandemia para volver a la normalidad y reactivar las actividades.

Era un empresario honorable y un ser humano excepcional, solidario, generoso, siempre pendiente de las necesidades de los demás. Es una perdida terrible

Ella también se resiste a pensar en la posibilidad de que Michel tomara la decisión de partir. “Él tenía mil planes, teníamos una reunión, me había dicho que quería llevar a sus niños a Disney o a Santa Marta, se proyectaba. No puedo creer que alguien le haga daño a un ser humano tan especial. Una persona que toma esa decisión no deambula un día entero y termina en un barrio apartado”.

Quienes los conocieron han recibido llamadas de todo el mundo, no solo de amigos del empresario sino de profesionales que lo admiraban. “Es que tú le hablabas de cualquier tema y él sabía, era una biblioteca. Se levantaba a leer todos los días a las 4 de la mañana y por la noche, a las 8:30, ya estaba acostado”, contó Hartmann.

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Y es que la inteligencia de Michel era distinguida en su círculo de amigos. Álvaro Pachón, lo conoció hacer cuatro años y aunque no coincidían en muchos temas dice que era un amigo incondicional. “Usted podía tener con él unas tertulias enriquecedoras sobre muchos temas. Era generoso y amable. Nos enfrentamos a mil situaciones para sacar adelante a la casa museo Enrique Grau de la crisis en la que se encuentra. Era un hombre que inspiraba confianza con una actitud muy positiva frente a la vida”.

Pachón tampoco cree en la tesis de que él hubiera decidido partir. “Él se levantaba cada mañana con el ánimo de devorarse la vida cada minuto. No creo que Michel tuviera depresión, nunca aparentó ser una persona con este problema. Era un hombre extremadamente optimista y tenía como columna vertebral de su vida a su esposa y a sus tres hijos, ese no es el prototipo de alguien que quiera morir”.

Pachón dice que su amigo no cree que semejante situación se haya desencadenado además en 24 horas. “Si yo vivo en El Retiro para qué me voy a ir a un barrio que no conozco a tomar esa decisión. Esa no es una conducto lógica pero el hecho es que ya no está y eso es lamentable, lo demás lo definirán las autoridades”.

Él se levantaba cada mañana con el ánimo de devorarse la vida cada minuto. No creo que Michel tuviera depresión, nunca aparentó tener este problema

Pachón dice que Michel tenía un currículo impresionante. “¿Usted cree que un hombre con esa hoja de vida podría estar en una situación tan grave? Me cuesta trabajo creer eso”.

Al igual que sus otros amigos, Pachón habla del empresario como un hombre que se destacaba. “Él era un hombre de una inteligencia de mar amplio y profundo, ese es el mejor homenaje que le puedo hacer a mi amigo”.

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CAROL MALAVER
SUBEDITORA BOGOTÁ
Escríbanos a carmal@eltiempo.com

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